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8ª SEMANA- CRISS CROSS (FLEXIONES ENTRECRUZADAS)

DEFINICIÓN:Último ejercicio de la serie estomacal. Pone en acción músculos profundos del abdomen, centrales y oblicuos. Además trabaja la coordinación y la estabilidad de columna.

EJECUCIÓN:La posición inicial para este ejercicio sería tumbado bocarriba, las manos sujetan el peso de la cabeza y las caderas y rodillas permanecen flexionadas a noventa grados manteniendo la zona lumbar siempre en contacto con la colchoneta.

El ejercicio consiste en ir haciendo rotaciones de tronco a un lado, pasando por el centro y rotando al otro lado (no acercar el codo a la rodilla, son las rodillas las que se acercan a los codos) coordinándolo con la flexión y extensión de las piernas. La secuencia es sencilla: hacia el lado que roto el tronco flexiono la rodilla del mismo lado mientras la contraria se extiende.

RECUERDA!:
-Mantén el abdomen apretado durante el ejercicio para no perder la estabilidad del tronco y trabajar de forma más eficaz tu musculatura abdominal. Vigila siempre la posición de la cabeza y cuello en posición corregida.
-Los codos deben permanecer estirados. Al girar te apoyas en el omóplato del mismo lado y se levanta el del lado contrario y viceversa.
– No extiendes la pierna más allá lo que te permita tu zona lumbar, ésta no debe despegarse del suelo.

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La Rodilla del Corredor

La rodilla es una articulación muy compleja que sufre mucho con cualquier deporte de impacto como ocurre en el running. Hay que fijarse que, por un lado, ha de ser muy móvil para poder desplazarnos y por el otro, tiene que ser muy estable para poder mantenernos en pie, como una columna.

¿Y cómo es posible que en una misma articulación se sumen conceptos tan opuestos como movilidad y estabilidad? Esto es posible gracias a su complejidad biomecánica y a las numerosas estructuras tanto pasivas como activas que la forman. Sin embargo, esta peculiaridad también hace que sea una articulación muy vulnerable.

Lesiones de rodilla hay muchas, siendo muy numerosas aquellas que son consecuencia de un traumatismo tanto directo como indirecto debido a caídas, golpes, etc…, no obstante, vamos a centrarnos en aquellas patologías que no son consecuencia de un traumatismo agudo, sino en aquellas lesiones que van apareciendo paulatinamente por llevar a cabo gestos y movimientos repetitivos durante un período largo de tiempo.

Condropatía rotuliana: definición.

La condropatía rotuliana puede definirse como la lesión del cartílago articular que tapiza la cara posterior de la rótula. Podemos hablar de un proceso degenerativo del cartílago, que es considerado como normal en el envejecimiento, y que en determinadas circunstancias aparece a edades más tempranas en función de patologías que afectan a la rodilla o por el exceso de presión de la rótula sobre el fémur de forma repetitiva, como ocurre en el running. La condropatía rotuliana es común en los deportes en los que existe un fuerte impacto de los miembros inferiores sobre el suelo y es muy frecuente en los atletas que practican carreras de larga distancia.

Mecanismo de lesión. Problemas de alineación.

En condiciones normales la rótula se desliza sobre el fémur durante los movimientos de flexión y extensión a través de un “carril” que éste presenta y que se conoce como tróclea femoral, que al igual que la cara posterior de la rótula está tapizado por cartílago articular. De esta forma, durante la extensión, la rótula asciende hasta situarse por encima de los cóndilos femorales, y a medida que la rodilla se va flexionando la rótula desciende a través de la tróclea femoral aumentado el contacto de las superficies articulares.

Una vez entendido esto es fácil suponer que una buena alineación de la rótula en toda la fase del movimiento es fundamental para que la biomecánica sea correcta; sin embargo, existen múltiples casos en los que esto no es así y pasaríamos a hablar del “síndrome de mala alineación patelar”, que es muy común en muchos corredores y que en la mayoría de los casos está asociado a una hiperpronación del pie.

Sintomatología.

El síntoma más importante y característico es el dolor en la región anterior de la rodilla, relacionado con la actividad deportiva, y que empeora según se incrementa el ritmo y/o la intensidad de dicha actividad. A partir de aquí los síntomas pueden aparecer en nuestra vida diaria y suelen aumentar muy a menudo en ciertos gestos como al subir y bajar escaleras.

A veces pueden aparecer crepitación y crujidos, y en el caso de haber sufrido previamente una luxación o subluxación de la rótula, puede aparecer también inestabilidad rotuliana.

Para poder entender la posterior evolución de la lesión debemos entender en primer lugar qué es lo que duele y por qué. El cartílago articular no tiene terminaciones nerviosas, de manera que no se puede sentir dolor propio del cartílago, y tampoco llegan a él vasos sanguíneos, con lo que se nutre exclusivamente del líquido sinovial de la articulación.

Entonces, ¿de dónde viene el dolor? Lo que ocurre es que el cartílago se va degenerando, va perdiendo consistencia, se cuartea y empieza a no ser eficaz en su función de amortiguación de los impactos, de manera que el hueso subcondral (parte de hueso que tapiza dicho cartílago y que está inmediatamente por debajo de éste) comienza a recibir una mayor carga en cada impacto. El dolor aparece porque el hueso subcondral sí está inervado y, consecuentemente, está sufriendo mayor carga de lo habitual.

Tratamiento.

Como en todas las lesiones la evolución varía en función de múltiples factores tanto internos como externos. Si el problema aparece como consecuencia de alguna patología pasada o por alguna alteración de la estática o de la dinámica del miembro inferior, habrá que corregir éstas (hiperpronación del pié, síndrome de mala alineación patelar, luxaciones o subluxaciones recidivantes de rótula, etc.). Tampoco deberíamos olvidar que en muchas ocasiones el uso de unas zapatillas inadecuadas puede provocar cambios en los apoyos y en las cargas que pueden reproducir el problema.

Sin embargo, vamos a centrarnos en aquellos casos en los que, sin existir patología previa ni ninguna otra alteración, comienzan a manifestarse los síntomas.

La primera medida a tomar es el reposo deportivo relacionado con cualquier actividad que implique contacto contra el suelo. El hueso subcondral está sufriendo a cada impacto, así que debemos disminuirlo todo lo posible.

Desde el punto de vista fisioterápico, en esta primera fase no se puede hacer gran cosa, salvo intentar disminuir el derrame articular y el edema si lo hubiera, utilizando las diferentes técnicas de electroterapia de las que se dispone, crioterapia y masaje evacuatorio si fuera preciso. Existe una complicación muy común en estos casos de la que hablaremos en próximos artículos y que sí puede tratarse durante esta fase: tendinitis del tendón rotuliano.

Con el reposo deportivo y las medidas indicadas ayudamos a nuestro cuerpo a reaccionar frente al problema. Como el hueso subcondral está sufriendo una mayor sobrecarga nuestro cerebro “ordena” aumentar la actividad osteoblástica y se produce un refuerzo en la zona afectada para protegerlo (esclerosis ósea). Esto consigue que el dolor disminuya e incluso que desaparezca, pero la lesión del cartílago perdurará en el tiempo.

Desde el punto de vista médico se suelen utilizar tratamientos farmacológicos con sustancias presentes en el líquido sinovial de la articulación para ayudar a reforzar la nutrición del cartílago (ácido hialurónico, mucopolisacáridos, etc.), lo que puede frenar de alguna manera el proceso degenerativo. Pero lo que se ha destruido no se recupera, ya que el cartílago no tiene poder regenerativo al no estar vascularizado. A veces incluso se intenta aumentar la densidad del líquido sinovial para espesarlo ligeramente y ayudar a amortiguar más las cargas.

En una fase más subaguda, y siempre y cuando no exista derrame articular, la fisioterapia puede ayudarnos mediante ejercicios que tonifiquen el cuádriceps. Con esto se conseguirá estabilizar el movimiento de la rótula sobre el fémur reduciendo el exceso de presión, aunque siempre debe ser supervisado por un fisioterapeuta ya que hay ejercicios que pueden ser perjudiciales.

Para los casos más crónicos y graves o para deportistas de élite, el tratamiento quirúrgico es una opción: microperforaciones, autoinjertos de cartílago, cultivos de condrocitos, etc. Es una manera de poner freno a la lesión pero no es una garantía para volver a la práctica del running.

Conclusión.

Este tipo de lesiones son un desgaste estructural producido por el exceso de presión de las superficies articulares y la única manera de frenarlo es poner fin a la actividad que lo ha producido, al menos en un principio.

Aunque es cierto que en muchos casos (los más leves) el reposo durante un tiempo puede hacer desaparecer el dolor, eso no significa que el problema haya desaparecido. Lo que ocurre es que nuestro cuerpo intenta protegerse, pero no es definitivo: es muy posible que si volvemos a entrenar con intensidad o con tiradas muy largas el problema vuelva con el tiempo.

En el mejor de los casos, una vez desaparecidos los síntomas, puede que podamos seguir practicando el running pero sin abusar de la duración, la frecuencia y la intensidad de los entrenos. No obstante lo más recomendable es visitar a tu fisioterapeuta para hacer una valoración personalizada del caso, ya que cada persona se puede comportar de diferente manera ante el mismo problema.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta
Col. nº 2.973

foto: rodillacorredor.es

TRABAJAR EL MÚSCULO TRANSVERSO ABDOMINAL PARA PREVENIR LESIONES

Para que nuestro entrenamiento físico sea completo y casi independientemente del deporte que practiquemos, ya seamos corredores, tenistas, nadadores… el fortalecimiento abdominal debe ser una tarea a incluir para lograr un cuerpo funcional, equilibrado y con ello prevenir las lesiones que nos obligan muchas veces al “parón deportivo”. Pero, ¿sabemos fortalecer correctamente nuestra musculatura abdominal?

Los músculos que componen la pared anterior del abdomen son el transverso del abdomen, recto anterior y los oblicuos interno y externo.En esta primera toma de contacto, quiero dedicarlo al músculo transverso del abdomen, ese gran desconocido.El músculo transverso abdominal es el más profundo de los músculos anchos del abdomen, se encuentra situado en la parte anterior y lateral del mismo y sus fibras son transversales. Contribuye a la micción, defecación, vómitos, tos, parto, espiración forzada… pero también tiene un componente importante como estabilizador de la columna lumbar a través de sus uniones sobre todo a nivel fascial (envolturas de tejido conjuntivo que envuelven, aíslan y a la vez relacionan a nuestros músculos unos con otros).

Ahora bien, ¿cómo lo activamos? Sobre todo es un trabajo de concentración. Para ello vamos a realizar una contracción isométrica (estática) del músculo transverso abdominal que estabiliza la región lumbar al disminuir la lordosis lumbar (curva natural de la zona baja de nuestra columna). Pongamos un ejemplo: nos situamos tumbados boca arriba en una colchoneta, cabeza en posición de reposo apoyada en una almohada o toalla, caderas y rodillas flexionadas con las plantas de los pies en contacto con la colchoneta y las manos situadas en la región abdominal sobre la zona del ombligo. Cogeremos aire por la nariz (inspiración relajada, no profunda) y espiramos por la boca a la vez que contraemos el abdomen con el objetivo de llevar nuestro ombligo hacia arriba (en dirección a nuestra cabeza) y hacia atrás (a la espalda).

Para incluir el trabajo del transverso del abdomen en nuestra rutina de entrenamiento abdominal os animo a que probéis a realizar esta contracción isométrica previa a la contracción de los rectos abdominales en la flexión de tronco, conocido en Pilates como chest lift. Seguimos con el ejemplo anterior (tumbados boca arriba, caderas y rodillas flexionadas con plantas de pies apoyados y añadiremos cabeza sujeta con manos): cogemos aire por la nariz, espiramos a la vez que contraemos abdomen (“metemos ombligo hacia arriba y hacia la espalda”) y aún soplando flexionamos tronco adelante; inspiramos al descender hasta apoyar de nuevo la espalda en la colchoneta.

Esta es una de las ideas esenciales del Método Pilates cuyo mentor puso especial atención al fortalecimiento de la musculatura abdominal para mantener el equilibrio corporal y dar estabilidad y firmeza a la columna vertebral.

LAURA RUIZ ESPEJO

Fisioterapeuta Fisiosalud+

 

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