Tendinitis rotuliana

Tendinitis rotuliana o rodilla de saltador: descubre sus síntomas, causas y tratamiento en Madrid y Valencia

La tendinitis rotuliana es una lesión producida por la inflamación del tendón rotuliano y que normalmente se produce por un exceso de uso o sobreesfuerzo.

En este post veremos los síntomas de esta lesión más común de lo que podríamos pensar, las posibles causas de esta y su adecuado tratamiento.

Síntomas de la Tendinitis Rotuliana

La tendinitis rotuliana es una de las lesiones que con mayor frecuencia se da entre deportistas. Se caracteriza por presentar cierta rigidez en la rodilla y dificultades para estirar la pierna, agacharse, saltar, etc.

Otra de las características de esta lesión, es un dolor en la parte posterior de la rótula y el cuadricep, dolor al flexionar la rodilla junto una sensación de sensibilidad y en ocasiones pérdida del equilibrio que a su vez genera inflamación en zona inferior de la rodilla.

Causas de la Tendinitis Rotuliana

Una de las causas más frecuentes en este tipo de lesión se debe a los microtraumatismos repetitivos que se producen al saltar repetidamente y correr en superficies duras, entre otros. Es por ello, que siempre se recomiendo realizar este tipo de ejercicios con el calzado adecuado para así poder amortiguar el impacto del cuerpo.

Tratamiento de la Tendinitis Rotuliana de baja gravedad

Una vez generada, para tratar este tipo de lesión, se puede recurrir bien sea fisioterapeuta como a un traumatólogo. Cabe mencionar, que las tendinitis rotuliana se puede clasificar según su gravedad, estableciendo una escala de 1 al 5 en relación al dolor. Por lo tanto, en 1 el dolor se manifestaría después de una actividad física intensa, mientras que en el 5 impediría la práctica deportiva.

Si se trata de una lesión leve o moderada, el tratamiento se basa en:

  • Reducir la actividad física, evitando saltos y carreras especialmente.
  • Aplicar hielo local sobre la rotula durante 10 minutos varias veces al día para aliviar el dolor y a su vez reducir la inflamación.
  • Mantener rodilla en alto cuando aparezca el dolor.
  • Tomar antiinflamatorios
  • Uso de una venda de tipo elástica que se debe colocar justo por debajo de la rótula.
  • Recibir terapia rehabilitadora de un fisioterapeuta o rehabilitador profesional que fortalezca el área y evite nuevas lesiones. Se puede utilizar gimnasia pasiva, movimientos controlados, masajes y estimulación mediante un TENS (estimulador eléctrica transcutánea).
  • Seguir un programa de rehabilitación con ejercicios suaves los cuales ayudarán progresivamente a fortalecer la rodilla y los músculos que aguantan el peso, como son el cuádriceps y la pantorrilla.

La recuperación puede llevar de 3 a 5 semanas.

 

En casos de que la lesión sea de gran gravedad:

Se puede requerir de una intervención quirúrgica, que puede tener distintos objetivos: realizar cortes pequeños en los laterales del tendón para así poder aliviar la presión en la zona central, extraer el tejido inflamado de la parte que se encuentra dañada del tendón.

En estas ocasiones, la recuperación de la lesión es muy lenta y puede llevar  varios meses, requiriendo un programa de rehabilitación específico.

¿Cómo prevenirlo?

Para prevenir este tipo de lesiones es necesario utilizar un calzado deportivo apropiado a la hora de practicar actividad física como hemos mencionado anteriormente y a su vez realizar un calentamiento apropiado previamente y un estiramiento de los músculos posteriormente en los que se incluya estiramientos tanto del cuádriceps como de la corva y pantorrilla.

Ejercicios que ayudarán a prevenir lesiones de rodilla (En especial si eres deportista)

Cuando se practica un deporte, bien sea de alto o bajo impacto, se corre el riesgo de lesionarse. Es por eso que futbolistas y otros atletas, en sus rutinas de entrenamiento realizan ejercicios para prevenir lesiones de rodilla.

A continuación presentamos algunos ejercicios fáciles y rápidos para fortalecer las rodillas, ideales para quienes quieren evitar lesiones, entre ellas la de la Tendinitis rotuliana al correr o saltar

 

Levantamiento lateral de piernas

En este sencillo ejercicio solo debes acostarte de lado en el suelo, con las piernas juntas y rectas, apoyando la cabeza sobre uno de los brazos. Luego debes alzar una pierna sin flexionar hasta la altura de los hombros, lentamente y baja la pierna a continuación.

Realiza una serie de 15 movimientos y luego cambia de lado. Este ejercicio fortalece los glúteos y mejora la estabilidad de la rodilla y la pelvis. Para aumentar la efectividad, puedes usar una banda elástica alrededor de los tobillos.

Puente con pelota de fitness

Este ejercicio es ideal para fortalecer los glúteos y la espalda baja. Debes colocarte boca arriba, con los gemelos (la parte trasera de tus pantorrillas) sobre la pelota. Apóyate en los brazos y eleva las caderas hasta formar una línea recta de tobillos a hombros y sostén la posición durante 30 a 60 segundos. Este ejercicio te servirá para evitar lesiones al correr.

Steps

Solo necesitas un escalón o una superficie de gimnasio que se eleve del suelo. Deberás ponerte de pie al frente y subir un pie hasta que tu talón quede al filo del escalón, el otro pie debe permanecer en el aire y la fuerza debe estar concentrada en la parte del pie apoyada sobre el escalón, luego bajas hasta que el talón se ponga a tope con la superficie o el escalón. Realiza 10 ejercicios con cada pierna.

Presión contra la pared

Párate junto a la pared apoyando tu lado izquierdo sobre ella, luego dobla la rodilla izquierda a 90 grados y realiza contacto sobre la pared. Mantén el equilibrio y empuja tu rodilla contra la pared pero sin presionar el hombro. Debes sostener la posición durante 30 segundos y hacer 3 series en cada lado. Este ejercicio permite la activación y el endurecimiento del glúteo medio y le da resistencia a la rodilla doblada.

Saltos laterales

Debes tomar un step de gimnasio y ponerlo justo a un lado tuyo, luego debes saltar con los dos pies al tiempo, sobrepasando el step y repetir el movimiento de un lado al otro. Es muy importante que salto sea suave y que se aterrice con los pies al tiempo. Mantén los codos flexionados y la espalda recta Repítelo de 10 a 20 veces.

Estos son sencillos ejercicios para prevenir lesiones de rodilla como la Tendinitis rotuliana que te ayudarán si los realizas con regularidad, así que buena suerte con el plan de ejercicios.

Otras lesiones por sobreuso en corredores

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Bursitis de hombro con tendinitis

Tratamiento para Bursitis de hombro con tendinitis Supraespinoso y/o Subescapular

Además de reposo relativo va bien aplicar hielo hasta tres veces al día con una duración de 10 a 15 min.
Si se convierte en un proceso crónico y estable, se debe realizar tratamiento de Fisioterapia, la Electrolisis Percutanea para la tendinitis ayuda a regenerar el tendón, en lugar de aplicar demasiadas infiltraciones que podría ser a largo plazo perjudiciales.

 

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La Rodilla del Corredor

La rodilla es una articulación muy compleja que sufre mucho con cualquier deporte de impacto como ocurre en el running. Hay que fijarse que, por un lado, ha de ser muy móvil para poder desplazarnos y por el otro, tiene que ser muy estable para poder mantenernos en pie, como una columna.

¿Y cómo es posible que en una misma articulación se sumen conceptos tan opuestos como movilidad y estabilidad? Esto es posible gracias a su complejidad biomecánica y a las numerosas estructuras tanto pasivas como activas que la forman. Sin embargo, esta peculiaridad también hace que sea una articulación muy vulnerable.

Lesiones de rodilla hay muchas, siendo muy numerosas aquellas que son consecuencia de un traumatismo tanto directo como indirecto debido a caídas, golpes, etc…, no obstante, vamos a centrarnos en aquellas patologías que no son consecuencia de un traumatismo agudo, sino en aquellas lesiones que van apareciendo paulatinamente por llevar a cabo gestos y movimientos repetitivos durante un período largo de tiempo.

Condropatía rotuliana: definición.

La condropatía rotuliana puede definirse como la lesión del cartílago articular que tapiza la cara posterior de la rótula. Podemos hablar de un proceso degenerativo del cartílago, que es considerado como normal en el envejecimiento, y que en determinadas circunstancias aparece a edades más tempranas en función de patologías que afectan a la rodilla o por el exceso de presión de la rótula sobre el fémur de forma repetitiva, como ocurre en el running. La condropatía rotuliana es común en los deportes en los que existe un fuerte impacto de los miembros inferiores sobre el suelo y es muy frecuente en los atletas que practican carreras de larga distancia.

Mecanismo de lesión. Problemas de alineación.

En condiciones normales la rótula se desliza sobre el fémur durante los movimientos de flexión y extensión a través de un “carril” que éste presenta y que se conoce como tróclea femoral, que al igual que la cara posterior de la rótula está tapizado por cartílago articular. De esta forma, durante la extensión, la rótula asciende hasta situarse por encima de los cóndilos femorales, y a medida que la rodilla se va flexionando la rótula desciende a través de la tróclea femoral aumentado el contacto de las superficies articulares.

Una vez entendido esto es fácil suponer que una buena alineación de la rótula en toda la fase del movimiento es fundamental para que la biomecánica sea correcta; sin embargo, existen múltiples casos en los que esto no es así y pasaríamos a hablar del “síndrome de mala alineación patelar”, que es muy común en muchos corredores y que en la mayoría de los casos está asociado a una hiperpronación del pie.

Sintomatología.

El síntoma más importante y característico es el dolor en la región anterior de la rodilla, relacionado con la actividad deportiva, y que empeora según se incrementa el ritmo y/o la intensidad de dicha actividad. A partir de aquí los síntomas pueden aparecer en nuestra vida diaria y suelen aumentar muy a menudo en ciertos gestos como al subir y bajar escaleras.

A veces pueden aparecer crepitación y crujidos, y en el caso de haber sufrido previamente una luxación o subluxación de la rótula, puede aparecer también inestabilidad rotuliana.

Para poder entender la posterior evolución de la lesión debemos entender en primer lugar qué es lo que duele y por qué. El cartílago articular no tiene terminaciones nerviosas, de manera que no se puede sentir dolor propio del cartílago, y tampoco llegan a él vasos sanguíneos, con lo que se nutre exclusivamente del líquido sinovial de la articulación.

Entonces, ¿de dónde viene el dolor? Lo que ocurre es que el cartílago se va degenerando, va perdiendo consistencia, se cuartea y empieza a no ser eficaz en su función de amortiguación de los impactos, de manera que el hueso subcondral (parte de hueso que tapiza dicho cartílago y que está inmediatamente por debajo de éste) comienza a recibir una mayor carga en cada impacto. El dolor aparece porque el hueso subcondral sí está inervado y, consecuentemente, está sufriendo mayor carga de lo habitual.

Tratamiento.

Como en todas las lesiones la evolución varía en función de múltiples factores tanto internos como externos. Si el problema aparece como consecuencia de alguna patología pasada o por alguna alteración de la estática o de la dinámica del miembro inferior, habrá que corregir éstas (hiperpronación del pié, síndrome de mala alineación patelar, luxaciones o subluxaciones recidivantes de rótula, etc.). Tampoco deberíamos olvidar que en muchas ocasiones el uso de unas zapatillas inadecuadas puede provocar cambios en los apoyos y en las cargas que pueden reproducir el problema.

Sin embargo, vamos a centrarnos en aquellos casos en los que, sin existir patología previa ni ninguna otra alteración, comienzan a manifestarse los síntomas.

La primera medida a tomar es el reposo deportivo relacionado con cualquier actividad que implique contacto contra el suelo. El hueso subcondral está sufriendo a cada impacto, así que debemos disminuirlo todo lo posible.

Desde el punto de vista fisioterápico, en esta primera fase no se puede hacer gran cosa, salvo intentar disminuir el derrame articular y el edema si lo hubiera, utilizando las diferentes técnicas de electroterapia de las que se dispone, crioterapia y masaje evacuatorio si fuera preciso. Existe una complicación muy común en estos casos de la que hablaremos en próximos artículos y que sí puede tratarse durante esta fase: tendinitis del tendón rotuliano.

Con el reposo deportivo y las medidas indicadas ayudamos a nuestro cuerpo a reaccionar frente al problema. Como el hueso subcondral está sufriendo una mayor sobrecarga nuestro cerebro “ordena” aumentar la actividad osteoblástica y se produce un refuerzo en la zona afectada para protegerlo (esclerosis ósea). Esto consigue que el dolor disminuya e incluso que desaparezca, pero la lesión del cartílago perdurará en el tiempo.

Desde el punto de vista médico se suelen utilizar tratamientos farmacológicos con sustancias presentes en el líquido sinovial de la articulación para ayudar a reforzar la nutrición del cartílago (ácido hialurónico, mucopolisacáridos, etc.), lo que puede frenar de alguna manera el proceso degenerativo. Pero lo que se ha destruido no se recupera, ya que el cartílago no tiene poder regenerativo al no estar vascularizado. A veces incluso se intenta aumentar la densidad del líquido sinovial para espesarlo ligeramente y ayudar a amortiguar más las cargas.

En una fase más subaguda, y siempre y cuando no exista derrame articular, la fisioterapia puede ayudarnos mediante ejercicios que tonifiquen el cuádriceps. Con esto se conseguirá estabilizar el movimiento de la rótula sobre el fémur reduciendo el exceso de presión, aunque siempre debe ser supervisado por un fisioterapeuta ya que hay ejercicios que pueden ser perjudiciales.

Para los casos más crónicos y graves o para deportistas de élite, el tratamiento quirúrgico es una opción: microperforaciones, autoinjertos de cartílago, cultivos de condrocitos, etc. Es una manera de poner freno a la lesión pero no es una garantía para volver a la práctica del running.

Conclusión.

Este tipo de lesiones son un desgaste estructural producido por el exceso de presión de las superficies articulares y la única manera de frenarlo es poner fin a la actividad que lo ha producido, al menos en un principio.

Aunque es cierto que en muchos casos (los más leves) el reposo durante un tiempo puede hacer desaparecer el dolor, eso no significa que el problema haya desaparecido. Lo que ocurre es que nuestro cuerpo intenta protegerse, pero no es definitivo: es muy posible que si volvemos a entrenar con intensidad o con tiradas muy largas el problema vuelva con el tiempo.

En el mejor de los casos, una vez desaparecidos los síntomas, puede que podamos seguir practicando el running pero sin abusar de la duración, la frecuencia y la intensidad de los entrenos. No obstante lo más recomendable es visitar a tu fisioterapeuta para hacer una valoración personalizada del caso, ya que cada persona se puede comportar de diferente manera ante el mismo problema.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta
Col. nº 2.973

foto: rodillacorredor.es

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El Tendón de Aquiles del Corredor

Acerca del tendón de aquiles hay que recordar que en la mitología griega Aquiles solía ser calificado como ‘el de los pies ligeros’, ya que se le consideraba el más veloz de los hombres, en leyendas posteriores se afirmaba que Aquiles era invulnerable en todo su cuerpo salvo en su talón.

Las leyendas sostienen que Aquiles murió en batalla al ser alcanzado por una flecha envenenada en el talón, de donde nace la expresión “talón de Aquiles” , expresión que ha llegado hasta nuestros días para aludir una debilidad personal, ¿Y los corredores?… ¿tienen en su talón su punto débil?

El tendón de Aquiles es de especial importancia en el corredor, principalmente en el fondista, pero también en el corredor popular.

Con el aumento del número de corredores populares se ha constatado un aumento en las lesiones sobre el tendón de Aquiles.

Las lesiones aquileas son muchas y variadas: roturas, tendinitis, tendinosis… en esta ocasión nos vamos a centrar en la tendinitis aquilea, la que se presenta con mayor frecuencia y que supone el 20% de las tendinitis del pie y el 10% en los corredores de fondo.

La definición médica de dicha patología nos habla de un proceso inflamatorio del tendón que une los músculos de la pantorrilla (gastrocnemios o gemelos y soleo) con el hueso calcáneo del pie.

Los tres músculos se unen formando el tríceps sural en el denominado tendón de Aquiles.

La principal función de éste es la flexión plantar. Se trata de uno de los tendones más potentes del cuerpo, de ahí su importancia y la gran cantidad de patologías que puede presentar.

La tendinitis aquilea es una lesión por sobreesfuerzo, por tanto es de fácil comprender que los corredores desarrollen con tanta frecuencia este tipo de patologías.

La tendinitis aquilea suele presentarse con mayor frecuencia en los corredores de fondo, jugadores de baloncesto, tenistas y corredores que realicen sus entrenamientos en pista dura o con zapatillas de baja amortiguación…qué importante es un buen calzado!

Se han identificado errores de entrenamiento que son factores desencadenantes de dicha tendinitis; entre ellos incluimos:

  • Entrenamientos repetidos en pendientes
  • Aumentos repentinos en las distancias
  • Calentamientos inadecuados o inexistentes
  • Entrenamientos sobre terrenos desiguales
  • Aumento en la intensidad de los ejercicios

También existen otros factores que son premonitorios en la aparición de este tipo de patología:

  • Morfología del pie deshidratación
  • Edad Tendón de Aquiles corto
  • Dismetría de miembros inferiores
  • Climatología

Y que deberemos tener en cuenta a la hora de realizar el diagnóstico fisioterápico.

El síntoma principal en la tendinitis aquilea es el dolor en el tendón de Aquiles. Suele ser un dolor de aparición repentina tras un entrenamiento intenso. Posteriormente se traducirá en un aumento del dolor con la actividad ,al inicio de las sesiones de entrenamiento, y al final de las mismas.

Posiblemente el dolor cese en reposo. Además encontraremos hinchazón, crepitación dolorosa al tacto que aumenta con la actividad, rigidez del tendón e impotencia funcional. Es importantísimo analizar todos los síntomas y signos no sólo para poder tratarla sino para intentar prevenir su aparición.

Cuando un paciente acude a nuestra clínica con estos síntomas el diagnóstico es bastante concluyente. Existen además pruebas complementarias que nos ayudan en el mismo: ecografía y resonancia magnética, pero no suelen realizarse.

Tras una buena exploración física y una vez identificados todos los posibles factores desencadenantes de la lesión (malformaciones del pie, calzado inadecuado, mal plan de entrenamiento) tenemos que ponernos manos a la obra y plantear un buen tratamiento fisioterapéutico

El tratamiento adecuado de esta lesión consistirá en estiramientos suaves y graduales de la musculatura antes descrita, tratamiento del tendón con técnica de Ciriax, aplicación de ultrasonido, aplicación de hielo para evitar la posterior inflamación y ejercicios propioceptivos en función de la evolución.

La recomendación al deportista es reposo deportivo durante la fase aguda de la lesión y retomar gradual y progresivamente el ejercicio hasta alcanzar la normalidad deportiva.

Es importante respetar el reposo, pues un intento de retomar de forma precoz la actividad puede provocar no sólo un aumento de la inflamación del tendón sino desencadenar en otro tipo de patologías.

El abordaje temprano de la lesión es primordial, pues acorta el tiempo de curación, garantiza una correcta recuperación de las estructuras anatómicas implicadas, y lo más importante para un corredor…reduce el tiempo de “espera” para retomar el entrenamiento.

No debemos olvidar que un buen calzado es esencial a la hora de realizar cualquier tipo de deporte, cuanto más correr, ya que el pie y sus problemas van a ser la principal fuente de lesiones.

La consulta a un profesional médico, fisioterapeuta o podólogo ante cualquier duda o sospecha puede llegar a prevenir una futura lesión que nos aparte de nuestro deporte favorito.

¿Tendrá razón el mito, y realmente el talón será nuestro único punto débil?…lo iremos descubriendo…

 

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EPICONDILITIS I: QUÉ ES Y POR QUÉ SE PRODUCE

¿Quién no ha oído hablar del famoso “codo de tenista”? Incluso quien no practica deportes de raqueta. En este artículo vamos a tratar de explicar qué es exactamente una epicondilitis o “codo de tenista”, qué estructuras están implicadas en dicho proceso y por qué puede aparecer sobre todo en el mundo de la raqueta, y más concretamente en el pádel.

La palabra epicondilitis viene de una estructura anatómica localizada en el codo que se denomina epicóndilo y del sufijo –itis que significa inflamación. Podemos hablar de epicóndilo lateral o epicóndilo medial (también conocido por epitróclea), y en ambas zonas podemos sufrir lesiones muy parecidas aunque con connotaciones diferentes.

El epicóndilo lateral sirve de anclaje para la musculatura epicondílea, que son básicamente los músculos responsables de la extensión de la muñeca y dedos, y de la supinación del antebrazo. El movimiento de supinación es el que, manteniendo el codo en flexión de 90º, lleva la palma de la mano hacia arriba.

Estos músculos parten de tendones insertados en el epicóndilo y forman una masa muscular palpable que, según se acerca a la muñeca, se va transformando en un tejido conjuntivo en forma de tendones, cuya inserción se encontrará en distintas estructuras anatómicas de la mano.

Esta musculatura es muy importante en los movimientos que se imprimen en el pádel y, en general, en todas aquellas actividades en las que se empuña algo con fuerza.

SINTOMAS

La epicondilitis es una entesitis, es decir, una tendinitis de la porción del tendón que se inserta en el hueso, y cursa con inflamación local, tumefacción, crepitación, dolor agudo e insidioso a la palpación, a la contracción y al estiramiento. El dolor puede irradiarse hacia la parte externa del antebrazo y puede provocar pérdida de fuerza prensil en la mano. En una fase temprana, el dolor se instaura al inicio del ejercicio y poco a poco va desapareciendo, hasta que vuelve durante el reposo posterior. En una fase aguda el dolor está presente constantemente y se acentúa con el movimiento; es la fase más incapacitante y no nos permite continuar con nuestra actividad.

El dolor se localiza de una manera muy puntual en el mismo hueso, y aparece la duda de que el hueso esté dañado o no. El tendón, cuando se inserta en el hueso, lo hace a través de una película que recubre el hueso y que se llama periostio; éste se irrita, se inflama y produce ese dolor óseo tan característico. Normalmente acudimos al médico o al fisioterapeuta cuando estamos en esta fase aguda, porque es cuando va apareciendo el dolor más intenso.

Existe una fase previa por la que todos los jugadores pasan muy a menudo y que, si no se le presta atención, puede evolucionar en una epicondilitis. Antes de que la región del epicóndilo comience a presentar síntomas de inflamación, suele aparecer una sobrecarga de la musculatura correspondiente debido a múltiples causas. Si prevenimos estas sobrecargas y cuidamos su evolución podemos disminuir bastante la probabilidad de sufrir esta patología.

El proceso patológico, como en cualquier tendinitis, puede evolucionar a una fase crónica y convertirse en una epicondilosis, donde ya no existen signos inflamatorios y sí un proceso degenerativo crónico del tendón, que puede llevar al deportista incluso a abandonar la competición.

CAUSAS

Aunque esta lesión puede venir provocada por un traumatismo directo sobre la zona, la mayoría de los casos tienen relación con movimientos de repetición relacionados con la actividad deportiva o también con la actividad laboral.

Las causas más importantes tienen relación con el gesto deportivo, con lo que un trabajo de entrenamiento y adiestramiento de cada uno de los movimientos implicados en la actividad es fundamental para prevenir la lesión.

El movimiento de revés es el que más implicación tiene, ya que partimos de una posición en la que el codo, la muñeca y los dedos están en flexión (éstos últimos haciendo prensa sobre la pala), y en esta postura la musculatura epicondílea se encuentra en máximo estiramiento. En el momento del golpeo de la bola se produce una contracción muy brusca y rápida de dicha musculatura y la repetición de este movimiento bola tras bola y día tras día facilita la aparición del problema, sobre todo si el gesto deportivo no es el más correcto.

Pero también tienen una gran implicación en el proceso los materiales con los que trabajamos en el desarrollo de la actividad deportiva, y su influencia puede ser muy importante:

Una pala inadecuada para nuestro nivel, altura, peso, constitución, etc.

Un reciente cambio de pala.

Una empuñadura demasiado gruesa o demasiado fina.

La colocación incorrecta del grip de la empuñadura.

Una bola inadecuada o en condiciones diferentes a las que estamos acostumbrados (lluvia, frío intenso).

Cambios recientes en los tipos de entrenamiento.

Y definitiva, cualquier cosa que pueda hacer variar nuestras sensaciones normales durante el golpeo de la bola y que nos haga variar la calidad de nuestro gesto deportivo.

Comentábamos previamente que la repetición de movimientos es la causa más importante en estos procesos, con lo que hay que tener en cuenta que aunque todo el material que utilicemos sea el correcto, nuestro gesto deportivo sea perfecto y todas las condiciones requeridas sean idóneas, durante la actividad estamos constantemente repitiendo una serie de movimientos, y que dicha repetición por sí misma provoca tensiones y sobrecargas que si no prestamos atención pueden derivar en este tipo de patologías.

En el próximo número veremos cómo prevenir este tipo de patología y qué es lo que la fisioterapia puede ofrecer tanto para dicha prevención como para el tratamiento.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta

Col. nº 2.973

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EPICONDILITIS II: PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

En el artículo anterior pudimos conocer qué es una epicondilitis, cómo se comporta en relación al pádel y qué causas lo produce.

En resumen, lo que tiene que quedar claro es que, salvo trauma previo sobre la zona, se trata de una lesión que tiene que ver con pequeños microtraumatismos producidos por la repetición de movimientos relacionados con el gesto deportivo, y que incluso tomando todas las precauciones posibles y teniendo una técnica perfecta, el hecho de repetir los mismos movimientos puede ocasionar molestias que siempre hay que vigilar.

Prevención

Primero echemos un vistazo a nuestro equipamiento, ya que no sólo se trata de coger una pala de pádel cualquiera, un compañero de juego y una pista para jugar. La pala debe ser la adecuada a nuestro nivel técnico y a nuestra complexión física, y no sólo eso, debemos hacerla nuestra y sentirla como una prolongación de nuestro brazo. Una pala más o menos pesada de lo debido disminuirá nuestro rendimiento y puede originarnos lesiones. Siempre es bueno pedir consejo a algún experto que nos pueda orientar.

Normalmente, cuando empezamos a jugar al pádel, lo hacemos por nuestra cuenta hasta que poco a poco se va convirtiendo en una “adicción” (siempre positiva). Lo lógico es que todos podamos cometer más o menos fallos técnicos y si nadie nos corrige podemos automatizar ciertos movimientos que a medio o largo plazo puedan lesionarnos. Por eso, llegado el momento, deberíamos tomar algunas clases con técnicos especializados para saber si lo estamos haciendo bien, mejorar nuestra técnica y, por qué no, también ganar en destreza.

Un error inicial muy común y que puede ocasionar diferentes lesiones como epicondilitis o epitrocleitis es coger la pala con excesiva fuerza debido a la tensión, los nervios, la imprecisión de la técnica, etc. Una fuerza prensil excesiva aumentará el tono muscular de la musculatura flexora y también de la extensora, lo que a la larga podría poner en marcha la fisiopatología de las lesiones descritas. El uso del grip de la empuñadura es muy importante en relación a la presión que podemos hacer, ya que un buen ajuste de la palma de la mano con la pala es fundamental en la “relación” que tendremos con ella durante su manejo. Igual que en la técnica, un experto nos podrá orientar tanto en grosor como en la colocación del grip.

Tratamiento preventivo

Ya tenemos contralado todo lo relacionado con el equipamiento y también comenzamos con algunas clases para mejorar nuestra técnica y corregir los posibles errores, de manera que en teoría todo lo hacemos bien y no hay motivos para sufrir una epicondilitis. Sea esto cierto o no, es muy normal que el ritmo de entrenamientos, partidos, los cambios en las condiciones de la pista, bola, etc, nos pueden originar sobrecargas y molestias que a medio plazo ocasionen ésta u otra lesión.

Como una rutina más dentro de nuestra preparación (técnica, entrenos, nutrición…) deberíamos incorporar un control fisioterápico para advertir a tiempo esas sensaciones que puedan ir apareciendo y así evitar que vayan a más. Eso, junto con una rutina de ejercicios y estiramientos será suficiente para tener nuestro antebrazo en forma.

Veamos unos ejemplos:

Trabajo muscular para los músculos epicondíleos o extensores de la muñeca con cintas elásticas de resistencia progresiva o con mancuerna. Con una resistencia que podamos controlar y apoyando el antebrazo completamente, colocamos la mano con la palma hacia abajo y abrazamos la cinta o mancuerna cerrando el puño. El movimiento se realiza de abajo a arriba contrarresistencia.

También se puede trabajar la musculatura epitroclear o flexora de la muñeca de la misma manera pero con la palma de la mano hacia arriba, sin embargo, normalmente existe una descompensación fisiológica entre la fuerza basal de la musculatura flexora y la extensora, siendo la primera más fuerte. Antes de trabajar esta musculatura sería recomendable consultar con tu fisioterapeuta.

Estos ejercicios de potenciación muscular sólo deben hacerse como trabajo preventivo para tonificarlos, pero nunca cuando hay molestias o dolor si el fisioterapeuta no lo ha pautado previamente.

Autoestiramiento de musculatura epicondílea o extensora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

Autoestiramiento de musculatura epitroclear o flexora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

Tratamiento

Hemos tomado previamente todas las medidas descritas y además estamos haciendo un tratamiento preventivo, pero aún así comenzamos a sufrir los síntomas descritos en el artículo anterior. Es el momento de consultar con un fisioterapeuta para que haga una exploración, una valoración, planifique un tratamiento y lo ponga en marcha. Cuidado con los llamados “pseduoprofesionales”, y recuerda que el fisioterapeuta es un profesional sanitario y como tal está legalmente capacitado para tratar estas dolencias.

El tratamiento se planificará en función de la fase en la que se encuentre la lesión. Si sólo se trata de una fase temprana que cursa con sobrecarga muscular y ligeras molestias, unas sesiones de masaje, estiramientos y termoterapia serían suficientes.

En el caso de una fase más aguda el tratamiento será más especializado: dirigido a aliviar el dolor y reducir la inflamación (en este caso se puede consultar con el médico para apoyar el tratamiento con antiinflamatorios). El fisioterapeuta utilizará diversas técnicas manuales, así como electroterapia, e irá adaptando el tratamiento en función de la evolución del paciente.

Actualmente está muy de moda utilizar técnicas de vendaje neuromuscular o kinesiotaping, que son esas tiras adhesivas de diversos colores que llevan muchos deportistas famosos y que, aunque muy eficaces en estos casos según la fase evolutiva de la sesión, no se colocan como un esparadrapo normal y corriente, ya que no son simplemente unas tiras que se ponen sobre la piel. La compleja técnica de trabajo basada en estos vendajes tiene su origen en Japón, y es necesario conocer cómo funciona y cómo debe colocarse.

Que nosotros mismos coloquemos tal cual una tira no sirve absolutamente para nada, e incluso podríamos llegar a agravar la lesión. Será el fisioterapeuta el que colocará el vendaje en función su conocimiento sobre la lesión y sobre la técnica.

Existe una fase crónica que se alcanza si el diagnóstico es muy tardío o el tratamiento inadecuado: epicondilosis. Este tipo de lesión es una evolución de la fase aguda que cursa con trastornos degenerativos del tendón y que presenta una problemática mayor. Además del trabajo de fisioterapia será necesario consultar con un traumatólogo para que valorar el alcance de la patología.

Ya sabemos qué es una epicondilitis y cómo actuar tanto para prevenirlo como para tratarlo en el caso de que se presente. Ahora sólo es necesario concienciarse de que un simple problema puede convertirse en una lesión que no nos permita disfrutar de nuestro deporte, ni desarrollar correctamente la funcionalidad del brazo en nuestra vida diaria.

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LA RODILLA DEL CORREDOR II: SÍNDROME DE LA CINTILLA ILIOTIBIAL

Definición

Dentro de las patologías de rodilla más comunes en la práctica del running encontramos el síndrome de la cintilla iliotibial, también conocida como cintilla de Maissiat. Se trata de un síndrome doloroso que afecta a la parte más distal de dicha estructura, concretamente a la altura del cóndilo lateral externo de la rodilla. Habitualmente, además del dolor, suelen aparecer inflamación y crepitación.

La cintilla iliotibial es una gruesa banda de tejido fibroso que nace en la espina iliaca y que se forma como consecuencia de las expansiones fasciales de los músculos tensor de la fascia lata y glúteo mayor. Recorre el lateral del fémur hasta llegar a la rodilla por su parte lateral externa insertándose distalmente en la tibia.

Mecanismo de lesión

La cintilla iliotibial es una estructura fundamental para mantener la estabilidad lateral de la rodilla durante la marcha, deslizándose continuamente entre la parte posterior y la anterior del fémur.

El recorrido de esta banda tiene un punto conflictivo a la altura del cóndilo lateral externo de la rodilla (saliente óseo que ofrece el fémur en la parte más cercana a la rodilla y por su lado externo), el cual está más abultado, lo que ocasiona una mayor fricción sobre dicha banda. Para reducir tal fricción existe una bolsa serosa que se encarga de lubricar las estructuras preparándolas para el roce constante.

A nivel deportivo, las disciplinas que sufren en mayor grado esta patología son el ciclismo y el atletismo, en el que nos centraremos principalmente.

La banda iliotibial se encuentra por delante del cóndilo lateral externo cuando la rodilla está en extensión, pero cuando se flexiona por encima de los 30º dicha banda se hace posterior. Durante la carrera, el borde posterior de la banda iliotibial choca contra el cóndilo inmediatamente después de que el pie choque contra el suelo. Si el movimiento es biomecánicamente correcto y no existe ninguna alteración de las estructuras implicadas la carrera se desarrollará con normalidad, pero existen una serie de factores de riesgo que pueden provocar ciertas alteraciones y la consecuente aparición de los síntomas.

Factores de riesgo

Una cintilla iliotibial excesivamente tensa: lo que puede ocurrir debido a un espasmo o contractura del músculo tensor de la fascia lata que, al acortarse, provocará el exceso de tensión en la banda.

Un epicóndilo femoral externo muy prominente, que provocará una mayor fricción con la banda.

Alteraciones de la estática y dinámica de los miembros inferiores: asimetrías, varo (piernas arqueadas) o valgo (piernas en X) de rodilla, hiperpronación del pie, rotación interna de la pierna, etc.

Técnica incorrecta de entrenamiento y/o sobreentrenamiento.

Entrenamiento de largas distancias.

Exceso de entrenamientos en cuestas, superficies duras y/o superficies irregulares: hay que tener en cuenta que al entrenar en pistas de atletismo es conveniente correr indistintamente en ambos sentidos, ya que coger las curvas siempre del mismo lado puede dañar la biomecánica del movimiento, sobre todo si además existe algo de peralte.

Uso de calzado inadecuado.

No hacer estiramientos ni precalentamiento antes de la actividad deportiva.

Debilidad de los músculos abductores de cadera, sobre todo glúteo medio.

Sintomatología

El síntoma principal que aparece en un síndrome de la cintilla iliotibial es dolor en la cara externa de la rodilla; éste es un dolor de tipo difuso, en el que el paciente no es capaz de localizar un punto de dolencia específico. En algunos casos el síntoma inicial es dolor en el lateral de la cadera, a la altura del saliente óseo conocido como trocánter mayor.

Inicialmente, el dolor lateral de la rodilla comienza a manifestarse cuando el corredor lleva ya un tiempo de carrera y/o al final de la misma, pero según va evolucionando la patología el dolor puede ir apareciendo progresivamente más pronto durante la carrera o incluso mantenerse durante el reposo.

Cuando la evolución de la lesión avanza podemos encontrarnos que los síntomas aumentan al correr cuesta abajo o al subir escaleras.

Tratamiento

El tratamiento preventivo sería lo más importante para evitar la aparición del problema, eliminando al máximo los factores de riesgo, haciendo estiramientos y llevando a cabo un control fisioterápico adecuado para el buen mantenimiento de las estructuras implicadas en la actividad deportiva.

En el caso de que los síntomas comiencen a aparecer, lo primero que debemos hacer es descartar si se trata de molestias relacionadas con un exceso de entrenamiento. En corredores poco habituales la aparición de ciertas molestias puede considerarse normal hasta que las estructuras musculares, ligamentosas y osteoarticulares se vayan habituando al esfuerzo. Pero en el caso de que los síntomas continúen, un tratamiento basado en antiinflamatorios, estiramientos, hielo y reposo deportivo durante unos días puede ser suficiente para solventar el problema.

Para corredores con frecuencias y ritmos de entrenamiento elevados la aparición de estos síntomas debe ser señal suficiente para llevar a cabo reposo deportivo y tratamiento fisioterápico más intensivo. La mejor opción es acudir al fisioterapeuta para someterse a una correcta exploración y la planificación del tratamiento más oportuno.

Para aquellos casos en los que los estiramientos, el hielo local, el reposo deportivo y la fisioterapia no funcionan, y además se han eliminado todos los factores de riesgo que propician un síndrome de la cintilla iliotibial, el traumatólogo puede llevar a cabo infiltraciones locales con corticoesteroides. En el caso de que esto no funcione se han descrito técnicas quirúrgicas eficaces, aunque se debe tener en cuenta que cualquier tipo de intervención quirúrgica en estos términos, puede derivar en un descenso del nivel deportivo o de competición.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta

Col. nº 2.973

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Periostitis Tibial. La Lesión del Corredor.

Es una lesión que se da en corredores de medio fondo y fondo.
La Periostitis, es una inflamación del Periostio, que es una membrana que rodea las piezas óseas, recubre los huesos, y en especialmente a la tibia.
Se suele manifestar en forma de dolor o quemazón en la cara antero-interna de la pierna, en la tibia

Causas de la lesión:
1-Las vibraciones del entrenamiento, impacto del pie sobre el suelo, sobre todo en terrenos duros.
2- Rotación de cadera, pronación, pies planos.
3-Calzado inadecuado
4-Exceso de entrenamiento, superficies duras en terrenos irregulares, no parar cuando existe dolor.
6-Falta de estiramientos y sesiones de Fisioterapia preventivas.

Sintomatología:
Aparece al comenzar la actividad, luego disminuye para que durante la carrera vuelva a aparecer con mayor intensidad .

Tratamiento: Detener la actividad, hielo, consultar con un médico. Una vez diagnosticado tratamiento de Fisioterapia.

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