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La Rodilla del Corredor

La rodilla es una articulación muy compleja que sufre mucho con cualquier deporte de impacto como ocurre en el running. Hay que fijarse que, por un lado, ha de ser muy móvil para poder desplazarnos y por el otro, tiene que ser muy estable para poder mantenernos en pie, como una columna.

¿Y cómo es posible que en una misma articulación se sumen conceptos tan opuestos como movilidad y estabilidad? Esto es posible gracias a su complejidad biomecánica y a las numerosas estructuras tanto pasivas como activas que la forman. Sin embargo, esta peculiaridad también hace que sea una articulación muy vulnerable.

Lesiones de rodilla hay muchas, siendo muy numerosas aquellas que son consecuencia de un traumatismo tanto directo como indirecto debido a caídas, golpes, etc…, no obstante, vamos a centrarnos en aquellas patologías que no son consecuencia de un traumatismo agudo, sino en aquellas lesiones que van apareciendo paulatinamente por llevar a cabo gestos y movimientos repetitivos durante un período largo de tiempo.

Condropatía rotuliana: definición.

La condropatía rotuliana puede definirse como la lesión del cartílago articular que tapiza la cara posterior de la rótula. Podemos hablar de un proceso degenerativo del cartílago, que es considerado como normal en el envejecimiento, y que en determinadas circunstancias aparece a edades más tempranas en función de patologías que afectan a la rodilla o por el exceso de presión de la rótula sobre el fémur de forma repetitiva, como ocurre en el running. La condropatía rotuliana es común en los deportes en los que existe un fuerte impacto de los miembros inferiores sobre el suelo y es muy frecuente en los atletas que practican carreras de larga distancia.

Mecanismo de lesión. Problemas de alineación.

En condiciones normales la rótula se desliza sobre el fémur durante los movimientos de flexión y extensión a través de un “carril” que éste presenta y que se conoce como tróclea femoral, que al igual que la cara posterior de la rótula está tapizado por cartílago articular. De esta forma, durante la extensión, la rótula asciende hasta situarse por encima de los cóndilos femorales, y a medida que la rodilla se va flexionando la rótula desciende a través de la tróclea femoral aumentado el contacto de las superficies articulares.

Una vez entendido esto es fácil suponer que una buena alineación de la rótula en toda la fase del movimiento es fundamental para que la biomecánica sea correcta; sin embargo, existen múltiples casos en los que esto no es así y pasaríamos a hablar del “síndrome de mala alineación patelar”, que es muy común en muchos corredores y que en la mayoría de los casos está asociado a una hiperpronación del pie.

Sintomatología.

El síntoma más importante y característico es el dolor en la región anterior de la rodilla, relacionado con la actividad deportiva, y que empeora según se incrementa el ritmo y/o la intensidad de dicha actividad. A partir de aquí los síntomas pueden aparecer en nuestra vida diaria y suelen aumentar muy a menudo en ciertos gestos como al subir y bajar escaleras.

A veces pueden aparecer crepitación y crujidos, y en el caso de haber sufrido previamente una luxación o subluxación de la rótula, puede aparecer también inestabilidad rotuliana.

Para poder entender la posterior evolución de la lesión debemos entender en primer lugar qué es lo que duele y por qué. El cartílago articular no tiene terminaciones nerviosas, de manera que no se puede sentir dolor propio del cartílago, y tampoco llegan a él vasos sanguíneos, con lo que se nutre exclusivamente del líquido sinovial de la articulación.

Entonces, ¿de dónde viene el dolor? Lo que ocurre es que el cartílago se va degenerando, va perdiendo consistencia, se cuartea y empieza a no ser eficaz en su función de amortiguación de los impactos, de manera que el hueso subcondral (parte de hueso que tapiza dicho cartílago y que está inmediatamente por debajo de éste) comienza a recibir una mayor carga en cada impacto. El dolor aparece porque el hueso subcondral sí está inervado y, consecuentemente, está sufriendo mayor carga de lo habitual.

Tratamiento.

Como en todas las lesiones la evolución varía en función de múltiples factores tanto internos como externos. Si el problema aparece como consecuencia de alguna patología pasada o por alguna alteración de la estática o de la dinámica del miembro inferior, habrá que corregir éstas (hiperpronación del pié, síndrome de mala alineación patelar, luxaciones o subluxaciones recidivantes de rótula, etc.). Tampoco deberíamos olvidar que en muchas ocasiones el uso de unas zapatillas inadecuadas puede provocar cambios en los apoyos y en las cargas que pueden reproducir el problema.

Sin embargo, vamos a centrarnos en aquellos casos en los que, sin existir patología previa ni ninguna otra alteración, comienzan a manifestarse los síntomas.

La primera medida a tomar es el reposo deportivo relacionado con cualquier actividad que implique contacto contra el suelo. El hueso subcondral está sufriendo a cada impacto, así que debemos disminuirlo todo lo posible.

Desde el punto de vista fisioterápico, en esta primera fase no se puede hacer gran cosa, salvo intentar disminuir el derrame articular y el edema si lo hubiera, utilizando las diferentes técnicas de electroterapia de las que se dispone, crioterapia y masaje evacuatorio si fuera preciso. Existe una complicación muy común en estos casos de la que hablaremos en próximos artículos y que sí puede tratarse durante esta fase: tendinitis del tendón rotuliano.

Con el reposo deportivo y las medidas indicadas ayudamos a nuestro cuerpo a reaccionar frente al problema. Como el hueso subcondral está sufriendo una mayor sobrecarga nuestro cerebro “ordena” aumentar la actividad osteoblástica y se produce un refuerzo en la zona afectada para protegerlo (esclerosis ósea). Esto consigue que el dolor disminuya e incluso que desaparezca, pero la lesión del cartílago perdurará en el tiempo.

Desde el punto de vista médico se suelen utilizar tratamientos farmacológicos con sustancias presentes en el líquido sinovial de la articulación para ayudar a reforzar la nutrición del cartílago (ácido hialurónico, mucopolisacáridos, etc.), lo que puede frenar de alguna manera el proceso degenerativo. Pero lo que se ha destruido no se recupera, ya que el cartílago no tiene poder regenerativo al no estar vascularizado. A veces incluso se intenta aumentar la densidad del líquido sinovial para espesarlo ligeramente y ayudar a amortiguar más las cargas.

En una fase más subaguda, y siempre y cuando no exista derrame articular, la fisioterapia puede ayudarnos mediante ejercicios que tonifiquen el cuádriceps. Con esto se conseguirá estabilizar el movimiento de la rótula sobre el fémur reduciendo el exceso de presión, aunque siempre debe ser supervisado por un fisioterapeuta ya que hay ejercicios que pueden ser perjudiciales.

Para los casos más crónicos y graves o para deportistas de élite, el tratamiento quirúrgico es una opción: microperforaciones, autoinjertos de cartílago, cultivos de condrocitos, etc. Es una manera de poner freno a la lesión pero no es una garantía para volver a la práctica del running.

Conclusión.

Este tipo de lesiones son un desgaste estructural producido por el exceso de presión de las superficies articulares y la única manera de frenarlo es poner fin a la actividad que lo ha producido, al menos en un principio.

Aunque es cierto que en muchos casos (los más leves) el reposo durante un tiempo puede hacer desaparecer el dolor, eso no significa que el problema haya desaparecido. Lo que ocurre es que nuestro cuerpo intenta protegerse, pero no es definitivo: es muy posible que si volvemos a entrenar con intensidad o con tiradas muy largas el problema vuelva con el tiempo.

En el mejor de los casos, una vez desaparecidos los síntomas, puede que podamos seguir practicando el running pero sin abusar de la duración, la frecuencia y la intensidad de los entrenos. No obstante lo más recomendable es visitar a tu fisioterapeuta para hacer una valoración personalizada del caso, ya que cada persona se puede comportar de diferente manera ante el mismo problema.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta
Col. nº 2.973

foto: rodillacorredor.es

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Fascitis Plantar

La fascia plantar es una estructura aponeurótica que recubre la musculatura de la región plantar del pie y que tiene una importante función durante la marcha, colaborando en el mantenimiento del arco plantar. Mientras caminamos, el apoyo del talón contra el suelo provoca que la fascia plantar se estire y alcance la tensión necesaria para que, cuando terminemos de apoyar todo el pie, el choque suelo-pie no sea tan brusco. Podríamos hablar de una amortiguación natural que llevan a cabo nuestros pies, a través de su estructura anatómica, para reducir al máximo el impacto.

Si tenemos en cuenta que mientras corremos el impacto contra el suelo es mayor que cuando caminamos, podemos entender que la lesión de esta estructura sea más significativa en corredores habituales. Es lo que se conoce como fascitis plantar.La fascitis plantar es una inflamación de dicha fascia que genera una retracción o acortamiento de la misma y cursa con dolor en la planta del pie, más localizado normalmente en la zona de inserción de su haz fibroso, es decir, en la parte anterior e inferior del hueso calcáneo (hueso que forma el talón). El dolor suele ser más intenso cuando se camina en exceso, o también por la mañana en los primeros apoyos después de levantarse de la cama.

Causas

Las causas por las que aparece este tipo de lesión son muchas y es muy importante identificar qué es lo que nos está provocando el problema para poder solucionarlo. De ellas, las más comunes son: cambio de calzado o uso de calzado incorrecto (con poca amortiguación o pisada incorrecta); uso excesivo de chanclas o calzado similar que no tenga sujeción posterior; alteración de la estática y/o dinámica del pie acaecida por cualquier tipo de lesión anterior o situación que nos obligue a caminar y a apoyar el pie de manera distinta a la fisiológica; cambio de tipo de entrenamiento o cambio de superficie sobre la que se lleva a cabo (generalmente cuanto más duro es un terreno más posibilidades hay de que aparezca la lesión).

En la mayoría de los casos el problema se produce por una sobrecarga excesiva de los gemelos que provoca un exceso de pronación de los pies, lo que a su vez nos conduce a un estiramiento prolongado de la fascia plantar y a una ineficacia en la capacidad de amortiguación. De manera que cuando hablamos de una fascitis plantar nunca podemos dejar de lado a los gemelos y al músculo soleo (tríceps sural).

Siempre se dice que es muy importante que en todo deporte el gesto deportivo sea correcto, lo más técnico posible. El hecho de que para practicar running no haga falta nada más que unas zapatillas y ropa deportiva no implica que cuando lo practiquemos, cualquiera que sea el nivel, debamos hacerlo incorrectamente. Cuando los corredores somos “muy populares”, como el que firma este artículo, podemos caer en el error de correr forzando mucho los gemelos, ya que viciamos nuestro gesto deportivo levantando muy poco las rodillas. Esto genera una sobrecarga del tríceps sural generando lesiones como la fascitis plantar, entre otras.

El hecho de levantar las rodillas hace que demos más implicación al cuádriceps y esto hace que la zancada sea mucho más limpia, dando más tiempo a que el pie que lanzamos hacia delante se prepare para apoyar adecuadamente el talón y así la amortiguación del pie se lleve a cabo correctamente. El único problema es que este gesto implica un mayor gasto cardiovascular y por eso a los corredores “más populares” nos cuesta tanto hacer una zancada más técnica. Pero hay que mejorarlo y entrenarlo para avanzar técnicamente y para evitar lesiones.

Prevención y tratamiento.

Para prevenir una fascitis plantar debemos conocer cómo es la estática y la dinámica de nuestros pies, utilizar el calzado adecuado, usar plantillas si es preciso, cuidar el terreno sobre el que entrenamos, adecuarnos paulatinamente a los cambios de entrenamiento, vigilar y mejorar nuestra técnica y mantener los gemelos en un buen estado.

Si a pesar de todo el empeño comienza a aparecer dolor en la planta del pie, una visita a un fisioterapeuta puede ayudar a identificar la lesión de forma temprana, lo que es muy importante, ya que esta lesión tiende a cronificarse y producir otro tipo de problemas que pueden mantenernos mucho tiempo en el “dique seco” (espolón calcáneo).

Una vez instaurada una fascitis plantar lo primero que cualquier fisioterapeuta os va a recomendar es reposo deportivo, y os puedo asegurar que si no se lleva a cabo las opciones de una adecuada recuperación disminuyen considerablemente. A continuación hay que identificar qué es lo que provoca la lesión, y partir de ahí, sesiones de masaje y estiramientos tanto de la fascia plantar como de los gemelos y del soleo, junto con ultrasonido, termoterapia, crioterapia en caso de inflamación aguda, electroterapia analgésica y en casos recidivantes o más complejos el uso de vendajes funcionales o vendajes neuromusculares (kinesio taping) puede resultar adecuado.

La fascitis plantar es una de las lesiones más comunes entre los corredores habituales, por tanto es importante que, una vez conocido más a fondo el problema, podamos prevenirlo y evitarlo, pero en el caso de que comencemos con los síntomas hay que tratarlo lo antes posible. Y más vale unas semanas de reposo deportivo “voluntario” que unos meses de parón “obligado”.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta.

Colegiado nº 2.973

 

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