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PATOLOGÍA DE LOS MÚSCULOS PERONEOS LATERALES

La patología directa sobre los músculos peroneos laterales no se produce con demasiada frecuencia, sin embargo su incidencia como lesión asociada a otras patologías tiene mucha importancia.

Anatomía y biomecánica

Para poder identificar la lesión y comprender cómo se produce debemos tener algún conocimiento previo sobre su anatomía y su función.

Los músculos peroneos laterales, que ocupan la región anteroexterna de la pierna, son dos: peroneo lateral corto, más profundo y pegado al peroné, y peroneo lateral largo, que cubre al corto.

Desde su origen ambos peroneos descienden por el lateral de la pierna hasta transformarse en sendos tendones que pasan por detrás del maléolo lateral (saliente óseo a la altura del tobillo) para dirigirse hacia sus inserciones: en la cola del quinto metatarsiano el corto y en la cara plantar de la cabeza del segundo metatarsiano el largo.

La función esencial del peroneo lateral corto es la abducción del pie, es decir llevar el pie hacia fuera, y la del largo es la abducción, la flexión plantar y la pronación del pie, siendo un importante estabilizador del arco interno del mismo.

Desde el punto de vista biomecánico y relacionándolo con el running, el peroneo lateral largo colabora junto con los gemelos, el sóleo, el tibial posterior y los flexores de los dedos para hacer el despegue del pie e impulsarnos en cada zancada, aunque su función más importante es proporcionar estabilidad a la articulación del tobillo y al arco interno del pie.

Manifestaciones clínicas.

Existen diferentes patologías relacionadas directa o indirectamente con los músculos peroneos laterales, pero en todos los casos la sintomatología más característica es común a todos ellos: dolor retromaleolar, tumefacción y crepitación.

Antes de asociar la patología directamente con la práctica del running debemos aclarar distintos tipos de trastornos que pueden aumentar su incidencia, sin ser por ello causa propia de la actividad deportiva.

-Variación anatómica del “peroneus quartus”. En un 20% de individuos se ha descrito un cuarto músculo peroneo. Esta variación anatómica se denomina peroneus quartus y puede provocar un conflicto de espacio en la región más distal del peroné, justo antes de pasar por detrás del maléolo lateral.
A este nivel los tendones de los peroneos laterales largo y corto están comprimidos entre el hueso y un sistema ligamentario que los mantiene en esa posición y que se denomina retináculo superior. Podemos comprender que en un espacio tan reducido y ya de por sí comprometido, la presencia de otra estructura puede provocar alguna disfunción.

-Anomalía del “os peroneum”. El tendón del peroneo lateral largo cuando se acoda al pasar por debajo de la planta del pie, a la altura del canal que forma el hueso cuboides, puede sufrir una osificación, lo que puede originar dolor en dicho punto y también la aparición de los síntomas descritos por una alteración de la función.

-Inestabilidad crónica por esguince del LLE. Un esguince grave del ligamento lateral externo (LLE) del tobillo o la repetición de varios puede ocasionar una inestabilidad en la articulación debido a los daños sufridos en los diferentes haces de dicho ligamento. Además en muchas ocasiones se produce una rotura del retináculo superior de los peroneos, que mantiene pegado los tendones al surco retromaleolar. Si esto ocurre pueden producirse luxaciones recidivantes de los tendones que aumenten más aún la inestabilidad externa del tobillo, lo que genera la aparición de los síntomas descritos anteriormente.

-Rotura por sobreestiramiento. En el mecanismo lesional del esguince del LLE los músculos peroneos sufren un máximo estiramiento, lo que puede provocar su lesión; pero además, de forma automática y para estabilizar el pie y evitar lesionarnos, suele producirse una contracción brusca de dichos músculos. Esa contracción en ocasiones es tan fuerte que puede provocar una fractura por avulsión (arrancamiento de un fragmento óseo) de los puntos de inserción de los tendones: es muy común la avulsión de la cola del quinto metatarsiano, punto en el que se inserta el tendón del peroneo lateral corto.

Estas son las patologías más importantes relacionadas directamente con los tendones peroneos y podemos clasificarlas como lesiones primarias. Sin embargo, en relación con el atletismo, la patología de los tendones de los peroneos suele aparecer como lesiones secundarias a otra lesión o trastorno.

En estos casos la manifestación clínica más común es la tendinitis aguda, en la que se produce la inflamación de uno o de los dos tendones, lo que provocan los síntomas descritos. El mayor problema es que ambos tendones utilizan la misma vaina fibrosa que los envuelve, de manera que en zonas más estrechas, como en la región retromaleolar, la inflamación de una de las estructuras provoca un atrapamiento que impide que ambos tendones se deslicen adecuadamente durante el movimiento del pie.

Siempre que tenemos una lesión nuestro cuerpo intenta proteger la zona mediante compensaciones musculares o mediante modificación de posturas y gestos. En el caso del pie, además de una posible lesión inicial hay que prestar atención a alteraciones de la estática (pie plano, pie cavo, hiperpronación…), ya que se suelen cambiar las cargas o modificar el paso durante la marcha, y ahí es donde los peroneos suelen sufrir lesiones secundarias a una lesión inicial. Esa adaptación de las cargas o de los movimientos provoca un mayor estrés en los músculos y tendones peroneos llegando a producir la inflamación y todos los síntomas descritos.

Tratamiento.

En cuanto a cómo tratar estas patologías todo depende de cuál sea la causa y se debe analizar cada caso personalmente para ver qué tipo de tratamiento se debe llevar a cabo, siendo la cirugía muy adecuada en los casos de peroneus quartus, os peroneum o rotura del retináculo superior; sin embargo en el caso de las tendinitis agudas se puede hacer un tratamiento más conservador, basado en medidas antiinflamatorias y en fisioterapia.

Una vez diagnosticada la tendinitis el tratamiento inicial consistirá en reposo deportivo, aplicación de hielo local y la utilización de electroterapia regenerativa como los campos magnéticos y el ultrasonido, y si es posible, visitar al médico para que nos recomiende algún fármaco antiinflamatorio. Una vez reducida la inflamación el fisioterapeuta planificará un tratamiento acorde a la evolución de la patología y una progresiva vuelta al entrenamiento cuando lo considere oportuno.

El mayor problema de una tendinitis es que si no se le da la importancia debida se puede convertir en una tendinosis, donde ya no existe una inflamación de las estructuras dañadas y ya no se trata de una fase inicial o aguda de la lesión. Una tendinosis es una lesión crónica del tendón en la que éste sufre una degeneración del tejido que puede provocar dolor crónico y dificultar la actividad deportiva de forma permanente.

A veces cuesta mucho dejar de practicar nuestra actividad deportiva por una ligera molestia o por lesiones “poco importantes”, pero no hacerlo puede suponer, no sólo que dicho problema empeore sino también la aparición de patologías secundarias. Las tendinitis de los músculos peroneos suelen aparecer en estos casos y su resolución a veces es más complicada que la lesión inicial.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta.
Colegiado nº 2.973

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Fascitis Plantar

La fascia plantar es una estructura aponeurótica que recubre la musculatura de la región plantar del pie y que tiene una importante función durante la marcha, colaborando en el mantenimiento del arco plantar. Mientras caminamos, el apoyo del talón contra el suelo provoca que la fascia plantar se estire y alcance la tensión necesaria para que, cuando terminemos de apoyar todo el pie, el choque suelo-pie no sea tan brusco. Podríamos hablar de una amortiguación natural que llevan a cabo nuestros pies, a través de su estructura anatómica, para reducir al máximo el impacto.

Si tenemos en cuenta que mientras corremos el impacto contra el suelo es mayor que cuando caminamos, podemos entender que la lesión de esta estructura sea más significativa en corredores habituales. Es lo que se conoce como fascitis plantar.La fascitis plantar es una inflamación de dicha fascia que genera una retracción o acortamiento de la misma y cursa con dolor en la planta del pie, más localizado normalmente en la zona de inserción de su haz fibroso, es decir, en la parte anterior e inferior del hueso calcáneo (hueso que forma el talón). El dolor suele ser más intenso cuando se camina en exceso, o también por la mañana en los primeros apoyos después de levantarse de la cama.

Causas

Las causas por las que aparece este tipo de lesión son muchas y es muy importante identificar qué es lo que nos está provocando el problema para poder solucionarlo. De ellas, las más comunes son: cambio de calzado o uso de calzado incorrecto (con poca amortiguación o pisada incorrecta); uso excesivo de chanclas o calzado similar que no tenga sujeción posterior; alteración de la estática y/o dinámica del pie acaecida por cualquier tipo de lesión anterior o situación que nos obligue a caminar y a apoyar el pie de manera distinta a la fisiológica; cambio de tipo de entrenamiento o cambio de superficie sobre la que se lleva a cabo (generalmente cuanto más duro es un terreno más posibilidades hay de que aparezca la lesión).

En la mayoría de los casos el problema se produce por una sobrecarga excesiva de los gemelos que provoca un exceso de pronación de los pies, lo que a su vez nos conduce a un estiramiento prolongado de la fascia plantar y a una ineficacia en la capacidad de amortiguación. De manera que cuando hablamos de una fascitis plantar nunca podemos dejar de lado a los gemelos y al músculo soleo (tríceps sural).

Siempre se dice que es muy importante que en todo deporte el gesto deportivo sea correcto, lo más técnico posible. El hecho de que para practicar running no haga falta nada más que unas zapatillas y ropa deportiva no implica que cuando lo practiquemos, cualquiera que sea el nivel, debamos hacerlo incorrectamente. Cuando los corredores somos “muy populares”, como el que firma este artículo, podemos caer en el error de correr forzando mucho los gemelos, ya que viciamos nuestro gesto deportivo levantando muy poco las rodillas. Esto genera una sobrecarga del tríceps sural generando lesiones como la fascitis plantar, entre otras.

El hecho de levantar las rodillas hace que demos más implicación al cuádriceps y esto hace que la zancada sea mucho más limpia, dando más tiempo a que el pie que lanzamos hacia delante se prepare para apoyar adecuadamente el talón y así la amortiguación del pie se lleve a cabo correctamente. El único problema es que este gesto implica un mayor gasto cardiovascular y por eso a los corredores “más populares” nos cuesta tanto hacer una zancada más técnica. Pero hay que mejorarlo y entrenarlo para avanzar técnicamente y para evitar lesiones.

Prevención y tratamiento.

Para prevenir una fascitis plantar debemos conocer cómo es la estática y la dinámica de nuestros pies, utilizar el calzado adecuado, usar plantillas si es preciso, cuidar el terreno sobre el que entrenamos, adecuarnos paulatinamente a los cambios de entrenamiento, vigilar y mejorar nuestra técnica y mantener los gemelos en un buen estado.

Si a pesar de todo el empeño comienza a aparecer dolor en la planta del pie, una visita a un fisioterapeuta puede ayudar a identificar la lesión de forma temprana, lo que es muy importante, ya que esta lesión tiende a cronificarse y producir otro tipo de problemas que pueden mantenernos mucho tiempo en el “dique seco” (espolón calcáneo).

Una vez instaurada una fascitis plantar lo primero que cualquier fisioterapeuta os va a recomendar es reposo deportivo, y os puedo asegurar que si no se lleva a cabo las opciones de una adecuada recuperación disminuyen considerablemente. A continuación hay que identificar qué es lo que provoca la lesión, y partir de ahí, sesiones de masaje y estiramientos tanto de la fascia plantar como de los gemelos y del soleo, junto con ultrasonido, termoterapia, crioterapia en caso de inflamación aguda, electroterapia analgésica y en casos recidivantes o más complejos el uso de vendajes funcionales o vendajes neuromusculares (kinesio taping) puede resultar adecuado.

La fascitis plantar es una de las lesiones más comunes entre los corredores habituales, por tanto es importante que, una vez conocido más a fondo el problema, podamos prevenirlo y evitarlo, pero en el caso de que comencemos con los síntomas hay que tratarlo lo antes posible. Y más vale unas semanas de reposo deportivo “voluntario” que unos meses de parón “obligado”.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta.

Colegiado nº 2.973

 

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