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Autotratamiento para estiramiento capsular, muscular y ligamentoso de la articulación sacroiliaca. Ejercicio recomendado para embarazadas.

Tres fases de estiramiento:

 

Tres fases de estiramiento: Foto1- sentado se realiza una flexión de rodilla y se mantiene la posición 10″, para estirar el músculo piramidal y la articulación sacroiliaca.

Foto2-sentado se coloca el tobillo sobre la rodilla contraria y se presiona hacia el suelo durante 10″ para estiramiento de la articulación sacroiliaca.

Foto3- sentado se lleva la rodilla hacia el hombro contralateral durante 10″ para estiramiento de los ligamentos de la región sacroiliaca.

 

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Nagore Gogenola 
Fisioterapeutas Fisiosalud+Alcobendas

 

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FS+Ejemplo de ejercicio hipopresivo, alternativa a los abdominales clásicos.

Suelo Pélvico, el gran desconocido de la anatomía de la mujer

El suelo pélvico es el gran desconocido de la anatomía de la mujer, sin embargo tiene gran importancia para una buena calidad de vida.

Es un conjunto de músculos que cierran la pelvis por su parte inferior. Estos músculos deben presentar un buen estado, ser flexibles pero a la vez fuertes para ayudar a controlar la micción, defecación y parto.

Este puente anatómico de ligamentos y músculos presenta una estructura dinámica que se adecua a nuestros movimientos y posturas.

El suelo pélvico se conecta con el exterior a través de 3 orificios. En su parte más anterior, la vejiga conecta con la uretra, en la línea media el útero se conecta con la vagina y posteriormente, el ano conecta el recto con el exterior.

Entre las funciones de suelo pélvico encontramos:

  • ESTABILIZAR REGIÓN LUMBOPÉLVICA junto al TRANSVERSO DEL ABDOMEN

Si los músculos que forman el suelo pélvico o el transverso no tienen fuerza o control suficiente puede provocar dolor lumbar. En embarazadas es muy típico presentar una debilidad de este músculo y su consecuente dolor lumbar.

El transverso abdominal es el músculo más profundo de los abdominales. Tiene forma de faja y recubre todas nuestras vísceras desde las vértebras lumbares donde se origina hasta el abdomen, donde queda insertado por debajo de los oblícuos y del recto abdominal, presionando los órganos intestinales hacia dentro y protegiendo la salud de la columna vertebral.
Se activa automáticamente en acciones reflejas como toser o reír, pero el resto del día tiende a relajarse, ya que no trabaja en absoluto en posiciones sedentarias (sentado o quieto).

  • SOSTÉN DE LAS VISCERAS PÉLVICAS JUNTO SISTema FASCIAL Y LIGAMENTOSO

La maya que forma los músculos del suelo pélvico sirve de soporte para las vísceras (vejiga, útero, recto).

Una debilidad de esta pared muscular puede provocar el descenso, o incluso su prolapso (salida).

La solución en la mayoría de los casos es quirúrgica donde se realiza una colocación de una maya de soporte para devolver a su sitio la matriz (prolapso uterino), vejiga (cistocele) o el recto (rectocele)

FS+Ejemplo de ejercicio hipopresivo, alternativa a los abdominales clásicos.

 

  • AYUDA EN EL CIERRE ESFINTERIANO EVITANDO LA SALIDA DE LA ORINA, HECES Y GASES – PERMITE MICCIÓN, DEFECACIÓN Y PARTO

Cuando estos músculos se debilitan, una de las consecuencias puede ser la incontinencia urinaria/fecal o pérdida involuntaria de la orina. En ocasiones estas pérdidas se producen por esfuerzos físico y otras por actividades de la vida cotidiana, tales como toser, estornudar, reír o levantar pesos pesados.

Como con cualquier músculo del cuerpo, el ejercicio repetido del suelo pélvico fortalece los músculos que lo componen y, en determinados casos, puede ayudar a reducir los episodios de incontinencia urinaria.

 

Ana Rivero

Fisioterapeuta Fisiosalud+ Alcobendas

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REPERCUSIÓN DE LA DISFUNCIÓN DE ESTÓMAGO SOBRE EL SISTEMA MÚSCULO- ESQUELÉTICO

Nuestros órganos antes de sufrir una enfermedad pasan por un mal funcionamiento del mismo, una disfunción. Nuestro cuerpo nos avisa de una serie de síntomas, dolores reflejos y alteraciones en músculos y articulaciones propios de cada órgano.

La relación del estómago con el sistema músculo- esquelético es muy frecuente en el día a día y se puede ver reflejada en dos situaciones.

La primera se trata de la alteración del sistema nervioso del estómago debido a una obsesión en el ámbito social, económico y en el trabajo. La segunda se caracteriza por ardor de estómago ocasionado por una disfunción hepática debido a una mala alimentación o estrés.

 

Función del estómago

 

El estómago es un órgano compuesto por varias capas musculares fuertes. Situado debajo de la caja torácica del lado izquierdo, el estómago, se encuentra entre el esófago y el intestino delgado. En él comienza la digestión de las proteínas, almacena la comida deglutida, mezcla la comida con los ácidos gástricos y envía la comida hacia el intestino delgado.

 

Síntomas de la disfunción de estómago

 

Los síntomas más frecuentes de la disfunción del estómago son: la disfagia(dificultad para tragar) y la acidez o ardor. Si persisten estos síntomas pueden afectar al esófago, garganta (pudiendo producir afonía)o bronquios (crisis asmática por vapor de ácido clorhídrico).

 

Disfunciones comunes de estómago

 

–     Ptosis de estómago: caída del estómago.

–       Cardias incompetente: incapacidad del cardias ( válvula que evita que los alimentos regresen al esófago) para que los alimentos se queden dentro del estómago.

–       Hernia de hiato: desplazamiento de una parte del estómago a través del orificio esofágico del diafragma.

–       Reflujo gastro-esofágico: sentir que los alimentos después de haber comido regresan a la boca.

 

Síntomas reflejos en el sistema músculo- esquelético

 

–               Contracturas en la región interescapular ( mas la izquierda) hasta las cervicales bajas, pudiendo llegar a provocar una tortícolis.

–               Tensión en el diafragma debido a la unión ligamentosa entre diafragma y estómago

–               Dolor a nivel de las 5ª-6ª vértebras dorsales

–               Hormigueo y acorchamiento de la mano izquierda debido a un bloqueo en la primera costilla izquierda

–               Dolor en ambos trapecios

–               Tendinitis en el hombro izquierdo acompañado de dolor en región interescapular, escápula izquierda, primera costilla izquierda… Nos encontramos ante un problema de estómago que puede cursar sin acidez o con acidez dependiendo del origen del problema.

 

 

Tratamiento

 

Para el tratamiento de las disfunciones de estómago relacionadas con el sistema músculo- esquelético se requiere de la realización de numerosas técnicas osteopáticas, alimentación adecuada a cada paciente y a cada patología y ejercicio físico. A continuación pasamos a detallar las técnicas a realizar:

 

–               Desbloquear mediante técnicas osteopáticas la región cervical, dorsal, lumbar…

–               Descontracturar la región subocciptal, cervical y dorsal.

–               Estirar la musculatura afectada.

–               Tratamiento osteopático craneal.

–               Tratamiento osteopático visceral ( estómago, duodeno…)

–               Electroterapia.

–               Dieta específica para mejorar la función del estómago.

 

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Foto1:DOLORES REFERIDOS DE ESTOMAGO Y DUODENO

 

 

 

                                                                     NAGORE GOGENOLA UNIBASO

FISIOTERAPEUTA FISIOSALUD+ ALCOBENDAS

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La Rodilla del Corredor

La rodilla es una articulación muy compleja que sufre mucho con cualquier deporte de impacto como ocurre en el running. Hay que fijarse que, por un lado, ha de ser muy móvil para poder desplazarnos y por el otro, tiene que ser muy estable para poder mantenernos en pie, como una columna.

¿Y cómo es posible que en una misma articulación se sumen conceptos tan opuestos como movilidad y estabilidad? Esto es posible gracias a su complejidad biomecánica y a las numerosas estructuras tanto pasivas como activas que la forman. Sin embargo, esta peculiaridad también hace que sea una articulación muy vulnerable.

Lesiones de rodilla hay muchas, siendo muy numerosas aquellas que son consecuencia de un traumatismo tanto directo como indirecto debido a caídas, golpes, etc…, no obstante, vamos a centrarnos en aquellas patologías que no son consecuencia de un traumatismo agudo, sino en aquellas lesiones que van apareciendo paulatinamente por llevar a cabo gestos y movimientos repetitivos durante un período largo de tiempo.

Condropatía rotuliana: definición.

La condropatía rotuliana puede definirse como la lesión del cartílago articular que tapiza la cara posterior de la rótula. Podemos hablar de un proceso degenerativo del cartílago, que es considerado como normal en el envejecimiento, y que en determinadas circunstancias aparece a edades más tempranas en función de patologías que afectan a la rodilla o por el exceso de presión de la rótula sobre el fémur de forma repetitiva, como ocurre en el running. La condropatía rotuliana es común en los deportes en los que existe un fuerte impacto de los miembros inferiores sobre el suelo y es muy frecuente en los atletas que practican carreras de larga distancia.

Mecanismo de lesión. Problemas de alineación.

En condiciones normales la rótula se desliza sobre el fémur durante los movimientos de flexión y extensión a través de un “carril” que éste presenta y que se conoce como tróclea femoral, que al igual que la cara posterior de la rótula está tapizado por cartílago articular. De esta forma, durante la extensión, la rótula asciende hasta situarse por encima de los cóndilos femorales, y a medida que la rodilla se va flexionando la rótula desciende a través de la tróclea femoral aumentado el contacto de las superficies articulares.

Una vez entendido esto es fácil suponer que una buena alineación de la rótula en toda la fase del movimiento es fundamental para que la biomecánica sea correcta; sin embargo, existen múltiples casos en los que esto no es así y pasaríamos a hablar del “síndrome de mala alineación patelar”, que es muy común en muchos corredores y que en la mayoría de los casos está asociado a una hiperpronación del pie.

Sintomatología.

El síntoma más importante y característico es el dolor en la región anterior de la rodilla, relacionado con la actividad deportiva, y que empeora según se incrementa el ritmo y/o la intensidad de dicha actividad. A partir de aquí los síntomas pueden aparecer en nuestra vida diaria y suelen aumentar muy a menudo en ciertos gestos como al subir y bajar escaleras.

A veces pueden aparecer crepitación y crujidos, y en el caso de haber sufrido previamente una luxación o subluxación de la rótula, puede aparecer también inestabilidad rotuliana.

Para poder entender la posterior evolución de la lesión debemos entender en primer lugar qué es lo que duele y por qué. El cartílago articular no tiene terminaciones nerviosas, de manera que no se puede sentir dolor propio del cartílago, y tampoco llegan a él vasos sanguíneos, con lo que se nutre exclusivamente del líquido sinovial de la articulación.

Entonces, ¿de dónde viene el dolor? Lo que ocurre es que el cartílago se va degenerando, va perdiendo consistencia, se cuartea y empieza a no ser eficaz en su función de amortiguación de los impactos, de manera que el hueso subcondral (parte de hueso que tapiza dicho cartílago y que está inmediatamente por debajo de éste) comienza a recibir una mayor carga en cada impacto. El dolor aparece porque el hueso subcondral sí está inervado y, consecuentemente, está sufriendo mayor carga de lo habitual.

Tratamiento.

Como en todas las lesiones la evolución varía en función de múltiples factores tanto internos como externos. Si el problema aparece como consecuencia de alguna patología pasada o por alguna alteración de la estática o de la dinámica del miembro inferior, habrá que corregir éstas (hiperpronación del pié, síndrome de mala alineación patelar, luxaciones o subluxaciones recidivantes de rótula, etc.). Tampoco deberíamos olvidar que en muchas ocasiones el uso de unas zapatillas inadecuadas puede provocar cambios en los apoyos y en las cargas que pueden reproducir el problema.

Sin embargo, vamos a centrarnos en aquellos casos en los que, sin existir patología previa ni ninguna otra alteración, comienzan a manifestarse los síntomas.

La primera medida a tomar es el reposo deportivo relacionado con cualquier actividad que implique contacto contra el suelo. El hueso subcondral está sufriendo a cada impacto, así que debemos disminuirlo todo lo posible.

Desde el punto de vista fisioterápico, en esta primera fase no se puede hacer gran cosa, salvo intentar disminuir el derrame articular y el edema si lo hubiera, utilizando las diferentes técnicas de electroterapia de las que se dispone, crioterapia y masaje evacuatorio si fuera preciso. Existe una complicación muy común en estos casos de la que hablaremos en próximos artículos y que sí puede tratarse durante esta fase: tendinitis del tendón rotuliano.

Con el reposo deportivo y las medidas indicadas ayudamos a nuestro cuerpo a reaccionar frente al problema. Como el hueso subcondral está sufriendo una mayor sobrecarga nuestro cerebro “ordena” aumentar la actividad osteoblástica y se produce un refuerzo en la zona afectada para protegerlo (esclerosis ósea). Esto consigue que el dolor disminuya e incluso que desaparezca, pero la lesión del cartílago perdurará en el tiempo.

Desde el punto de vista médico se suelen utilizar tratamientos farmacológicos con sustancias presentes en el líquido sinovial de la articulación para ayudar a reforzar la nutrición del cartílago (ácido hialurónico, mucopolisacáridos, etc.), lo que puede frenar de alguna manera el proceso degenerativo. Pero lo que se ha destruido no se recupera, ya que el cartílago no tiene poder regenerativo al no estar vascularizado. A veces incluso se intenta aumentar la densidad del líquido sinovial para espesarlo ligeramente y ayudar a amortiguar más las cargas.

En una fase más subaguda, y siempre y cuando no exista derrame articular, la fisioterapia puede ayudarnos mediante ejercicios que tonifiquen el cuádriceps. Con esto se conseguirá estabilizar el movimiento de la rótula sobre el fémur reduciendo el exceso de presión, aunque siempre debe ser supervisado por un fisioterapeuta ya que hay ejercicios que pueden ser perjudiciales.

Para los casos más crónicos y graves o para deportistas de élite, el tratamiento quirúrgico es una opción: microperforaciones, autoinjertos de cartílago, cultivos de condrocitos, etc. Es una manera de poner freno a la lesión pero no es una garantía para volver a la práctica del running.

Conclusión.

Este tipo de lesiones son un desgaste estructural producido por el exceso de presión de las superficies articulares y la única manera de frenarlo es poner fin a la actividad que lo ha producido, al menos en un principio.

Aunque es cierto que en muchos casos (los más leves) el reposo durante un tiempo puede hacer desaparecer el dolor, eso no significa que el problema haya desaparecido. Lo que ocurre es que nuestro cuerpo intenta protegerse, pero no es definitivo: es muy posible que si volvemos a entrenar con intensidad o con tiradas muy largas el problema vuelva con el tiempo.

En el mejor de los casos, una vez desaparecidos los síntomas, puede que podamos seguir practicando el running pero sin abusar de la duración, la frecuencia y la intensidad de los entrenos. No obstante lo más recomendable es visitar a tu fisioterapeuta para hacer una valoración personalizada del caso, ya que cada persona se puede comportar de diferente manera ante el mismo problema.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta
Col. nº 2.973

foto: rodillacorredor.es

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Fascitis Plantar

La fascia plantar es una estructura aponeurótica que recubre la musculatura de la región plantar del pie y que tiene una importante función durante la marcha, colaborando en el mantenimiento del arco plantar. Mientras caminamos, el apoyo del talón contra el suelo provoca que la fascia plantar se estire y alcance la tensión necesaria para que, cuando terminemos de apoyar todo el pie, el choque suelo-pie no sea tan brusco. Podríamos hablar de una amortiguación natural que llevan a cabo nuestros pies, a través de su estructura anatómica, para reducir al máximo el impacto.

Si tenemos en cuenta que mientras corremos el impacto contra el suelo es mayor que cuando caminamos, podemos entender que la lesión de esta estructura sea más significativa en corredores habituales. Es lo que se conoce como fascitis plantar.La fascitis plantar es una inflamación de dicha fascia que genera una retracción o acortamiento de la misma y cursa con dolor en la planta del pie, más localizado normalmente en la zona de inserción de su haz fibroso, es decir, en la parte anterior e inferior del hueso calcáneo (hueso que forma el talón). El dolor suele ser más intenso cuando se camina en exceso, o también por la mañana en los primeros apoyos después de levantarse de la cama.

Causas

Las causas por las que aparece este tipo de lesión son muchas y es muy importante identificar qué es lo que nos está provocando el problema para poder solucionarlo. De ellas, las más comunes son: cambio de calzado o uso de calzado incorrecto (con poca amortiguación o pisada incorrecta); uso excesivo de chanclas o calzado similar que no tenga sujeción posterior; alteración de la estática y/o dinámica del pie acaecida por cualquier tipo de lesión anterior o situación que nos obligue a caminar y a apoyar el pie de manera distinta a la fisiológica; cambio de tipo de entrenamiento o cambio de superficie sobre la que se lleva a cabo (generalmente cuanto más duro es un terreno más posibilidades hay de que aparezca la lesión).

En la mayoría de los casos el problema se produce por una sobrecarga excesiva de los gemelos que provoca un exceso de pronación de los pies, lo que a su vez nos conduce a un estiramiento prolongado de la fascia plantar y a una ineficacia en la capacidad de amortiguación. De manera que cuando hablamos de una fascitis plantar nunca podemos dejar de lado a los gemelos y al músculo soleo (tríceps sural).

Siempre se dice que es muy importante que en todo deporte el gesto deportivo sea correcto, lo más técnico posible. El hecho de que para practicar running no haga falta nada más que unas zapatillas y ropa deportiva no implica que cuando lo practiquemos, cualquiera que sea el nivel, debamos hacerlo incorrectamente. Cuando los corredores somos “muy populares”, como el que firma este artículo, podemos caer en el error de correr forzando mucho los gemelos, ya que viciamos nuestro gesto deportivo levantando muy poco las rodillas. Esto genera una sobrecarga del tríceps sural generando lesiones como la fascitis plantar, entre otras.

El hecho de levantar las rodillas hace que demos más implicación al cuádriceps y esto hace que la zancada sea mucho más limpia, dando más tiempo a que el pie que lanzamos hacia delante se prepare para apoyar adecuadamente el talón y así la amortiguación del pie se lleve a cabo correctamente. El único problema es que este gesto implica un mayor gasto cardiovascular y por eso a los corredores “más populares” nos cuesta tanto hacer una zancada más técnica. Pero hay que mejorarlo y entrenarlo para avanzar técnicamente y para evitar lesiones.

Prevención y tratamiento.

Para prevenir una fascitis plantar debemos conocer cómo es la estática y la dinámica de nuestros pies, utilizar el calzado adecuado, usar plantillas si es preciso, cuidar el terreno sobre el que entrenamos, adecuarnos paulatinamente a los cambios de entrenamiento, vigilar y mejorar nuestra técnica y mantener los gemelos en un buen estado.

Si a pesar de todo el empeño comienza a aparecer dolor en la planta del pie, una visita a un fisioterapeuta puede ayudar a identificar la lesión de forma temprana, lo que es muy importante, ya que esta lesión tiende a cronificarse y producir otro tipo de problemas que pueden mantenernos mucho tiempo en el “dique seco” (espolón calcáneo).

Una vez instaurada una fascitis plantar lo primero que cualquier fisioterapeuta os va a recomendar es reposo deportivo, y os puedo asegurar que si no se lleva a cabo las opciones de una adecuada recuperación disminuyen considerablemente. A continuación hay que identificar qué es lo que provoca la lesión, y partir de ahí, sesiones de masaje y estiramientos tanto de la fascia plantar como de los gemelos y del soleo, junto con ultrasonido, termoterapia, crioterapia en caso de inflamación aguda, electroterapia analgésica y en casos recidivantes o más complejos el uso de vendajes funcionales o vendajes neuromusculares (kinesio taping) puede resultar adecuado.

La fascitis plantar es una de las lesiones más comunes entre los corredores habituales, por tanto es importante que, una vez conocido más a fondo el problema, podamos prevenirlo y evitarlo, pero en el caso de que comencemos con los síntomas hay que tratarlo lo antes posible. Y más vale unas semanas de reposo deportivo “voluntario” que unos meses de parón “obligado”.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta.

Colegiado nº 2.973

 

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TRABAJAR EL MÚSCULO TRANSVERSO ABDOMINAL PARA PREVENIR LESIONES

Para que nuestro entrenamiento físico sea completo y casi independientemente del deporte que practiquemos, ya seamos corredores, tenistas, nadadores… el fortalecimiento abdominal debe ser una tarea a incluir para lograr un cuerpo funcional, equilibrado y con ello prevenir las lesiones que nos obligan muchas veces al “parón deportivo”. Pero, ¿sabemos fortalecer correctamente nuestra musculatura abdominal?

Los músculos que componen la pared anterior del abdomen son el transverso del abdomen, recto anterior y los oblicuos interno y externo.En esta primera toma de contacto, quiero dedicarlo al músculo transverso del abdomen, ese gran desconocido.El músculo transverso abdominal es el más profundo de los músculos anchos del abdomen, se encuentra situado en la parte anterior y lateral del mismo y sus fibras son transversales. Contribuye a la micción, defecación, vómitos, tos, parto, espiración forzada… pero también tiene un componente importante como estabilizador de la columna lumbar a través de sus uniones sobre todo a nivel fascial (envolturas de tejido conjuntivo que envuelven, aíslan y a la vez relacionan a nuestros músculos unos con otros).

Ahora bien, ¿cómo lo activamos? Sobre todo es un trabajo de concentración. Para ello vamos a realizar una contracción isométrica (estática) del músculo transverso abdominal que estabiliza la región lumbar al disminuir la lordosis lumbar (curva natural de la zona baja de nuestra columna). Pongamos un ejemplo: nos situamos tumbados boca arriba en una colchoneta, cabeza en posición de reposo apoyada en una almohada o toalla, caderas y rodillas flexionadas con las plantas de los pies en contacto con la colchoneta y las manos situadas en la región abdominal sobre la zona del ombligo. Cogeremos aire por la nariz (inspiración relajada, no profunda) y espiramos por la boca a la vez que contraemos el abdomen con el objetivo de llevar nuestro ombligo hacia arriba (en dirección a nuestra cabeza) y hacia atrás (a la espalda).

Para incluir el trabajo del transverso del abdomen en nuestra rutina de entrenamiento abdominal os animo a que probéis a realizar esta contracción isométrica previa a la contracción de los rectos abdominales en la flexión de tronco, conocido en Pilates como chest lift. Seguimos con el ejemplo anterior (tumbados boca arriba, caderas y rodillas flexionadas con plantas de pies apoyados y añadiremos cabeza sujeta con manos): cogemos aire por la nariz, espiramos a la vez que contraemos abdomen (“metemos ombligo hacia arriba y hacia la espalda”) y aún soplando flexionamos tronco adelante; inspiramos al descender hasta apoyar de nuevo la espalda en la colchoneta.

Esta es una de las ideas esenciales del Método Pilates cuyo mentor puso especial atención al fortalecimiento de la musculatura abdominal para mantener el equilibrio corporal y dar estabilidad y firmeza a la columna vertebral.

LAURA RUIZ ESPEJO

Fisioterapeuta Fisiosalud+

 

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