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EPICONDILITIS I: QUÉ ES Y POR QUÉ SE PRODUCE

¿Quién no ha oído hablar del famoso “codo de tenista”? Incluso quien no practica deportes de raqueta. En este artículo vamos a tratar de explicar qué es exactamente una epicondilitis o “codo de tenista”, qué estructuras están implicadas en dicho proceso y por qué puede aparecer sobre todo en el mundo de la raqueta, y más concretamente en el pádel.

La palabra epicondilitis viene de una estructura anatómica localizada en el codo que se denomina epicóndilo y del sufijo –itis que significa inflamación. Podemos hablar de epicóndilo lateral o epicóndilo medial (también conocido por epitróclea), y en ambas zonas podemos sufrir lesiones muy parecidas aunque con connotaciones diferentes.

El epicóndilo lateral sirve de anclaje para la musculatura epicondílea, que son básicamente los músculos responsables de la extensión de la muñeca y dedos, y de la supinación del antebrazo. El movimiento de supinación es el que, manteniendo el codo en flexión de 90º, lleva la palma de la mano hacia arriba.

Estos músculos parten de tendones insertados en el epicóndilo y forman una masa muscular palpable que, según se acerca a la muñeca, se va transformando en un tejido conjuntivo en forma de tendones, cuya inserción se encontrará en distintas estructuras anatómicas de la mano.

Esta musculatura es muy importante en los movimientos que se imprimen en el pádel y, en general, en todas aquellas actividades en las que se empuña algo con fuerza.

SINTOMAS

La epicondilitis es una entesitis, es decir, una tendinitis de la porción del tendón que se inserta en el hueso, y cursa con inflamación local, tumefacción, crepitación, dolor agudo e insidioso a la palpación, a la contracción y al estiramiento. El dolor puede irradiarse hacia la parte externa del antebrazo y puede provocar pérdida de fuerza prensil en la mano. En una fase temprana, el dolor se instaura al inicio del ejercicio y poco a poco va desapareciendo, hasta que vuelve durante el reposo posterior. En una fase aguda el dolor está presente constantemente y se acentúa con el movimiento; es la fase más incapacitante y no nos permite continuar con nuestra actividad.

El dolor se localiza de una manera muy puntual en el mismo hueso, y aparece la duda de que el hueso esté dañado o no. El tendón, cuando se inserta en el hueso, lo hace a través de una película que recubre el hueso y que se llama periostio; éste se irrita, se inflama y produce ese dolor óseo tan característico. Normalmente acudimos al médico o al fisioterapeuta cuando estamos en esta fase aguda, porque es cuando va apareciendo el dolor más intenso.

Existe una fase previa por la que todos los jugadores pasan muy a menudo y que, si no se le presta atención, puede evolucionar en una epicondilitis. Antes de que la región del epicóndilo comience a presentar síntomas de inflamación, suele aparecer una sobrecarga de la musculatura correspondiente debido a múltiples causas. Si prevenimos estas sobrecargas y cuidamos su evolución podemos disminuir bastante la probabilidad de sufrir esta patología.

El proceso patológico, como en cualquier tendinitis, puede evolucionar a una fase crónica y convertirse en una epicondilosis, donde ya no existen signos inflamatorios y sí un proceso degenerativo crónico del tendón, que puede llevar al deportista incluso a abandonar la competición.

CAUSAS

Aunque esta lesión puede venir provocada por un traumatismo directo sobre la zona, la mayoría de los casos tienen relación con movimientos de repetición relacionados con la actividad deportiva o también con la actividad laboral.

Las causas más importantes tienen relación con el gesto deportivo, con lo que un trabajo de entrenamiento y adiestramiento de cada uno de los movimientos implicados en la actividad es fundamental para prevenir la lesión.

El movimiento de revés es el que más implicación tiene, ya que partimos de una posición en la que el codo, la muñeca y los dedos están en flexión (éstos últimos haciendo prensa sobre la pala), y en esta postura la musculatura epicondílea se encuentra en máximo estiramiento. En el momento del golpeo de la bola se produce una contracción muy brusca y rápida de dicha musculatura y la repetición de este movimiento bola tras bola y día tras día facilita la aparición del problema, sobre todo si el gesto deportivo no es el más correcto.

Pero también tienen una gran implicación en el proceso los materiales con los que trabajamos en el desarrollo de la actividad deportiva, y su influencia puede ser muy importante:

Una pala inadecuada para nuestro nivel, altura, peso, constitución, etc.

Un reciente cambio de pala.

Una empuñadura demasiado gruesa o demasiado fina.

La colocación incorrecta del grip de la empuñadura.

Una bola inadecuada o en condiciones diferentes a las que estamos acostumbrados (lluvia, frío intenso).

Cambios recientes en los tipos de entrenamiento.

Y definitiva, cualquier cosa que pueda hacer variar nuestras sensaciones normales durante el golpeo de la bola y que nos haga variar la calidad de nuestro gesto deportivo.

Comentábamos previamente que la repetición de movimientos es la causa más importante en estos procesos, con lo que hay que tener en cuenta que aunque todo el material que utilicemos sea el correcto, nuestro gesto deportivo sea perfecto y todas las condiciones requeridas sean idóneas, durante la actividad estamos constantemente repitiendo una serie de movimientos, y que dicha repetición por sí misma provoca tensiones y sobrecargas que si no prestamos atención pueden derivar en este tipo de patologías.

En el próximo número veremos cómo prevenir este tipo de patología y qué es lo que la fisioterapia puede ofrecer tanto para dicha prevención como para el tratamiento.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta

Col. nº 2.973

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EPICONDILITIS II: PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

En el artículo anterior pudimos conocer qué es una epicondilitis, cómo se comporta en relación al pádel y qué causas lo produce.

En resumen, lo que tiene que quedar claro es que, salvo trauma previo sobre la zona, se trata de una lesión que tiene que ver con pequeños microtraumatismos producidos por la repetición de movimientos relacionados con el gesto deportivo, y que incluso tomando todas las precauciones posibles y teniendo una técnica perfecta, el hecho de repetir los mismos movimientos puede ocasionar molestias que siempre hay que vigilar.

Prevención

Primero echemos un vistazo a nuestro equipamiento, ya que no sólo se trata de coger una pala de pádel cualquiera, un compañero de juego y una pista para jugar. La pala debe ser la adecuada a nuestro nivel técnico y a nuestra complexión física, y no sólo eso, debemos hacerla nuestra y sentirla como una prolongación de nuestro brazo. Una pala más o menos pesada de lo debido disminuirá nuestro rendimiento y puede originarnos lesiones. Siempre es bueno pedir consejo a algún experto que nos pueda orientar.

Normalmente, cuando empezamos a jugar al pádel, lo hacemos por nuestra cuenta hasta que poco a poco se va convirtiendo en una “adicción” (siempre positiva). Lo lógico es que todos podamos cometer más o menos fallos técnicos y si nadie nos corrige podemos automatizar ciertos movimientos que a medio o largo plazo puedan lesionarnos. Por eso, llegado el momento, deberíamos tomar algunas clases con técnicos especializados para saber si lo estamos haciendo bien, mejorar nuestra técnica y, por qué no, también ganar en destreza.

Un error inicial muy común y que puede ocasionar diferentes lesiones como epicondilitis o epitrocleitis es coger la pala con excesiva fuerza debido a la tensión, los nervios, la imprecisión de la técnica, etc. Una fuerza prensil excesiva aumentará el tono muscular de la musculatura flexora y también de la extensora, lo que a la larga podría poner en marcha la fisiopatología de las lesiones descritas. El uso del grip de la empuñadura es muy importante en relación a la presión que podemos hacer, ya que un buen ajuste de la palma de la mano con la pala es fundamental en la “relación” que tendremos con ella durante su manejo. Igual que en la técnica, un experto nos podrá orientar tanto en grosor como en la colocación del grip.

Tratamiento preventivo

Ya tenemos contralado todo lo relacionado con el equipamiento y también comenzamos con algunas clases para mejorar nuestra técnica y corregir los posibles errores, de manera que en teoría todo lo hacemos bien y no hay motivos para sufrir una epicondilitis. Sea esto cierto o no, es muy normal que el ritmo de entrenamientos, partidos, los cambios en las condiciones de la pista, bola, etc, nos pueden originar sobrecargas y molestias que a medio plazo ocasionen ésta u otra lesión.

Como una rutina más dentro de nuestra preparación (técnica, entrenos, nutrición…) deberíamos incorporar un control fisioterápico para advertir a tiempo esas sensaciones que puedan ir apareciendo y así evitar que vayan a más. Eso, junto con una rutina de ejercicios y estiramientos será suficiente para tener nuestro antebrazo en forma.

Veamos unos ejemplos:

Trabajo muscular para los músculos epicondíleos o extensores de la muñeca con cintas elásticas de resistencia progresiva o con mancuerna. Con una resistencia que podamos controlar y apoyando el antebrazo completamente, colocamos la mano con la palma hacia abajo y abrazamos la cinta o mancuerna cerrando el puño. El movimiento se realiza de abajo a arriba contrarresistencia.

También se puede trabajar la musculatura epitroclear o flexora de la muñeca de la misma manera pero con la palma de la mano hacia arriba, sin embargo, normalmente existe una descompensación fisiológica entre la fuerza basal de la musculatura flexora y la extensora, siendo la primera más fuerte. Antes de trabajar esta musculatura sería recomendable consultar con tu fisioterapeuta.

Estos ejercicios de potenciación muscular sólo deben hacerse como trabajo preventivo para tonificarlos, pero nunca cuando hay molestias o dolor si el fisioterapeuta no lo ha pautado previamente.

Autoestiramiento de musculatura epicondílea o extensora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

Autoestiramiento de musculatura epitroclear o flexora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

Tratamiento

Hemos tomado previamente todas las medidas descritas y además estamos haciendo un tratamiento preventivo, pero aún así comenzamos a sufrir los síntomas descritos en el artículo anterior. Es el momento de consultar con un fisioterapeuta para que haga una exploración, una valoración, planifique un tratamiento y lo ponga en marcha. Cuidado con los llamados “pseduoprofesionales”, y recuerda que el fisioterapeuta es un profesional sanitario y como tal está legalmente capacitado para tratar estas dolencias.

El tratamiento se planificará en función de la fase en la que se encuentre la lesión. Si sólo se trata de una fase temprana que cursa con sobrecarga muscular y ligeras molestias, unas sesiones de masaje, estiramientos y termoterapia serían suficientes.

En el caso de una fase más aguda el tratamiento será más especializado: dirigido a aliviar el dolor y reducir la inflamación (en este caso se puede consultar con el médico para apoyar el tratamiento con antiinflamatorios). El fisioterapeuta utilizará diversas técnicas manuales, así como electroterapia, e irá adaptando el tratamiento en función de la evolución del paciente.

Actualmente está muy de moda utilizar técnicas de vendaje neuromuscular o kinesiotaping, que son esas tiras adhesivas de diversos colores que llevan muchos deportistas famosos y que, aunque muy eficaces en estos casos según la fase evolutiva de la sesión, no se colocan como un esparadrapo normal y corriente, ya que no son simplemente unas tiras que se ponen sobre la piel. La compleja técnica de trabajo basada en estos vendajes tiene su origen en Japón, y es necesario conocer cómo funciona y cómo debe colocarse.

Que nosotros mismos coloquemos tal cual una tira no sirve absolutamente para nada, e incluso podríamos llegar a agravar la lesión. Será el fisioterapeuta el que colocará el vendaje en función su conocimiento sobre la lesión y sobre la técnica.

Existe una fase crónica que se alcanza si el diagnóstico es muy tardío o el tratamiento inadecuado: epicondilosis. Este tipo de lesión es una evolución de la fase aguda que cursa con trastornos degenerativos del tendón y que presenta una problemática mayor. Además del trabajo de fisioterapia será necesario consultar con un traumatólogo para que valorar el alcance de la patología.

Ya sabemos qué es una epicondilitis y cómo actuar tanto para prevenirlo como para tratarlo en el caso de que se presente. Ahora sólo es necesario concienciarse de que un simple problema puede convertirse en una lesión que no nos permita disfrutar de nuestro deporte, ni desarrollar correctamente la funcionalidad del brazo en nuestra vida diaria.