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Los beneficios de correr hacia atrás

Dos estudios, uno de la Universidad de Milán (Italia) y otro de la Universidad de Stellenbosch (Sudáfrica), señalan que correr hacia atrás es mejor que hacerlo hacia delante y quema más calorías.

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Ambas investigaciones afirman que correr en reversa mejora el equilibrio, quema el doble de calorías, evita lesiones comunes entre quienes hacen deportes y favorece su recuperación.

  • Según el estudio realizado en Milán, la marcha atrás requiere un 30% más de energía que la corrida común. Asimismo, minimiza los problemas en las rodillas debido a que los pies impactan con mayor suavidad en el suelo cuando corremos de espaldas.
  • Por otro lado, la investigación sudafricana observó la evolución de dos grupos de mujeres: uno se ejercitaba corriendo del modo convencional y el otro hacia atrás. Como resultado, luego de cuatro semanas el segundo grupo perdió más peso y grasa corporal que el primero, además de ver favorecida su salud cardiorrespiratoria.
  • Aunque correr hacia atrás nos pueda parecer extraño, en varios países como Japón o el Reino Unido constituye una disciplina y un modo cada vez más popular de entrenamiento, conocido como “retro running”.

Protocolo EPTE para Tendinosis Aquilea

Protocolo EPTE para una tendinosis aquilea: aplicación en interfase superficial, profunda e intratendón, seguido de vendaje antiisquémico de McConnell.

Paciente que arrastra la lesión de hace tiempo cada vez que sale a correr. Presenta degeneración del tejido tendinoso confirmado ecográficamente. Después de 5 – 7 semanas, con la aplicación de la electrolisis y el protocolo de trabajo semanal, se forman nuevas fibras de colágeno y se produce una regeneración completa del tejido lesionado.

 

EPTE FS 1EPTE FS3EPTE FS2EPTE FS4

 

 

Periostitis tibial

Qué es la periostitis tibial

En la práctica del running pueden aparecer multitud de lesiones, pero hay algunas que son más temidas que otras debido a su gran incidencia, su rápida instauración y su lenta evolución. La periostitis tibial es una de ellas

La periostitis tibial, junto con la fascitis plantar, es posiblemente la lesión más común en los corredores de fondo y medio fondo.

Periostitis tibial

¿Qué es la periostitis tibial?

Como su propio nombre indica la periostitis es la inflamación del tejido que rodea al hueso (peri- alrededor; -ostio- hueso; -itis inflamación).

El periostio es una fina capa de tejido fibrovascular que rodea al hueso, protegiendo y nutriendo a éste, y sirviendo de sostén para la inserción de tendones y músculos.

En el caso de la tibia podemos encontrar a los músculos gemelos, soleo, tibial posterior, flexor de los dedos y tibial anterior, todos ellos implicados en el running.

Este tipo de lesión, salvo traumatismo directo, suele estar relacionado con un mal entrenamiento o un exceso de actividad, con lo que nos puede servir para regular tanto la calidad como la cantidad de nuestros entrenos.

En la periostitis tibial nos encontramos con una irritación del periostio que provoca inflamación local y dolor insidioso al correr.

El impacto repetitivo del pie contra el suelo tiene como consecuencia un trabajo de amortiguación llevado a cabo por la musculatura correspondiente, de manera que tanto la tracción de dichas inserciones musculares como la compresión de la masa muscular en contracción, hace que aparezca un sufrimiento excesivo en el periostio.

Además, cuando cualquier persona comienza en esta actividad deportiva existe una tendencia al engrosamiento de la masa muscular, y en especial la musculatura de la pierna (de rodilla hacia abajo), sobretodo gemelos, tibial anterior y peroneos laterales.

Dicho engrosamiento aumenta la presión de los tejidos sobre el periostio lo que provoca los síntomas anteriormente descritos.

Factores de riesgo

Hasta ahora llegamos a la conclusión de que en los inicios de este deporte y si entrenamos mal o en exceso es muy probable que pueda aparecer una periostitis tibial, pero existen más factores que lo pueden originar y/o incrementar:

El exceso de entrenamiento por terreno duro (asfalto), ya que aumenta las vibraciones que el cuerpo debe absorber.

Entrenos repetitivos por cuestas porque provocan que la zancada sea más corta y que forcemos más los gemelos, lo que aumenta la presión sobre el periostio.

Zapatillas inadecuadas para el corredor, sobre todo si tienen menos amortiguación de lo necesario o si están muy gastadas, ya que la absorción de los impactos sería mucho menor.

Una técnica incorrecta puede provocar apoyos incorrectos o tensiones musculares inadecuadas, lo que aumentará la tensión sobre el periostio a través de las inserciones.

Cualquier desequilibrio biomecánico del miembro inferior: hiperpronación del pie, supinación excesiva, pie plano valgo, pie cavo, asimetrías de los miembros inferiores, hipertorsión tibial, genu varo….

La falta de reposo cuando se presentan los síntomas pensando que irán remitiendo.

No estirar o hacerlo inadecuadamente.

Traumatismos repetidos directo sobre la tibia debido a otras actividades o deportes.

Tratamiento

Conocemos las causas más probables para sufrir una periostitis tibial, de modo que ya sabemos cómo podemos prevenir la lesión.

Ante la aparición de los síntomas la primera medida a tomar es el reposo deportivo; a continuación debemos revisar la calidad y cantidad de nuestros entrenos, las zapatillas y la técnica empleada.

Si cualquiera de éstas fuera la causa, la revisión de la misma, unos días de reposo y la aplicación de frío local en la zona puede eliminar el problema. Si los síntomas no remiten lo mejor es acudir a un fisioterapeuta para que lleve a cabo una exploración, conseguir encontrar la causa y planificar un tratamiento según el caso.

Sesiones de terapia manual, electroterapia, vendajes e incluso la utilización de plantillas o taloneras de descarga pueden ser medidas suficientes para que remitan los síntomas. También hay que tener en cuenta la posible visita a un podólogo para hacer un estudio de la pisada por si fuese necesario algún tipo de corrección.

Lo que siempre debemos tener en cuenta es que los síntomas no remitirán si no le damos importancia al reposo deportivo.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta. Colegiado nº 2.973

Fuente: www.vitonica.com

Lesiones musculares deportivas y cómo prevenirlas

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PATOLOGÍA DE LOS MÚSCULOS PERONEOS LATERALES

La patología directa sobre los músculos peroneos laterales no se produce con demasiada frecuencia, sin embargo su incidencia como lesión asociada a otras patologías tiene mucha importancia.

Anatomía y biomecánica

Para poder identificar la lesión y comprender cómo se produce debemos tener algún conocimiento previo sobre su anatomía y su función.

Los músculos peroneos laterales, que ocupan la región anteroexterna de la pierna, son dos: peroneo lateral corto, más profundo y pegado al peroné, y peroneo lateral largo, que cubre al corto.

Desde su origen ambos peroneos descienden por el lateral de la pierna hasta transformarse en sendos tendones que pasan por detrás del maléolo lateral (saliente óseo a la altura del tobillo) para dirigirse hacia sus inserciones: en la cola del quinto metatarsiano el corto y en la cara plantar de la cabeza del segundo metatarsiano el largo.

La función esencial del peroneo lateral corto es la abducción del pie, es decir llevar el pie hacia fuera, y la del largo es la abducción, la flexión plantar y la pronación del pie, siendo un importante estabilizador del arco interno del mismo.

Desde el punto de vista biomecánico y relacionándolo con el running, el peroneo lateral largo colabora junto con los gemelos, el sóleo, el tibial posterior y los flexores de los dedos para hacer el despegue del pie e impulsarnos en cada zancada, aunque su función más importante es proporcionar estabilidad a la articulación del tobillo y al arco interno del pie.

Manifestaciones clínicas.

Existen diferentes patologías relacionadas directa o indirectamente con los músculos peroneos laterales, pero en todos los casos la sintomatología más característica es común a todos ellos: dolor retromaleolar, tumefacción y crepitación.

Antes de asociar la patología directamente con la práctica del running debemos aclarar distintos tipos de trastornos que pueden aumentar su incidencia, sin ser por ello causa propia de la actividad deportiva.

-Variación anatómica del “peroneus quartus”. En un 20% de individuos se ha descrito un cuarto músculo peroneo. Esta variación anatómica se denomina peroneus quartus y puede provocar un conflicto de espacio en la región más distal del peroné, justo antes de pasar por detrás del maléolo lateral.
A este nivel los tendones de los peroneos laterales largo y corto están comprimidos entre el hueso y un sistema ligamentario que los mantiene en esa posición y que se denomina retináculo superior. Podemos comprender que en un espacio tan reducido y ya de por sí comprometido, la presencia de otra estructura puede provocar alguna disfunción.

-Anomalía del “os peroneum”. El tendón del peroneo lateral largo cuando se acoda al pasar por debajo de la planta del pie, a la altura del canal que forma el hueso cuboides, puede sufrir una osificación, lo que puede originar dolor en dicho punto y también la aparición de los síntomas descritos por una alteración de la función.

-Inestabilidad crónica por esguince del LLE. Un esguince grave del ligamento lateral externo (LLE) del tobillo o la repetición de varios puede ocasionar una inestabilidad en la articulación debido a los daños sufridos en los diferentes haces de dicho ligamento. Además en muchas ocasiones se produce una rotura del retináculo superior de los peroneos, que mantiene pegado los tendones al surco retromaleolar. Si esto ocurre pueden producirse luxaciones recidivantes de los tendones que aumenten más aún la inestabilidad externa del tobillo, lo que genera la aparición de los síntomas descritos anteriormente.

-Rotura por sobreestiramiento. En el mecanismo lesional del esguince del LLE los músculos peroneos sufren un máximo estiramiento, lo que puede provocar su lesión; pero además, de forma automática y para estabilizar el pie y evitar lesionarnos, suele producirse una contracción brusca de dichos músculos. Esa contracción en ocasiones es tan fuerte que puede provocar una fractura por avulsión (arrancamiento de un fragmento óseo) de los puntos de inserción de los tendones: es muy común la avulsión de la cola del quinto metatarsiano, punto en el que se inserta el tendón del peroneo lateral corto.

Estas son las patologías más importantes relacionadas directamente con los tendones peroneos y podemos clasificarlas como lesiones primarias. Sin embargo, en relación con el atletismo, la patología de los tendones de los peroneos suele aparecer como lesiones secundarias a otra lesión o trastorno.

En estos casos la manifestación clínica más común es la tendinitis aguda, en la que se produce la inflamación de uno o de los dos tendones, lo que provocan los síntomas descritos. El mayor problema es que ambos tendones utilizan la misma vaina fibrosa que los envuelve, de manera que en zonas más estrechas, como en la región retromaleolar, la inflamación de una de las estructuras provoca un atrapamiento que impide que ambos tendones se deslicen adecuadamente durante el movimiento del pie.

Siempre que tenemos una lesión nuestro cuerpo intenta proteger la zona mediante compensaciones musculares o mediante modificación de posturas y gestos. En el caso del pie, además de una posible lesión inicial hay que prestar atención a alteraciones de la estática (pie plano, pie cavo, hiperpronación…), ya que se suelen cambiar las cargas o modificar el paso durante la marcha, y ahí es donde los peroneos suelen sufrir lesiones secundarias a una lesión inicial. Esa adaptación de las cargas o de los movimientos provoca un mayor estrés en los músculos y tendones peroneos llegando a producir la inflamación y todos los síntomas descritos.

Tratamiento.

En cuanto a cómo tratar estas patologías todo depende de cuál sea la causa y se debe analizar cada caso personalmente para ver qué tipo de tratamiento se debe llevar a cabo, siendo la cirugía muy adecuada en los casos de peroneus quartus, os peroneum o rotura del retináculo superior; sin embargo en el caso de las tendinitis agudas se puede hacer un tratamiento más conservador, basado en medidas antiinflamatorias y en fisioterapia.

Una vez diagnosticada la tendinitis el tratamiento inicial consistirá en reposo deportivo, aplicación de hielo local y la utilización de electroterapia regenerativa como los campos magnéticos y el ultrasonido, y si es posible, visitar al médico para que nos recomiende algún fármaco antiinflamatorio. Una vez reducida la inflamación el fisioterapeuta planificará un tratamiento acorde a la evolución de la patología y una progresiva vuelta al entrenamiento cuando lo considere oportuno.

El mayor problema de una tendinitis es que si no se le da la importancia debida se puede convertir en una tendinosis, donde ya no existe una inflamación de las estructuras dañadas y ya no se trata de una fase inicial o aguda de la lesión. Una tendinosis es una lesión crónica del tendón en la que éste sufre una degeneración del tejido que puede provocar dolor crónico y dificultar la actividad deportiva de forma permanente.

A veces cuesta mucho dejar de practicar nuestra actividad deportiva por una ligera molestia o por lesiones “poco importantes”, pero no hacerlo puede suponer, no sólo que dicho problema empeore sino también la aparición de patologías secundarias. Las tendinitis de los músculos peroneos suelen aparecer en estos casos y su resolución a veces es más complicada que la lesión inicial.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta.
Colegiado nº 2.973

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La Rodilla del Corredor

La rodilla es una articulación muy compleja que sufre mucho con cualquier deporte de impacto como ocurre en el running. Hay que fijarse que, por un lado, ha de ser muy móvil para poder desplazarnos y por el otro, tiene que ser muy estable para poder mantenernos en pie, como una columna.

¿Y cómo es posible que en una misma articulación se sumen conceptos tan opuestos como movilidad y estabilidad? Esto es posible gracias a su complejidad biomecánica y a las numerosas estructuras tanto pasivas como activas que la forman. Sin embargo, esta peculiaridad también hace que sea una articulación muy vulnerable.

Lesiones de rodilla hay muchas, siendo muy numerosas aquellas que son consecuencia de un traumatismo tanto directo como indirecto debido a caídas, golpes, etc…, no obstante, vamos a centrarnos en aquellas patologías que no son consecuencia de un traumatismo agudo, sino en aquellas lesiones que van apareciendo paulatinamente por llevar a cabo gestos y movimientos repetitivos durante un período largo de tiempo.

Condropatía rotuliana: definición.

La condropatía rotuliana puede definirse como la lesión del cartílago articular que tapiza la cara posterior de la rótula. Podemos hablar de un proceso degenerativo del cartílago, que es considerado como normal en el envejecimiento, y que en determinadas circunstancias aparece a edades más tempranas en función de patologías que afectan a la rodilla o por el exceso de presión de la rótula sobre el fémur de forma repetitiva, como ocurre en el running. La condropatía rotuliana es común en los deportes en los que existe un fuerte impacto de los miembros inferiores sobre el suelo y es muy frecuente en los atletas que practican carreras de larga distancia.

Mecanismo de lesión. Problemas de alineación.

En condiciones normales la rótula se desliza sobre el fémur durante los movimientos de flexión y extensión a través de un “carril” que éste presenta y que se conoce como tróclea femoral, que al igual que la cara posterior de la rótula está tapizado por cartílago articular. De esta forma, durante la extensión, la rótula asciende hasta situarse por encima de los cóndilos femorales, y a medida que la rodilla se va flexionando la rótula desciende a través de la tróclea femoral aumentado el contacto de las superficies articulares.

Una vez entendido esto es fácil suponer que una buena alineación de la rótula en toda la fase del movimiento es fundamental para que la biomecánica sea correcta; sin embargo, existen múltiples casos en los que esto no es así y pasaríamos a hablar del “síndrome de mala alineación patelar”, que es muy común en muchos corredores y que en la mayoría de los casos está asociado a una hiperpronación del pie.

Sintomatología.

El síntoma más importante y característico es el dolor en la región anterior de la rodilla, relacionado con la actividad deportiva, y que empeora según se incrementa el ritmo y/o la intensidad de dicha actividad. A partir de aquí los síntomas pueden aparecer en nuestra vida diaria y suelen aumentar muy a menudo en ciertos gestos como al subir y bajar escaleras.

A veces pueden aparecer crepitación y crujidos, y en el caso de haber sufrido previamente una luxación o subluxación de la rótula, puede aparecer también inestabilidad rotuliana.

Para poder entender la posterior evolución de la lesión debemos entender en primer lugar qué es lo que duele y por qué. El cartílago articular no tiene terminaciones nerviosas, de manera que no se puede sentir dolor propio del cartílago, y tampoco llegan a él vasos sanguíneos, con lo que se nutre exclusivamente del líquido sinovial de la articulación.

Entonces, ¿de dónde viene el dolor? Lo que ocurre es que el cartílago se va degenerando, va perdiendo consistencia, se cuartea y empieza a no ser eficaz en su función de amortiguación de los impactos, de manera que el hueso subcondral (parte de hueso que tapiza dicho cartílago y que está inmediatamente por debajo de éste) comienza a recibir una mayor carga en cada impacto. El dolor aparece porque el hueso subcondral sí está inervado y, consecuentemente, está sufriendo mayor carga de lo habitual.

Tratamiento.

Como en todas las lesiones la evolución varía en función de múltiples factores tanto internos como externos. Si el problema aparece como consecuencia de alguna patología pasada o por alguna alteración de la estática o de la dinámica del miembro inferior, habrá que corregir éstas (hiperpronación del pié, síndrome de mala alineación patelar, luxaciones o subluxaciones recidivantes de rótula, etc.). Tampoco deberíamos olvidar que en muchas ocasiones el uso de unas zapatillas inadecuadas puede provocar cambios en los apoyos y en las cargas que pueden reproducir el problema.

Sin embargo, vamos a centrarnos en aquellos casos en los que, sin existir patología previa ni ninguna otra alteración, comienzan a manifestarse los síntomas.

La primera medida a tomar es el reposo deportivo relacionado con cualquier actividad que implique contacto contra el suelo. El hueso subcondral está sufriendo a cada impacto, así que debemos disminuirlo todo lo posible.

Desde el punto de vista fisioterápico, en esta primera fase no se puede hacer gran cosa, salvo intentar disminuir el derrame articular y el edema si lo hubiera, utilizando las diferentes técnicas de electroterapia de las que se dispone, crioterapia y masaje evacuatorio si fuera preciso. Existe una complicación muy común en estos casos de la que hablaremos en próximos artículos y que sí puede tratarse durante esta fase: tendinitis del tendón rotuliano.

Con el reposo deportivo y las medidas indicadas ayudamos a nuestro cuerpo a reaccionar frente al problema. Como el hueso subcondral está sufriendo una mayor sobrecarga nuestro cerebro “ordena” aumentar la actividad osteoblástica y se produce un refuerzo en la zona afectada para protegerlo (esclerosis ósea). Esto consigue que el dolor disminuya e incluso que desaparezca, pero la lesión del cartílago perdurará en el tiempo.

Desde el punto de vista médico se suelen utilizar tratamientos farmacológicos con sustancias presentes en el líquido sinovial de la articulación para ayudar a reforzar la nutrición del cartílago (ácido hialurónico, mucopolisacáridos, etc.), lo que puede frenar de alguna manera el proceso degenerativo. Pero lo que se ha destruido no se recupera, ya que el cartílago no tiene poder regenerativo al no estar vascularizado. A veces incluso se intenta aumentar la densidad del líquido sinovial para espesarlo ligeramente y ayudar a amortiguar más las cargas.

En una fase más subaguda, y siempre y cuando no exista derrame articular, la fisioterapia puede ayudarnos mediante ejercicios que tonifiquen el cuádriceps. Con esto se conseguirá estabilizar el movimiento de la rótula sobre el fémur reduciendo el exceso de presión, aunque siempre debe ser supervisado por un fisioterapeuta ya que hay ejercicios que pueden ser perjudiciales.

Para los casos más crónicos y graves o para deportistas de élite, el tratamiento quirúrgico es una opción: microperforaciones, autoinjertos de cartílago, cultivos de condrocitos, etc. Es una manera de poner freno a la lesión pero no es una garantía para volver a la práctica del running.

Conclusión.

Este tipo de lesiones son un desgaste estructural producido por el exceso de presión de las superficies articulares y la única manera de frenarlo es poner fin a la actividad que lo ha producido, al menos en un principio.

Aunque es cierto que en muchos casos (los más leves) el reposo durante un tiempo puede hacer desaparecer el dolor, eso no significa que el problema haya desaparecido. Lo que ocurre es que nuestro cuerpo intenta protegerse, pero no es definitivo: es muy posible que si volvemos a entrenar con intensidad o con tiradas muy largas el problema vuelva con el tiempo.

En el mejor de los casos, una vez desaparecidos los síntomas, puede que podamos seguir practicando el running pero sin abusar de la duración, la frecuencia y la intensidad de los entrenos. No obstante lo más recomendable es visitar a tu fisioterapeuta para hacer una valoración personalizada del caso, ya que cada persona se puede comportar de diferente manera ante el mismo problema.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta
Col. nº 2.973

foto: rodillacorredor.es

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El Tendón de Aquiles del Corredor

Acerca del tendón de aquiles hay que recordar que en la mitología griega Aquiles solía ser calificado como ‘el de los pies ligeros’, ya que se le consideraba el más veloz de los hombres, en leyendas posteriores se afirmaba que Aquiles era invulnerable en todo su cuerpo salvo en su talón.

Las leyendas sostienen que Aquiles murió en batalla al ser alcanzado por una flecha envenenada en el talón, de donde nace la expresión “talón de Aquiles” , expresión que ha llegado hasta nuestros días para aludir una debilidad personal, ¿Y los corredores?… ¿tienen en su talón su punto débil?

El tendón de Aquiles es de especial importancia en el corredor, principalmente en el fondista, pero también en el corredor popular.

Con el aumento del número de corredores populares se ha constatado un aumento en las lesiones sobre el tendón de Aquiles.

Las lesiones aquileas son muchas y variadas: roturas, tendinitis, tendinosis… en esta ocasión nos vamos a centrar en la tendinitis aquilea, la que se presenta con mayor frecuencia y que supone el 20% de las tendinitis del pie y el 10% en los corredores de fondo.

La definición médica de dicha patología nos habla de un proceso inflamatorio del tendón que une los músculos de la pantorrilla (gastrocnemios o gemelos y soleo) con el hueso calcáneo del pie.

Los tres músculos se unen formando el tríceps sural en el denominado tendón de Aquiles.

La principal función de éste es la flexión plantar. Se trata de uno de los tendones más potentes del cuerpo, de ahí su importancia y la gran cantidad de patologías que puede presentar.

La tendinitis aquilea es una lesión por sobreesfuerzo, por tanto es de fácil comprender que los corredores desarrollen con tanta frecuencia este tipo de patologías.

La tendinitis aquilea suele presentarse con mayor frecuencia en los corredores de fondo, jugadores de baloncesto, tenistas y corredores que realicen sus entrenamientos en pista dura o con zapatillas de baja amortiguación…qué importante es un buen calzado!

Se han identificado errores de entrenamiento que son factores desencadenantes de dicha tendinitis; entre ellos incluimos:

  • Entrenamientos repetidos en pendientes
  • Aumentos repentinos en las distancias
  • Calentamientos inadecuados o inexistentes
  • Entrenamientos sobre terrenos desiguales
  • Aumento en la intensidad de los ejercicios

También existen otros factores que son premonitorios en la aparición de este tipo de patología:

  • Morfología del pie deshidratación
  • Edad Tendón de Aquiles corto
  • Dismetría de miembros inferiores
  • Climatología

Y que deberemos tener en cuenta a la hora de realizar el diagnóstico fisioterápico.

El síntoma principal en la tendinitis aquilea es el dolor en el tendón de Aquiles. Suele ser un dolor de aparición repentina tras un entrenamiento intenso. Posteriormente se traducirá en un aumento del dolor con la actividad ,al inicio de las sesiones de entrenamiento, y al final de las mismas.

Posiblemente el dolor cese en reposo. Además encontraremos hinchazón, crepitación dolorosa al tacto que aumenta con la actividad, rigidez del tendón e impotencia funcional. Es importantísimo analizar todos los síntomas y signos no sólo para poder tratarla sino para intentar prevenir su aparición.

Cuando un paciente acude a nuestra clínica con estos síntomas el diagnóstico es bastante concluyente. Existen además pruebas complementarias que nos ayudan en el mismo: ecografía y resonancia magnética, pero no suelen realizarse.

Tras una buena exploración física y una vez identificados todos los posibles factores desencadenantes de la lesión (malformaciones del pie, calzado inadecuado, mal plan de entrenamiento) tenemos que ponernos manos a la obra y plantear un buen tratamiento fisioterapéutico

El tratamiento adecuado de esta lesión consistirá en estiramientos suaves y graduales de la musculatura antes descrita, tratamiento del tendón con técnica de Ciriax, aplicación de ultrasonido, aplicación de hielo para evitar la posterior inflamación y ejercicios propioceptivos en función de la evolución.

La recomendación al deportista es reposo deportivo durante la fase aguda de la lesión y retomar gradual y progresivamente el ejercicio hasta alcanzar la normalidad deportiva.

Es importante respetar el reposo, pues un intento de retomar de forma precoz la actividad puede provocar no sólo un aumento de la inflamación del tendón sino desencadenar en otro tipo de patologías.

El abordaje temprano de la lesión es primordial, pues acorta el tiempo de curación, garantiza una correcta recuperación de las estructuras anatómicas implicadas, y lo más importante para un corredor…reduce el tiempo de “espera” para retomar el entrenamiento.

No debemos olvidar que un buen calzado es esencial a la hora de realizar cualquier tipo de deporte, cuanto más correr, ya que el pie y sus problemas van a ser la principal fuente de lesiones.

La consulta a un profesional médico, fisioterapeuta o podólogo ante cualquier duda o sospecha puede llegar a prevenir una futura lesión que nos aparte de nuestro deporte favorito.

¿Tendrá razón el mito, y realmente el talón será nuestro único punto débil?…lo iremos descubriendo…

 

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Fascitis Plantar

La fascia plantar es una estructura aponeurótica que recubre la musculatura de la región plantar del pie y que tiene una importante función durante la marcha, colaborando en el mantenimiento del arco plantar. Mientras caminamos, el apoyo del talón contra el suelo provoca que la fascia plantar se estire y alcance la tensión necesaria para que, cuando terminemos de apoyar todo el pie, el choque suelo-pie no sea tan brusco. Podríamos hablar de una amortiguación natural que llevan a cabo nuestros pies, a través de su estructura anatómica, para reducir al máximo el impacto.

Si tenemos en cuenta que mientras corremos el impacto contra el suelo es mayor que cuando caminamos, podemos entender que la lesión de esta estructura sea más significativa en corredores habituales. Es lo que se conoce como fascitis plantar.La fascitis plantar es una inflamación de dicha fascia que genera una retracción o acortamiento de la misma y cursa con dolor en la planta del pie, más localizado normalmente en la zona de inserción de su haz fibroso, es decir, en la parte anterior e inferior del hueso calcáneo (hueso que forma el talón). El dolor suele ser más intenso cuando se camina en exceso, o también por la mañana en los primeros apoyos después de levantarse de la cama.

Causas

Las causas por las que aparece este tipo de lesión son muchas y es muy importante identificar qué es lo que nos está provocando el problema para poder solucionarlo. De ellas, las más comunes son: cambio de calzado o uso de calzado incorrecto (con poca amortiguación o pisada incorrecta); uso excesivo de chanclas o calzado similar que no tenga sujeción posterior; alteración de la estática y/o dinámica del pie acaecida por cualquier tipo de lesión anterior o situación que nos obligue a caminar y a apoyar el pie de manera distinta a la fisiológica; cambio de tipo de entrenamiento o cambio de superficie sobre la que se lleva a cabo (generalmente cuanto más duro es un terreno más posibilidades hay de que aparezca la lesión).

En la mayoría de los casos el problema se produce por una sobrecarga excesiva de los gemelos que provoca un exceso de pronación de los pies, lo que a su vez nos conduce a un estiramiento prolongado de la fascia plantar y a una ineficacia en la capacidad de amortiguación. De manera que cuando hablamos de una fascitis plantar nunca podemos dejar de lado a los gemelos y al músculo soleo (tríceps sural).

Siempre se dice que es muy importante que en todo deporte el gesto deportivo sea correcto, lo más técnico posible. El hecho de que para practicar running no haga falta nada más que unas zapatillas y ropa deportiva no implica que cuando lo practiquemos, cualquiera que sea el nivel, debamos hacerlo incorrectamente. Cuando los corredores somos “muy populares”, como el que firma este artículo, podemos caer en el error de correr forzando mucho los gemelos, ya que viciamos nuestro gesto deportivo levantando muy poco las rodillas. Esto genera una sobrecarga del tríceps sural generando lesiones como la fascitis plantar, entre otras.

El hecho de levantar las rodillas hace que demos más implicación al cuádriceps y esto hace que la zancada sea mucho más limpia, dando más tiempo a que el pie que lanzamos hacia delante se prepare para apoyar adecuadamente el talón y así la amortiguación del pie se lleve a cabo correctamente. El único problema es que este gesto implica un mayor gasto cardiovascular y por eso a los corredores “más populares” nos cuesta tanto hacer una zancada más técnica. Pero hay que mejorarlo y entrenarlo para avanzar técnicamente y para evitar lesiones.

Prevención y tratamiento.

Para prevenir una fascitis plantar debemos conocer cómo es la estática y la dinámica de nuestros pies, utilizar el calzado adecuado, usar plantillas si es preciso, cuidar el terreno sobre el que entrenamos, adecuarnos paulatinamente a los cambios de entrenamiento, vigilar y mejorar nuestra técnica y mantener los gemelos en un buen estado.

Si a pesar de todo el empeño comienza a aparecer dolor en la planta del pie, una visita a un fisioterapeuta puede ayudar a identificar la lesión de forma temprana, lo que es muy importante, ya que esta lesión tiende a cronificarse y producir otro tipo de problemas que pueden mantenernos mucho tiempo en el “dique seco” (espolón calcáneo).

Una vez instaurada una fascitis plantar lo primero que cualquier fisioterapeuta os va a recomendar es reposo deportivo, y os puedo asegurar que si no se lleva a cabo las opciones de una adecuada recuperación disminuyen considerablemente. A continuación hay que identificar qué es lo que provoca la lesión, y partir de ahí, sesiones de masaje y estiramientos tanto de la fascia plantar como de los gemelos y del soleo, junto con ultrasonido, termoterapia, crioterapia en caso de inflamación aguda, electroterapia analgésica y en casos recidivantes o más complejos el uso de vendajes funcionales o vendajes neuromusculares (kinesio taping) puede resultar adecuado.

La fascitis plantar es una de las lesiones más comunes entre los corredores habituales, por tanto es importante que, una vez conocido más a fondo el problema, podamos prevenirlo y evitarlo, pero en el caso de que comencemos con los síntomas hay que tratarlo lo antes posible. Y más vale unas semanas de reposo deportivo “voluntario” que unos meses de parón “obligado”.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta.

Colegiado nº 2.973

 

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ESGUINCE DE TOBILLO (I) – CAUSAS

Después de las lesiones musculares el esguince de tobillo es la lesión deportiva más frecuente. Es común a todas las modalidades de deporte de carrera, pero más frecuentes en los que exigen saltos con caída sobre un solo pie: fútbol, baloncesto, balonmano, voley, carreras (vallas, cross), saltos de longitud, triple salto o salto de altura. Por supuesto entre los corredores populares tiene una gran incidencia.

Si bien la mayor parte de los traumatismos de tobillo son simples torceduras, y por tanto son sólo ligeras distensiones de los ligamentos laterales, pueden dañarse muchas otras estructuras. Un diagnóstico y tratamiento incorrectos causan una morbilidad considerable. Un tobillo dolorido e inestable, en forma crónica, puede conducir a una discapacidad importante y eventualmente a la artrosis. Por esta razón, debe evaluarse cuidadosamente este tipo de daño e incluir una detallada historia clínica y un examen físico y por imágenes apropiados. Una vez realizado ésto, se puede hacer un diagnóstico exacto e instaurar el tratamiento adecuado.

En el 90 por ciento de los casos los ligamentos afectados son los ligamentos laterales externos ( peroneoastragalino anterior, peroneocalcaneo y peroneoastragalino posterior). Y el 10 por ciento restante el afectado es el ligamento lateral interno ( deltoideo). En este caso vamos a describir aquellos que se presentan con mayor frecuencia, el esguince de LLE.

MECANISMO DE PRODUCCIÓN
El esguince es una lesión que puede ser completa o incompleta, según afecte al aparato cápsulo-ligamentario. Se trata de una lesión provocada por un movimiento forzado, por lo general se produce una torsión con el pie en varo y supinación, sufriendo el pie una inversión forzada que provoca una mayor o menor tensión del ligamento lateral externo. Esta lesión activa una reacción inflamatoria con ruptura en mayor o menor grado de vasos capilares y de la inervación local que puede determinar por vía refleja fenómenos vaso motores amiotróficos y sensitivos que alargan la evolución de esta patología aun después de su cicatrización.

CLASIFICACIÓN DEL ESGUINCE DE TOBILLO

La intensidad del cuadro va a depender del grado de distensión del ligamento, o si se produjo su rotura parcial o total, y de ahí también derivará su clasificación:

ESGUINCE GRADO I
Se produce un «estiramiento», una distensión del ligamento afecto, habitualmente el PAA, no existe laxitud articular asociada. Se produce la rotura de menos del 5% de las fibras.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

– Ausencia de inflamación inmediata

– Dolor moderado

– Estabilidad del astrágalo en la mortaja peroneo astagalina
– Capacidad de apoyo del pie y caminar
– Elongación de los ligamentos

ESGUINCE GRADO II

Se produce la rotura parcial del ligamento, aparece dolor moderado acompañado de una inestabilidad articular leve. Los signos y síntomas son más evidentes. Se ha producido la rotura del 40%-50% de las fibras. La exploración puede revelar un cajón anterior y/o una inversión forzada positivos.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

– Inflamación con equimosis precoz

– Dolor agudo a la puesta en tensión de los ligamentos
– Signos radiográficos de inestabilidad
– Incapacidad funcional: o no se puede realizar el apoyo o se realiza cojeando
– Rotura ligamentosa parcial

ESGUINCE GRADO III
Existe una laxitud articular manifiesta, rotura completa del ligamento. Las maniobras exploratorias son positivas.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

– Percepción de crujido en el momento de la lesión

– Inflamación inmediata y tumefacción
– Sensación de inestabilidad
– No se puede caminar ni cargar
– Signos radiográficos de inestabilidad astragalina
– Rotura completa de varios ligamentos

 

Isabel García García

Fisioterapeuta

Nº Colegiado: 4.618

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ESGUINCE DE TOBILLO (II) – TRATAMIENTOS

Se aplicará en el momento con independencia de la gravedad del mismo. Se trata de las primeras medidas a adoptar tras el mecanismo de lesión. Debemos inmediatamente retirarnos de la competición o entrenamiento y comenzaremos con la aplicación de la técnica CRICER durante al menos 30 minutos.
CRI: crioterapia (hielo)
C: compresión
E: elevación
R: reposo

Después de este tratamiento de urgencia tendremos que diagnosticar el grado del esguince y realizar un tratamiento adecuado a cada caso. La fisioterapia es el gran aliado de este tipo de lesiones, pues además de favorecer una correcta evolución de la lesión, trata la misma desde todos los aspectos para la vuelta a la actividad.

TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO I

– Frio durante 15 minutos 2 veces al día
– Técnica de CYRIAX (masaje transverso profundo)
– Ultrasonido
– Tens
– Reeducación propioceptiva
– Reeducacion del gesto deportivo.

TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO II

– Frio durante 15 minutos 3 veces al día
– Descarga muscular del miembro afectado.
– Drenaje linfático manual para luchar contra el edema
– Técnica de CYRIAX
– Ultrasonido
– Iontoforosis
– Reeducación propioceptiva
– Ejercicios de fortalecimiento de los peroneos
– Ejercicios de marcha en terreno llano
– Ejercicios de precompetición y entrenamiento normal

TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO III

Existen 2 opciones: Botín de yeso o férula de 5 a 6 semanas y Reparación quirúrgica de la lesión. Posterior tratamiento rehabilitador, similar al esguince Grado II.

FASE DE VUELTA AL ENTRENAMIENTO

Para volver a practicar deportes, generalmente se recomienda que la inflamación o el dolor no existan o sean mínimos y que puedan realizarse saltos hacia delante o hacia los lados sobre el tobillo lesionado sin sentir dolor ni inestabilidad. En los esguinces más graves es adecuado proteger el tobillo con una tobillera o una ortesis para disminuir las opciones de nuevos episodios de esguince hasta que los ejercicios propioceptivos y la recuperación esté más avanzada.

Una secuencia factible tras un esguince de tobillo podría ser:

– Calentamiento
– Carrera sobre terreno regular e irregular
– Saltos sobre ambos pies
– Saltos sobre 1 pie
– Cambios de dirección
– Aceleraciones y cambios de ritmo

PREVENCIÓN DEL ESGUINCE

Es vital para evitar una lesión de este tipo llevar a cabo las siguientes acciones, también en el caso de un esguince previo, donde evitaremos las posteriores recidivas.

– Trabajo de potenciación de peroneos
– Estiramientos del tendón de Aquiles
– Calzado apropiado
– Plantillas correctoras de anomalias del pie
– Calentamiento adecuado
– Vendaje funcional

COMPLICACIONES DEL ESGUINCE DE TOBILLO

La mayoria de ellas son debidas a un incorrecto diagnóstico inicial y/o incorrecto tratamiento. Podemos encontrar patologías como: Inestabilidad crónica ,“tobillo debil”, esguinces recidivantes, dolor persistente y continuo, linfedema residual perimaleolar, síndrome del seno del tarso…

Recordad siempre que tras la lesión y el diagnóstico correcto, es un Diplomado Universitario en Fisioterapia quien debe realizar el tratamiento rehabilitador, aplicando todas las técnicas necesarias manuales e instrumentales, así como guiará al deportista para retomar su actividad deportiva de un modo adecuado.

Isabel García García
Fisioterapeuta.
Nº Colegiado: 4.618

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LA RODILLA DEL CORREDOR II: SÍNDROME DE LA CINTILLA ILIOTIBIAL

Definición

Dentro de las patologías de rodilla más comunes en la práctica del running encontramos el síndrome de la cintilla iliotibial, también conocida como cintilla de Maissiat. Se trata de un síndrome doloroso que afecta a la parte más distal de dicha estructura, concretamente a la altura del cóndilo lateral externo de la rodilla. Habitualmente, además del dolor, suelen aparecer inflamación y crepitación.

La cintilla iliotibial es una gruesa banda de tejido fibroso que nace en la espina iliaca y que se forma como consecuencia de las expansiones fasciales de los músculos tensor de la fascia lata y glúteo mayor. Recorre el lateral del fémur hasta llegar a la rodilla por su parte lateral externa insertándose distalmente en la tibia.

Mecanismo de lesión

La cintilla iliotibial es una estructura fundamental para mantener la estabilidad lateral de la rodilla durante la marcha, deslizándose continuamente entre la parte posterior y la anterior del fémur.

El recorrido de esta banda tiene un punto conflictivo a la altura del cóndilo lateral externo de la rodilla (saliente óseo que ofrece el fémur en la parte más cercana a la rodilla y por su lado externo), el cual está más abultado, lo que ocasiona una mayor fricción sobre dicha banda. Para reducir tal fricción existe una bolsa serosa que se encarga de lubricar las estructuras preparándolas para el roce constante.

A nivel deportivo, las disciplinas que sufren en mayor grado esta patología son el ciclismo y el atletismo, en el que nos centraremos principalmente.

La banda iliotibial se encuentra por delante del cóndilo lateral externo cuando la rodilla está en extensión, pero cuando se flexiona por encima de los 30º dicha banda se hace posterior. Durante la carrera, el borde posterior de la banda iliotibial choca contra el cóndilo inmediatamente después de que el pie choque contra el suelo. Si el movimiento es biomecánicamente correcto y no existe ninguna alteración de las estructuras implicadas la carrera se desarrollará con normalidad, pero existen una serie de factores de riesgo que pueden provocar ciertas alteraciones y la consecuente aparición de los síntomas.

Factores de riesgo

Una cintilla iliotibial excesivamente tensa: lo que puede ocurrir debido a un espasmo o contractura del músculo tensor de la fascia lata que, al acortarse, provocará el exceso de tensión en la banda.

Un epicóndilo femoral externo muy prominente, que provocará una mayor fricción con la banda.

Alteraciones de la estática y dinámica de los miembros inferiores: asimetrías, varo (piernas arqueadas) o valgo (piernas en X) de rodilla, hiperpronación del pie, rotación interna de la pierna, etc.

Técnica incorrecta de entrenamiento y/o sobreentrenamiento.

Entrenamiento de largas distancias.

Exceso de entrenamientos en cuestas, superficies duras y/o superficies irregulares: hay que tener en cuenta que al entrenar en pistas de atletismo es conveniente correr indistintamente en ambos sentidos, ya que coger las curvas siempre del mismo lado puede dañar la biomecánica del movimiento, sobre todo si además existe algo de peralte.

Uso de calzado inadecuado.

No hacer estiramientos ni precalentamiento antes de la actividad deportiva.

Debilidad de los músculos abductores de cadera, sobre todo glúteo medio.

Sintomatología

El síntoma principal que aparece en un síndrome de la cintilla iliotibial es dolor en la cara externa de la rodilla; éste es un dolor de tipo difuso, en el que el paciente no es capaz de localizar un punto de dolencia específico. En algunos casos el síntoma inicial es dolor en el lateral de la cadera, a la altura del saliente óseo conocido como trocánter mayor.

Inicialmente, el dolor lateral de la rodilla comienza a manifestarse cuando el corredor lleva ya un tiempo de carrera y/o al final de la misma, pero según va evolucionando la patología el dolor puede ir apareciendo progresivamente más pronto durante la carrera o incluso mantenerse durante el reposo.

Cuando la evolución de la lesión avanza podemos encontrarnos que los síntomas aumentan al correr cuesta abajo o al subir escaleras.

Tratamiento

El tratamiento preventivo sería lo más importante para evitar la aparición del problema, eliminando al máximo los factores de riesgo, haciendo estiramientos y llevando a cabo un control fisioterápico adecuado para el buen mantenimiento de las estructuras implicadas en la actividad deportiva.

En el caso de que los síntomas comiencen a aparecer, lo primero que debemos hacer es descartar si se trata de molestias relacionadas con un exceso de entrenamiento. En corredores poco habituales la aparición de ciertas molestias puede considerarse normal hasta que las estructuras musculares, ligamentosas y osteoarticulares se vayan habituando al esfuerzo. Pero en el caso de que los síntomas continúen, un tratamiento basado en antiinflamatorios, estiramientos, hielo y reposo deportivo durante unos días puede ser suficiente para solventar el problema.

Para corredores con frecuencias y ritmos de entrenamiento elevados la aparición de estos síntomas debe ser señal suficiente para llevar a cabo reposo deportivo y tratamiento fisioterápico más intensivo. La mejor opción es acudir al fisioterapeuta para someterse a una correcta exploración y la planificación del tratamiento más oportuno.

Para aquellos casos en los que los estiramientos, el hielo local, el reposo deportivo y la fisioterapia no funcionan, y además se han eliminado todos los factores de riesgo que propician un síndrome de la cintilla iliotibial, el traumatólogo puede llevar a cabo infiltraciones locales con corticoesteroides. En el caso de que esto no funcione se han descrito técnicas quirúrgicas eficaces, aunque se debe tener en cuenta que cualquier tipo de intervención quirúrgica en estos términos, puede derivar en un descenso del nivel deportivo o de competición.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta

Col. nº 2.973

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Rotura del Tendón de Aquiles.

La rotura del tendón de Aquiles se puede prevenir, el principal desencadenante de una rotura del tendón de Aquiles son los procesos de desgaste dentro del tendón así como una condición física deficiente.
Es importante evitar cargas rápidas, repentinas y grandes, porque a menudo conducen a la rotura. Es recomendable hacer una fase cuidadosa de calentamiento y aumentar la actividad física progresivamente.

Es muy importante realizar tratamientos de Fisoterapia para evitar los procesos de desgaste del tendón.

En Fisiosalud+ encontrarás los mejores tratamientos de Fisioterapia Deportiva de Madrid,

Fisios en el barrio de Salamanca altamente especializados en lesiones depòrtivas

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Periostitis Tibial. La Lesión del Corredor.

Es una lesión que se da en corredores de medio fondo y fondo.
La Periostitis, es una inflamación del Periostio, que es una membrana que rodea las piezas óseas, recubre los huesos, y en especialmente a la tibia.
Se suele manifestar en forma de dolor o quemazón en la cara antero-interna de la pierna, en la tibia

Causas de la lesión:
1-Las vibraciones del entrenamiento, impacto del pie sobre el suelo, sobre todo en terrenos duros.
2- Rotación de cadera, pronación, pies planos.
3-Calzado inadecuado
4-Exceso de entrenamiento, superficies duras en terrenos irregulares, no parar cuando existe dolor.
6-Falta de estiramientos y sesiones de Fisioterapia preventivas.

Sintomatología:
Aparece al comenzar la actividad, luego disminuye para que durante la carrera vuelva a aparecer con mayor intensidad .

Tratamiento: Detener la actividad, hielo, consultar con un médico. Una vez diagnosticado tratamiento de Fisioterapia.

En Fisiosalud+ disponemos de los mejores Fisioterapeutas de Madrid y el mejor material para recuperar lesiones producidas con la práctica del running.

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Condropatía Rotuliana

La Condropatía Rotuliana es una lesión del cartílago articular de la rótula que se manifiesta con dolor en la parte anterior de la rodilla. El dolor en la cara anterior de la rodilla, uno de los procesos más frecuentes en deportistas y en no deportistas, es debido a múltiples causas.
Se debe evitar la confusión al usar el término Condromalacia Rotuliana, y aplicarlo a todos los cuadros de dolor anterior de la rodilla. El término “Condropatía”, se usa en referencia a los casos en los que el dolor es producido por una lesión del cartílago.

Causas:
Traumatismos repetidos de la rodilla y movimientos repetidos que producen compresión del cartílago; la alineación de la rodilla o la posición de la rótula; o por determinados factores que facilitan la degeneración del cartílago. Diagnóstico Mediante la exploración física, es muy difícil distinguir la Condropatía Rotuliana de otros procesos. La Resonancia Magnética y la artroscopia puede ser necesario para valorar el estado del cartílago cuando siga existiendo dolor a pesar de medidas conservadoras.

Tratamiento de Fisioterapia:
El primer paso en el tratamiento es solucionar los factores que desencadenan o agravan el cuadro como la desalineación de la rodilla, rótula alta, meniscopatía…
Fisioterapia para potenciar la musculatura, estimulación de la propiocepción…
En el caso que el tratamiento conservador falle, puede optarse por una opción quirúrgica.

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SE ACABÓ EL VERANO…… ¿CÓMO EMPEZAR?

Durante los meses de verano el ritmo de entrenamiento disminuye: el intenso calor, las vacaciones, los excesos en la alimentación, etc.; y aunque siguiendo un buen plan se puede entrenar adecuadamente, al fin y al cabo somos corredores populares.

Lo más importante al comenzar de nuevo a entrenar es no pretender alcanzar rápidamente el nivel anterior al parón veraniego, porque las posibilidades de que aparezca una lesión aumentan considerablemente.

Es importante que comencemos con rodadas largas a un ritmo muy suave, el suficiente para poder mantenernos corriendo durante 50-60 minutos; así comenzaremos a mejorar nuestra capacidad cardiopulmonar y conseguiremos ir reduciendo las pulsaciones. Al principio es muy importante que nuestros músculos trabajen en condiciones aeróbicas.

Los músculos, debido a su fisiología, cuando hacen un trabajo de repetición se van hipertrofiando, y poco a poco podemos ir pidiéndoles una mayor intensidad; por el contrario, cuando el ejercicio desaparece de nuestra rutina, al no existir una demanda de esfuerzo, van perdiendo la capacidad desarrollada.

Por ello, también es importante hacer alguna tabla de ejercicios de tonificación muscular para ir desarrollando la musculatura de los miembros inferiores.

Y, obviamente, no podemos olvidarnos de los sufridos abdominales y de los siempre abandonados estiramientos. En próximos artículos iremos explicando por qué es tan importante mantener una buena faja abdomino-lumbar y cómo debemos estirar para evitar lesiones musculares. Lo que está claro es que dentro de nuestra rutina de trabajo siempre deben estar presentes.

En definitiva, después de un período de inactividad, por poco tiempo que haya sido éste, rápidamente notaremos cómo hemos disminuido nuestro nivel (así de desagradable es el deporte), así que lo primero que debéis hacer es dejar el cronómetro en casa y salir a rodar, sin olvidaros de hacer rutinas de tonificación muscular, estiramientos, abdominales y algo muy importante y que normalmente nadie tiene en cuenta: el reposo.

El reposo es incluso más importante que el propio ejercicio físico, ya que es fundamental para que nuestro cuerpo integre el trabajo desarrollado y para que nuestros músculos descansen adecuadamente para evitar sobrecargas y lesiones más graves.

Siguiendo estas directrices en poco tiempo comenzareis a notar cómo aumentan la capacidad cardiorespiratoria y la potencia muscular. A partir de ahí podremos comenzar con entrenamientos más intensos.

Con un buen entrenamiento, adecuada alimentación e hidratación y un plan de estiramientos podremos disfrutar del running disminuyendo al máximo las lesiones musculares.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta

Colegiado nº 2.973