epicondilitis codo de tenista

Epicondilitis o codo de tenista: síntomas, prevención y tratamiento

La epicondilitis lateral o codo de tenista es una lesión muscular en la que se presenta dolor y/o sensibilidad al tacto en la protuberancia ósea de la parte externa del codo.

La epicondilitis es una lesión que se da en el tendón del músculo extensor radial corto del carpo, en su inserción en el aparte lateral del codo, provocando un dolor en la región lateral del codo (parte externa) al hacer una extensión de la muñeca.

Es también una de las lesiones que padecen con mayor frecuencia quienes practican o juegan al pádel, especialmente los  jugadores amateurs o de “fin de semana”.

Epicondilitis

A pesar de lo que nos podamos imaginar por su nombre, el codo de tenista no sólo afecta a  deportistas de raqueta, también afecta a quienes fuerzan el antebrazo o la muñeca. A continuación te explicamos cómo identificarlo, su tratamiento y sobre todo, cómo puedes evitar sufrirlo.

Aunque no existe una causa única para este tipo de lesión, ni todos los jugadores de padel necesariamente la padecen, la epicondilitis generalmente se da por la extensión continua de la muñeca, movimientos repetitivos del codo y la acumulación de microtraumatismos; ello sumado a un movimiento de supinación (giro de la muñeca y el antebrazo en el sentido de las agujas del reloj) el cual provoca pequeñas roturas en los tendones y con ello punzantes y molestos dolores que hacen necesario cortar con la actividad física.

Otra de las variantes de esta lesión es la epicondilitis medial o “codo de golfista”, la cual afecta la parte interna del codo. Esta lesión raramente ocurre en otros deportes, pero en el pádel si es habitual debido a que predominan los golpes con slice y de revés.

 

Síntomas de la epicondilitis

El diagnóstico de la epicondilitis lateral, que también se conoce como tendinitis del extensor de la muñeca, debe ser realizado por un fisioterapeuta, especialista o profesional médico, sin embargo algunos de los síntomas que pueden ayudar a identificarlo y determinar si se padece esta lesión son:

  • Dolor al enderezar o levantar la muñeca y la mano.
  • Dolor que se hace más agudo cuando se levanta un objeto pesado.
  • Debilidad y falta de fuerza en el antebrazo.
  • Dolor ante actos de la vida diaria como servir el café en la taza o cepillarse los dientes.
  • Dolor al cerrar el puño, agarrar un objeto, apretar una mano o girar la manija de una puerta.
  • Sensibilidad en la parte externa del codo en la zona blanda que bordea la prominencia ósea.

La epicondilitis seguirá doliendo mientras el músculo tenga estrés. Se debe evitar realizar actividades físicas que empeoren la condición hasta que los síntomas desaparezcan. En general los síntomas normalmente deberían desaparecer una o dos semanas después de empezar el tratamiento.

 

Prevención

Puede prevenir la epicondilitis principalmente mediante una práctica deportiva hecha de manera correcta y con la adecuada técnica.

Los estiramientos y ejercicios preventivos son pieza clave en la rutina del deportista y en lo posible debes realizarlos siempre que practiques un deporte o actividad física.

Debes incluir en tu estiramiento, ejercicios de rotación interna y de rotación externa con ambos brazos.

Estira tu codo y los músculos del brazo lentamente antes y después de realizar el ejercicio.

Una de las mejores formas de prevenir la epicondilitis es mediante ejercicios de calentamiento previo a la práctica de tenis, pádel u otras actividades que involucren el uso del codo o los músculos del brazo.

Si practicas tenis o pádel, elige el equipo deportivo adecuado para ti, incluyendo una raqueta o pala con el peso suficiente para que sea estable y absorba una gran porción del impacto y lo suficientemente ligera para no sobrecargar tus músculos.

Es importante que en la práctica del tenis o el pádel, manejes tu raqueta con la técnica correcta y utilices un mango adecuado para tu mano.

Debes poner especial atención a la técnica de los golpes pues el golpe de revés suele ser una de las principales causas de epicondilitis.

Aplica hielo directamente sobre el codo después de hacer ejercicio.

 

Tratamiento y rehabilitación

Existen varias alternativas a tratar para aliviar y eliminar el dolor causado por una epicondilitis, así como la lesión misma.

En la detección temprana del dolor, se debe empezar por la crioterapia o aplicación de hielo, tras los ejercicios de  estiramientos luego de un partido o sesión de entrenamiento. Aplicarlo sobre la zona de dolor por espacio de 20 minutos con el objetivo de reducir la inflamación y aliviar el intenso dolor.

En esta etapa temprana de detección del dolor, es importante considerar el reposo para evitar el aumento del dolor o que la lesión empeore, pero ello dependerá del autoconocimiento de cada deportista.

Otra alternativa de tratamiento es con fisioterapia deportiva, la cual ha de ser practicada por un profesional cualificado para manipular a la persona afectada mediante tratamientos y técnicas como masajes, vendajes, aplicación de frío y calor localizado, ultrasonido, láser y/o punciones secas entre otros; que deberían permitir no sólo la eliminación paulatina del dolor, sino la rehabilitación de la articulación y el movimiento normal del codo.

A través de ejercicios estudiados y diseñados para la fase de la lesión en la que se encuentre la persona afectada, un preparador físico podrá ayudarle en la puesta a punto para poder continuar con el día a día y la práctica de su deporte favorito.

El uso de geles, cremas y sprays, así como el suministro de antiinflamatorios no esteroides vía oral y sin abusar de su uso, es una alternativa a considerar si existe mucha inflamación o dolor y solo bajo recomendación médica.

Como última y más drástica medida, existe la posibilidad de una cirugía, pero esta opción solamente es recomendable en casos extremos y crónicos de epicondilitis, cuando el dolor y la inflamación permanecen después de varias semanas. Deberá ser considerada por un especialista médico y en caso de que las anteriores medidas comentadas no tuvieran ningún efecto.

Más información www.fisioweb.com

¿Cómo se produce la epicondilitis?

La epicondilitis o el codo de tenista a pesar de su nombre no solo afecta a los deportistas de raqueta. A continuación te mostramos cómo se produce y la mejor forma de prevenir esta lesión.

 

epicondilitis

 

La epicondilitis que también es conocida como el codo del tenista, es una lesión que se produce por micro roturas, desgarros o distensión e inflamación de los tendones o ligamentos de la articulación del codo.

En tenistas, cada caso es específico, pero esta lesión usualmente se produce al realizar un movimiento descontrolado del brazo al golpear la pelota, por no agarrar bien la empuñadura de la raqueta o hacerlo en ángulo de la muñeca erróneo.

También puede producirse en otros deportistas, por ejercicios específicos que requieran movimientos reiterados de pronación y supinación de la mano con el codo en extensión para ejercitar los músculos tríceps o vasto externo.

Los movimientos de sacudida y de impacto sin control recibidos en la muñeca en un mal ángulo o flexo-extensión repetitiva y forzada del brazo con mucha resistencia serían ejercicios de riesgo que podrían ocasionar una lesión de epicondilitis.

Prevención de la epicondolitis

Puede prevenir esta lesión principalmente mediante una práctica deportiva hecha de manera correcta y con la adecuada técnica.

Los estiramientos y ejercicios preventivos son pieza clave en la rutina del deportista y en lo posible debes realizarlos siempre que practiques un deporte o actividad física.

Debes incluir en tu estiramiento, ejercicios de rotación interna y de rotación externa con ambos brazos.

Estira tu codo y los músculos del brazo lentamente antes y después de realizar el ejercicio.

Una de las mejores formas de prevenir la epicondilitis es mediante ejercicios de calentamiento previo a la práctica de tenis, pádel u otras actividades que involucren el uso del codo o los músculos del brazo.

Si practicas tenis o pádel, elige el equipo deportivo adecuado para ti, incluyendo una raqueta o pala con el peso suficiente para que sea estable y absorba una gran porción del impacto y lo suficientemente ligera para no sobrecargar tus músculos.

Es importante que en la práctica del tenis o el pádel, manejes tu raqueta con la técnica correcta y utilices un mango adecuado para tu mano.

Debes poner especial atención a la técnica de los golpes pues el golpe de revés suele ser una de las principales causas de epicondilitis.

Aplica hielo directamente sobre el codo después de hacer ejercicio.

 

Fuente: Sport Life

Más información sobre la epicondolitis en www.fisioweb.com

Protocolo EPTE para Tendinosis Aquilea

Protocolo EPTE para una tendinosis aquilea: aplicación en interfase superficial, profunda e intratendón, seguido de vendaje antiisquémico de McConnell.

Paciente que arrastra la lesión de hace tiempo cada vez que sale a correr. Presenta degeneración del tejido tendinoso confirmado ecográficamente. Después de 5 – 7 semanas, con la aplicación de la electrolisis y el protocolo de trabajo semanal, se forman nuevas fibras de colágeno y se produce una regeneración completa del tejido lesionado.

 

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LA CERVICALGIA EN EL PÁDEL

La zona cervical es una región anatómica formada por las siete primeras vértebras, así como su articulación con la base del cráneo. Es una zona compleja, no sólo por su implicación biomecánica, sino también por las estructuras vasculares y nerviosas que la atraviesan en dirección a la cabeza.

La cervicalgia no es una patología únicamente asociada al mundo del deporte, sino que además su incidencia es muy alta en toda la población y en el desarrollo de todas las actividades. Sin embargo, nos vamos a centrar en por qué se produce en el pádel, cómo podemos evitarlo y que hay que hacer para solucionarlo.

La columna cervical es la más sección más móvil de toda la columna, y como consecuencia, se encarga de la primera compensación en caso de una fijación de movimiento en secciones inferiores. Esta hipermovilidad compensatoria provoca una irritación articular y como consecuencia un aumento del tono muscular, apareciendo los síntomas típicos de una cervicalgia.   Pero además hay que tener en cuenta que la región cervical está íntimamente relacionada con la funcionalidad de los miembros superiores, con lo que cualquier problema en alguno de ellos puede ocasionar fijaciones articulares y sobrecargas musculares que conlleven problemas cervicales. Es por esto que hay que tener en cuenta de nuevo la importancia del gesto técnico correcto, ya que cualquier problema en este sentido también puede afectar a esta región.

En el caso del pádel, y como ocurre en todos los deportes de raqueta, existe una complicación más: la asimetría. Debido a que uno de los dos lados es el que más se desarrolla durante la actividad deportiva, pueden producirse desequilibrios musculares y articulares que acaben generando patología cervical.

Una vez desarrollado el problema, además de dolor cervical, suelen asociarse síntomas cervicogénicos como cefaleas, vértigos, dolor irradiado y/o referido a miembros superiores, parestesias o sensación de hormigueo en las manos, etc., síntomas que pueden ser muy invalidantes no sólo para la actividad deportiva, sino también para la vida diaria.

¿Cómo podemos prevenir este tipo de dolencia? Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que es una patología muy común y puede que su aparición no sea debida a nuestro deporte, sino a otras múltiples causas como actitudes posturales incorrectas, sobreesfuerzos, estrés, patología de la articulación témporo-mandibular, etc…

A partir de aquí, una adecuada postura mientras jugamos, insistiendo en un correcto gesto técnico es muy importante para protegernos de posibles compensaciones musculares, pero además como parte de nuestra rutina de entrenamientos debemos introducir ejercicios de trabajo muscular específicos para mantener miembros superiores y musculatura cervicodorsal en un estado óptimo, sin olvidarnos de reequilibrar ambos lados del cuerpo.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que hay muchos jugadores, que debido al estado de concentración durante el juego, adoptan una postura en la que mantienen los hombros elevados, lo que induce a los trapecios y otros músculos cervicales a una contracción constante que puede dar lugar a los síntomas descritos.

En caso de comenzar a sentir los síntomas propios de una cervicalgia, o como medida de precaución, es recomendable recibir paulatinamente tratamiento de fisioterapia con masaje descontracturante, estiramientos musculotendinosos, calor local y todo lo que el fisioterapeuta crea conveniente.

Ciertas molestias cervicales tienen buena resolución pero si dejamos que evolucione puede acarrearnos problemas mucho más serios y más complicados de solucionar.

 

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PATOLOGÍA DE LOS MÚSCULOS PERONEOS LATERALES

La patología directa sobre los músculos peroneos laterales no se produce con demasiada frecuencia, sin embargo su incidencia como lesión asociada a otras patologías tiene mucha importancia.

Anatomía y biomecánica

Para poder identificar la lesión y comprender cómo se produce debemos tener algún conocimiento previo sobre su anatomía y su función.

Los músculos peroneos laterales, que ocupan la región anteroexterna de la pierna, son dos: peroneo lateral corto, más profundo y pegado al peroné, y peroneo lateral largo, que cubre al corto.

Desde su origen ambos peroneos descienden por el lateral de la pierna hasta transformarse en sendos tendones que pasan por detrás del maléolo lateral (saliente óseo a la altura del tobillo) para dirigirse hacia sus inserciones: en la cola del quinto metatarsiano el corto y en la cara plantar de la cabeza del segundo metatarsiano el largo.

La función esencial del peroneo lateral corto es la abducción del pie, es decir llevar el pie hacia fuera, y la del largo es la abducción, la flexión plantar y la pronación del pie, siendo un importante estabilizador del arco interno del mismo.

Desde el punto de vista biomecánico y relacionándolo con el running, el peroneo lateral largo colabora junto con los gemelos, el sóleo, el tibial posterior y los flexores de los dedos para hacer el despegue del pie e impulsarnos en cada zancada, aunque su función más importante es proporcionar estabilidad a la articulación del tobillo y al arco interno del pie.

Manifestaciones clínicas.

Existen diferentes patologías relacionadas directa o indirectamente con los músculos peroneos laterales, pero en todos los casos la sintomatología más característica es común a todos ellos: dolor retromaleolar, tumefacción y crepitación.

Antes de asociar la patología directamente con la práctica del running debemos aclarar distintos tipos de trastornos que pueden aumentar su incidencia, sin ser por ello causa propia de la actividad deportiva.

-Variación anatómica del “peroneus quartus”. En un 20% de individuos se ha descrito un cuarto músculo peroneo. Esta variación anatómica se denomina peroneus quartus y puede provocar un conflicto de espacio en la región más distal del peroné, justo antes de pasar por detrás del maléolo lateral.
A este nivel los tendones de los peroneos laterales largo y corto están comprimidos entre el hueso y un sistema ligamentario que los mantiene en esa posición y que se denomina retináculo superior. Podemos comprender que en un espacio tan reducido y ya de por sí comprometido, la presencia de otra estructura puede provocar alguna disfunción.

-Anomalía del “os peroneum”. El tendón del peroneo lateral largo cuando se acoda al pasar por debajo de la planta del pie, a la altura del canal que forma el hueso cuboides, puede sufrir una osificación, lo que puede originar dolor en dicho punto y también la aparición de los síntomas descritos por una alteración de la función.

-Inestabilidad crónica por esguince del LLE. Un esguince grave del ligamento lateral externo (LLE) del tobillo o la repetición de varios puede ocasionar una inestabilidad en la articulación debido a los daños sufridos en los diferentes haces de dicho ligamento. Además en muchas ocasiones se produce una rotura del retináculo superior de los peroneos, que mantiene pegado los tendones al surco retromaleolar. Si esto ocurre pueden producirse luxaciones recidivantes de los tendones que aumenten más aún la inestabilidad externa del tobillo, lo que genera la aparición de los síntomas descritos anteriormente.

-Rotura por sobreestiramiento. En el mecanismo lesional del esguince del LLE los músculos peroneos sufren un máximo estiramiento, lo que puede provocar su lesión; pero además, de forma automática y para estabilizar el pie y evitar lesionarnos, suele producirse una contracción brusca de dichos músculos. Esa contracción en ocasiones es tan fuerte que puede provocar una fractura por avulsión (arrancamiento de un fragmento óseo) de los puntos de inserción de los tendones: es muy común la avulsión de la cola del quinto metatarsiano, punto en el que se inserta el tendón del peroneo lateral corto.

Estas son las patologías más importantes relacionadas directamente con los tendones peroneos y podemos clasificarlas como lesiones primarias. Sin embargo, en relación con el atletismo, la patología de los tendones de los peroneos suele aparecer como lesiones secundarias a otra lesión o trastorno.

En estos casos la manifestación clínica más común es la tendinitis aguda, en la que se produce la inflamación de uno o de los dos tendones, lo que provocan los síntomas descritos. El mayor problema es que ambos tendones utilizan la misma vaina fibrosa que los envuelve, de manera que en zonas más estrechas, como en la región retromaleolar, la inflamación de una de las estructuras provoca un atrapamiento que impide que ambos tendones se deslicen adecuadamente durante el movimiento del pie.

Siempre que tenemos una lesión nuestro cuerpo intenta proteger la zona mediante compensaciones musculares o mediante modificación de posturas y gestos. En el caso del pie, además de una posible lesión inicial hay que prestar atención a alteraciones de la estática (pie plano, pie cavo, hiperpronación…), ya que se suelen cambiar las cargas o modificar el paso durante la marcha, y ahí es donde los peroneos suelen sufrir lesiones secundarias a una lesión inicial. Esa adaptación de las cargas o de los movimientos provoca un mayor estrés en los músculos y tendones peroneos llegando a producir la inflamación y todos los síntomas descritos.

Tratamiento.

En cuanto a cómo tratar estas patologías todo depende de cuál sea la causa y se debe analizar cada caso personalmente para ver qué tipo de tratamiento se debe llevar a cabo, siendo la cirugía muy adecuada en los casos de peroneus quartus, os peroneum o rotura del retináculo superior; sin embargo en el caso de las tendinitis agudas se puede hacer un tratamiento más conservador, basado en medidas antiinflamatorias y en fisioterapia.

Una vez diagnosticada la tendinitis el tratamiento inicial consistirá en reposo deportivo, aplicación de hielo local y la utilización de electroterapia regenerativa como los campos magnéticos y el ultrasonido, y si es posible, visitar al médico para que nos recomiende algún fármaco antiinflamatorio. Una vez reducida la inflamación el fisioterapeuta planificará un tratamiento acorde a la evolución de la patología y una progresiva vuelta al entrenamiento cuando lo considere oportuno.

El mayor problema de una tendinitis es que si no se le da la importancia debida se puede convertir en una tendinosis, donde ya no existe una inflamación de las estructuras dañadas y ya no se trata de una fase inicial o aguda de la lesión. Una tendinosis es una lesión crónica del tendón en la que éste sufre una degeneración del tejido que puede provocar dolor crónico y dificultar la actividad deportiva de forma permanente.

A veces cuesta mucho dejar de practicar nuestra actividad deportiva por una ligera molestia o por lesiones “poco importantes”, pero no hacerlo puede suponer, no sólo que dicho problema empeore sino también la aparición de patologías secundarias. Las tendinitis de los músculos peroneos suelen aparecer en estos casos y su resolución a veces es más complicada que la lesión inicial.

Alberto Marquina Rodríguez
Fisioterapeuta.
Colegiado nº 2.973

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Fascitis Plantar

La fascia plantar es una estructura aponeurótica que recubre la musculatura de la región plantar del pie y que tiene una importante función durante la marcha, colaborando en el mantenimiento del arco plantar. Mientras caminamos, el apoyo del talón contra el suelo provoca que la fascia plantar se estire y alcance la tensión necesaria para que, cuando terminemos de apoyar todo el pie, el choque suelo-pie no sea tan brusco. Podríamos hablar de una amortiguación natural que llevan a cabo nuestros pies, a través de su estructura anatómica, para reducir al máximo el impacto.

Si tenemos en cuenta que mientras corremos el impacto contra el suelo es mayor que cuando caminamos, podemos entender que la lesión de esta estructura sea más significativa en corredores habituales. Es lo que se conoce como fascitis plantar.La fascitis plantar es una inflamación de dicha fascia que genera una retracción o acortamiento de la misma y cursa con dolor en la planta del pie, más localizado normalmente en la zona de inserción de su haz fibroso, es decir, en la parte anterior e inferior del hueso calcáneo (hueso que forma el talón). El dolor suele ser más intenso cuando se camina en exceso, o también por la mañana en los primeros apoyos después de levantarse de la cama.

Causas

Las causas por las que aparece este tipo de lesión son muchas y es muy importante identificar qué es lo que nos está provocando el problema para poder solucionarlo. De ellas, las más comunes son: cambio de calzado o uso de calzado incorrecto (con poca amortiguación o pisada incorrecta); uso excesivo de chanclas o calzado similar que no tenga sujeción posterior; alteración de la estática y/o dinámica del pie acaecida por cualquier tipo de lesión anterior o situación que nos obligue a caminar y a apoyar el pie de manera distinta a la fisiológica; cambio de tipo de entrenamiento o cambio de superficie sobre la que se lleva a cabo (generalmente cuanto más duro es un terreno más posibilidades hay de que aparezca la lesión).

En la mayoría de los casos el problema se produce por una sobrecarga excesiva de los gemelos que provoca un exceso de pronación de los pies, lo que a su vez nos conduce a un estiramiento prolongado de la fascia plantar y a una ineficacia en la capacidad de amortiguación. De manera que cuando hablamos de una fascitis plantar nunca podemos dejar de lado a los gemelos y al músculo soleo (tríceps sural).

Siempre se dice que es muy importante que en todo deporte el gesto deportivo sea correcto, lo más técnico posible. El hecho de que para practicar running no haga falta nada más que unas zapatillas y ropa deportiva no implica que cuando lo practiquemos, cualquiera que sea el nivel, debamos hacerlo incorrectamente. Cuando los corredores somos “muy populares”, como el que firma este artículo, podemos caer en el error de correr forzando mucho los gemelos, ya que viciamos nuestro gesto deportivo levantando muy poco las rodillas. Esto genera una sobrecarga del tríceps sural generando lesiones como la fascitis plantar, entre otras.

El hecho de levantar las rodillas hace que demos más implicación al cuádriceps y esto hace que la zancada sea mucho más limpia, dando más tiempo a que el pie que lanzamos hacia delante se prepare para apoyar adecuadamente el talón y así la amortiguación del pie se lleve a cabo correctamente. El único problema es que este gesto implica un mayor gasto cardiovascular y por eso a los corredores “más populares” nos cuesta tanto hacer una zancada más técnica. Pero hay que mejorarlo y entrenarlo para avanzar técnicamente y para evitar lesiones.

Prevención y tratamiento.

Para prevenir una fascitis plantar debemos conocer cómo es la estática y la dinámica de nuestros pies, utilizar el calzado adecuado, usar plantillas si es preciso, cuidar el terreno sobre el que entrenamos, adecuarnos paulatinamente a los cambios de entrenamiento, vigilar y mejorar nuestra técnica y mantener los gemelos en un buen estado.

Si a pesar de todo el empeño comienza a aparecer dolor en la planta del pie, una visita a un fisioterapeuta puede ayudar a identificar la lesión de forma temprana, lo que es muy importante, ya que esta lesión tiende a cronificarse y producir otro tipo de problemas que pueden mantenernos mucho tiempo en el “dique seco” (espolón calcáneo).

Una vez instaurada una fascitis plantar lo primero que cualquier fisioterapeuta os va a recomendar es reposo deportivo, y os puedo asegurar que si no se lleva a cabo las opciones de una adecuada recuperación disminuyen considerablemente. A continuación hay que identificar qué es lo que provoca la lesión, y partir de ahí, sesiones de masaje y estiramientos tanto de la fascia plantar como de los gemelos y del soleo, junto con ultrasonido, termoterapia, crioterapia en caso de inflamación aguda, electroterapia analgésica y en casos recidivantes o más complejos el uso de vendajes funcionales o vendajes neuromusculares (kinesio taping) puede resultar adecuado.

La fascitis plantar es una de las lesiones más comunes entre los corredores habituales, por tanto es importante que, una vez conocido más a fondo el problema, podamos prevenirlo y evitarlo, pero en el caso de que comencemos con los síntomas hay que tratarlo lo antes posible. Y más vale unas semanas de reposo deportivo “voluntario” que unos meses de parón “obligado”.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta.

Colegiado nº 2.973

 

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ESGUINCE DE TOBILLO (I) – CAUSAS

Después de las lesiones musculares el esguince de tobillo es la lesión deportiva más frecuente. Es común a todas las modalidades de deporte de carrera, pero más frecuentes en los que exigen saltos con caída sobre un solo pie: fútbol, baloncesto, balonmano, voley, carreras (vallas, cross), saltos de longitud, triple salto o salto de altura. Por supuesto entre los corredores populares tiene una gran incidencia.

Si bien la mayor parte de los traumatismos de tobillo son simples torceduras, y por tanto son sólo ligeras distensiones de los ligamentos laterales, pueden dañarse muchas otras estructuras. Un diagnóstico y tratamiento incorrectos causan una morbilidad considerable. Un tobillo dolorido e inestable, en forma crónica, puede conducir a una discapacidad importante y eventualmente a la artrosis. Por esta razón, debe evaluarse cuidadosamente este tipo de daño e incluir una detallada historia clínica y un examen físico y por imágenes apropiados. Una vez realizado ésto, se puede hacer un diagnóstico exacto e instaurar el tratamiento adecuado.

En el 90 por ciento de los casos los ligamentos afectados son los ligamentos laterales externos ( peroneoastragalino anterior, peroneocalcaneo y peroneoastragalino posterior). Y el 10 por ciento restante el afectado es el ligamento lateral interno ( deltoideo). En este caso vamos a describir aquellos que se presentan con mayor frecuencia, el esguince de LLE.

MECANISMO DE PRODUCCIÓN
El esguince es una lesión que puede ser completa o incompleta, según afecte al aparato cápsulo-ligamentario. Se trata de una lesión provocada por un movimiento forzado, por lo general se produce una torsión con el pie en varo y supinación, sufriendo el pie una inversión forzada que provoca una mayor o menor tensión del ligamento lateral externo. Esta lesión activa una reacción inflamatoria con ruptura en mayor o menor grado de vasos capilares y de la inervación local que puede determinar por vía refleja fenómenos vaso motores amiotróficos y sensitivos que alargan la evolución de esta patología aun después de su cicatrización.

CLASIFICACIÓN DEL ESGUINCE DE TOBILLO

La intensidad del cuadro va a depender del grado de distensión del ligamento, o si se produjo su rotura parcial o total, y de ahí también derivará su clasificación:

ESGUINCE GRADO I
Se produce un «estiramiento», una distensión del ligamento afecto, habitualmente el PAA, no existe laxitud articular asociada. Se produce la rotura de menos del 5% de las fibras.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

– Ausencia de inflamación inmediata

– Dolor moderado

– Estabilidad del astrágalo en la mortaja peroneo astagalina
– Capacidad de apoyo del pie y caminar
– Elongación de los ligamentos

ESGUINCE GRADO II

Se produce la rotura parcial del ligamento, aparece dolor moderado acompañado de una inestabilidad articular leve. Los signos y síntomas son más evidentes. Se ha producido la rotura del 40%-50% de las fibras. La exploración puede revelar un cajón anterior y/o una inversión forzada positivos.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

– Inflamación con equimosis precoz

– Dolor agudo a la puesta en tensión de los ligamentos
– Signos radiográficos de inestabilidad
– Incapacidad funcional: o no se puede realizar el apoyo o se realiza cojeando
– Rotura ligamentosa parcial

ESGUINCE GRADO III
Existe una laxitud articular manifiesta, rotura completa del ligamento. Las maniobras exploratorias son positivas.Como signos y síntomas principales vamos a encontrar:

– Percepción de crujido en el momento de la lesión

– Inflamación inmediata y tumefacción
– Sensación de inestabilidad
– No se puede caminar ni cargar
– Signos radiográficos de inestabilidad astragalina
– Rotura completa de varios ligamentos

 

Isabel García García

Fisioterapeuta

Nº Colegiado: 4.618

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LA LUMBALGIA EN EL PÁDEL

La región lumbar se corresponde con el tercio inferior de la espalda si tomamos ésta desde el cuello hasta el comienzo de las nalgas, y todos hemos sufrido dolor en dicha zona en algún momento de nuestra vida. Es una molestia muy común ya que se trata de un “punto débil” dentro de nuestra estructura anatómica, y antropológicamente hablando “es el precio que debemos pagar por pasar de cuadrúpedos a bípedos”.

La lumbalgia no sólo es una patología asociada a múltiples deportes, sino que además su incidencia es muy alta en toda la población y en el desarrollo de todas las actividades. Sin embargo, nos vamos a centrar en por qué se produce en el pádel, cómo podemos evitarlo y que hay que hacer para solucionarlo.

Antes de nada vamos a conocer algo más de esta zona anatómica desde un punto de vista estructural y funcional.

La columna vertebral es la encargada de estabilizar verticalmente las desviaciones horizontales que sufre la pelvis en cada movimiento con un único objetivo: la alineación de nuestros ojos para que siempre mantengamos la vista horizontal, independientemente de la actividad, la inclinación del suelo, etc.

La columna tiene una actividad muy intensa a nivel muscular y articular para llevar a cabo compensaciones cuando no estamos en una postura estática y erecta. Es decir, en el momento en el que caminamos, corremos, saltamos……y jugamos al pádel, nuestra columna no deja de trabajar, y por lo tanto puede sufrir estrés articular, sobrecargas y lesiones, las cuales pueden darse en todas sus estructuras (músculos, tendones, ligamentos, discos intervertebrales, articulaciones, etc.).

La zona lumbar es el primer segmento de la columna vertebral y el que inicia dicha compensación; además soporta el peso del resto de columna y de la cabeza. Pero además hay otra variante más, ya que todo esto se aprecia desde un plano frontal (visto desde atrás o desde delante), pero si vemos la columna desde un plano sagital (vista de lado), se observa que hay una serie de curvaturas que sirven para darle una mayor resistencia. En la zona lumbar esta curvatura se conoce como lordosis lumbar y es una curva cóncava si la vemos desde atrás. Una lordosis poco pronunciada o muy pronunciada puede provocar distintas patologías, y aunque existe un componente genético en cada persona, el trabajo de las musculaturas abdominal y lumbar puede ayudarnos mucho a corregirlo o al menos a evitar ciertos problemas.

El pádel, como cualquier deporte de raqueta, es asimétrico, es decir, siempre se trabaja más un lado, ya que la pala la jugamos siempre con el mismo brazo, de manera que si no tonificamos todo el cuerpo en su conjunto, la descompensación puede ocasionar dolores y aumentar la incidencia de ciertas lesiones.

En el pádel hay dos jugadas que suelen provocar problemas lumbares siempre que no trabajemos correctamente la técnica adecuada: jugar la bola con la pared y jugar bolas bajas.

Cuando jugamos con la pared colocamos nuestro cuerpo en la posición correcta para recibir la bola y devolverla en las mejores condiciones posibles. Un jugador profesional depura tanto su técnica que es capaz de anticiparse y colocar las piernas de tal forma, que al girarse la espalda prácticamente no se torsiona. En los jugadores amateur se abusa de los giros de tronco desde la columna lumbar, lo que provoca un cizallamiento constante de los discos intervertebrales, que se irritan e inflaman, generando dolor articular, lo que lleva a nuestro cuerpo a intentar protegerse contrayendo más la musculatura lumbar y ocasionando sobrecargas y contracturas.

Al recibir bolas a baja altura, la técnica correcta sería bajar nuestro centro de gravedad flexionando las piernas, pero eso supone entrenar a fondo la técnica y trabajar la musculatura de los miembros inferiores, sobre todo de cuádriceps y glúteos). A nivel amateur nos es mucho más cómodo y casi automático flexionar la espalda hacia delante, pero eso hace que la musculatura lumbar tenga que trabajar a conciencia cada vez que queremos recuperar la postura erguida, ocasionando también contracturas y distintos dolores lumbares.

Es evidente que la mejor manera de luchar contra la lumbalgia es prevenirla cuidando todos estos gestos, entrenando la técnica correcta y tonificando musculaturas lumbar y abdominal. No obstante, esta zona también puede trabajarse de forma habitual con masajes, estiramientos, manipulaciones y demás técnicas de fisioterapia para ayudarnos no sólo cuando se ha instaurado la patología, sino también para prevenirla.

Recuerda: cuando juegues al pádel no olvides cuidar tu zona lumbar. Puedes empezar recogiendo las bolas del suelo doblando las rodillas y no flexionando la columna, y verás como poco a poco vas automatizando movimientos que protegerán tu espalda.

Alberto Marquina Rodriguez

Fisioterapeuta

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EPICONDILITIS I: QUÉ ES Y POR QUÉ SE PRODUCE

¿Quién no ha oído hablar del famoso “codo de tenista”? Incluso quien no practica deportes de raqueta. En este artículo vamos a tratar de explicar qué es exactamente una epicondilitis o “codo de tenista”, qué estructuras están implicadas en dicho proceso y por qué puede aparecer sobre todo en el mundo de la raqueta, y más concretamente en el pádel.

La palabra epicondilitis viene de una estructura anatómica localizada en el codo que se denomina epicóndilo y del sufijo –itis que significa inflamación. Podemos hablar de epicóndilo lateral o epicóndilo medial (también conocido por epitróclea), y en ambas zonas podemos sufrir lesiones muy parecidas aunque con connotaciones diferentes.

El epicóndilo lateral sirve de anclaje para la musculatura epicondílea, que son básicamente los músculos responsables de la extensión de la muñeca y dedos, y de la supinación del antebrazo. El movimiento de supinación es el que, manteniendo el codo en flexión de 90º, lleva la palma de la mano hacia arriba.

Estos músculos parten de tendones insertados en el epicóndilo y forman una masa muscular palpable que, según se acerca a la muñeca, se va transformando en un tejido conjuntivo en forma de tendones, cuya inserción se encontrará en distintas estructuras anatómicas de la mano.

Esta musculatura es muy importante en los movimientos que se imprimen en el pádel y, en general, en todas aquellas actividades en las que se empuña algo con fuerza.

SINTOMAS

La epicondilitis es una entesitis, es decir, una tendinitis de la porción del tendón que se inserta en el hueso, y cursa con inflamación local, tumefacción, crepitación, dolor agudo e insidioso a la palpación, a la contracción y al estiramiento. El dolor puede irradiarse hacia la parte externa del antebrazo y puede provocar pérdida de fuerza prensil en la mano. En una fase temprana, el dolor se instaura al inicio del ejercicio y poco a poco va desapareciendo, hasta que vuelve durante el reposo posterior. En una fase aguda el dolor está presente constantemente y se acentúa con el movimiento; es la fase más incapacitante y no nos permite continuar con nuestra actividad.

El dolor se localiza de una manera muy puntual en el mismo hueso, y aparece la duda de que el hueso esté dañado o no. El tendón, cuando se inserta en el hueso, lo hace a través de una película que recubre el hueso y que se llama periostio; éste se irrita, se inflama y produce ese dolor óseo tan característico. Normalmente acudimos al médico o al fisioterapeuta cuando estamos en esta fase aguda, porque es cuando va apareciendo el dolor más intenso.

Existe una fase previa por la que todos los jugadores pasan muy a menudo y que, si no se le presta atención, puede evolucionar en una epicondilitis. Antes de que la región del epicóndilo comience a presentar síntomas de inflamación, suele aparecer una sobrecarga de la musculatura correspondiente debido a múltiples causas. Si prevenimos estas sobrecargas y cuidamos su evolución podemos disminuir bastante la probabilidad de sufrir esta patología.

El proceso patológico, como en cualquier tendinitis, puede evolucionar a una fase crónica y convertirse en una epicondilosis, donde ya no existen signos inflamatorios y sí un proceso degenerativo crónico del tendón, que puede llevar al deportista incluso a abandonar la competición.

CAUSAS

Aunque esta lesión puede venir provocada por un traumatismo directo sobre la zona, la mayoría de los casos tienen relación con movimientos de repetición relacionados con la actividad deportiva o también con la actividad laboral.

Las causas más importantes tienen relación con el gesto deportivo, con lo que un trabajo de entrenamiento y adiestramiento de cada uno de los movimientos implicados en la actividad es fundamental para prevenir la lesión.

El movimiento de revés es el que más implicación tiene, ya que partimos de una posición en la que el codo, la muñeca y los dedos están en flexión (éstos últimos haciendo prensa sobre la pala), y en esta postura la musculatura epicondílea se encuentra en máximo estiramiento. En el momento del golpeo de la bola se produce una contracción muy brusca y rápida de dicha musculatura y la repetición de este movimiento bola tras bola y día tras día facilita la aparición del problema, sobre todo si el gesto deportivo no es el más correcto.

Pero también tienen una gran implicación en el proceso los materiales con los que trabajamos en el desarrollo de la actividad deportiva, y su influencia puede ser muy importante:

Una pala inadecuada para nuestro nivel, altura, peso, constitución, etc.

Un reciente cambio de pala.

Una empuñadura demasiado gruesa o demasiado fina.

La colocación incorrecta del grip de la empuñadura.

Una bola inadecuada o en condiciones diferentes a las que estamos acostumbrados (lluvia, frío intenso).

Cambios recientes en los tipos de entrenamiento.

Y definitiva, cualquier cosa que pueda hacer variar nuestras sensaciones normales durante el golpeo de la bola y que nos haga variar la calidad de nuestro gesto deportivo.

Comentábamos previamente que la repetición de movimientos es la causa más importante en estos procesos, con lo que hay que tener en cuenta que aunque todo el material que utilicemos sea el correcto, nuestro gesto deportivo sea perfecto y todas las condiciones requeridas sean idóneas, durante la actividad estamos constantemente repitiendo una serie de movimientos, y que dicha repetición por sí misma provoca tensiones y sobrecargas que si no prestamos atención pueden derivar en este tipo de patologías.

En el próximo número veremos cómo prevenir este tipo de patología y qué es lo que la fisioterapia puede ofrecer tanto para dicha prevención como para el tratamiento.

Alberto Marquina Rodríguez

Fisioterapeuta

Col. nº 2.973

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EPICONDILITIS II: PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

En el artículo anterior pudimos conocer qué es una epicondilitis, cómo se comporta en relación al pádel y qué causas lo produce.

En resumen, lo que tiene que quedar claro es que, salvo trauma previo sobre la zona, se trata de una lesión que tiene que ver con pequeños microtraumatismos producidos por la repetición de movimientos relacionados con el gesto deportivo, y que incluso tomando todas las precauciones posibles y teniendo una técnica perfecta, el hecho de repetir los mismos movimientos puede ocasionar molestias que siempre hay que vigilar.

Prevención

Primero echemos un vistazo a nuestro equipamiento, ya que no sólo se trata de coger una pala de pádel cualquiera, un compañero de juego y una pista para jugar. La pala debe ser la adecuada a nuestro nivel técnico y a nuestra complexión física, y no sólo eso, debemos hacerla nuestra y sentirla como una prolongación de nuestro brazo. Una pala más o menos pesada de lo debido disminuirá nuestro rendimiento y puede originarnos lesiones. Siempre es bueno pedir consejo a algún experto que nos pueda orientar.

Normalmente, cuando empezamos a jugar al pádel, lo hacemos por nuestra cuenta hasta que poco a poco se va convirtiendo en una “adicción” (siempre positiva). Lo lógico es que todos podamos cometer más o menos fallos técnicos y si nadie nos corrige podemos automatizar ciertos movimientos que a medio o largo plazo puedan lesionarnos. Por eso, llegado el momento, deberíamos tomar algunas clases con técnicos especializados para saber si lo estamos haciendo bien, mejorar nuestra técnica y, por qué no, también ganar en destreza.

Un error inicial muy común y que puede ocasionar diferentes lesiones como epicondilitis o epitrocleitis es coger la pala con excesiva fuerza debido a la tensión, los nervios, la imprecisión de la técnica, etc. Una fuerza prensil excesiva aumentará el tono muscular de la musculatura flexora y también de la extensora, lo que a la larga podría poner en marcha la fisiopatología de las lesiones descritas. El uso del grip de la empuñadura es muy importante en relación a la presión que podemos hacer, ya que un buen ajuste de la palma de la mano con la pala es fundamental en la “relación” que tendremos con ella durante su manejo. Igual que en la técnica, un experto nos podrá orientar tanto en grosor como en la colocación del grip.

Tratamiento preventivo

Ya tenemos contralado todo lo relacionado con el equipamiento y también comenzamos con algunas clases para mejorar nuestra técnica y corregir los posibles errores, de manera que en teoría todo lo hacemos bien y no hay motivos para sufrir una epicondilitis. Sea esto cierto o no, es muy normal que el ritmo de entrenamientos, partidos, los cambios en las condiciones de la pista, bola, etc, nos pueden originar sobrecargas y molestias que a medio plazo ocasionen ésta u otra lesión.

Como una rutina más dentro de nuestra preparación (técnica, entrenos, nutrición…) deberíamos incorporar un control fisioterápico para advertir a tiempo esas sensaciones que puedan ir apareciendo y así evitar que vayan a más. Eso, junto con una rutina de ejercicios y estiramientos será suficiente para tener nuestro antebrazo en forma.

Veamos unos ejemplos:

Trabajo muscular para los músculos epicondíleos o extensores de la muñeca con cintas elásticas de resistencia progresiva o con mancuerna. Con una resistencia que podamos controlar y apoyando el antebrazo completamente, colocamos la mano con la palma hacia abajo y abrazamos la cinta o mancuerna cerrando el puño. El movimiento se realiza de abajo a arriba contrarresistencia.

También se puede trabajar la musculatura epitroclear o flexora de la muñeca de la misma manera pero con la palma de la mano hacia arriba, sin embargo, normalmente existe una descompensación fisiológica entre la fuerza basal de la musculatura flexora y la extensora, siendo la primera más fuerte. Antes de trabajar esta musculatura sería recomendable consultar con tu fisioterapeuta.

Estos ejercicios de potenciación muscular sólo deben hacerse como trabajo preventivo para tonificarlos, pero nunca cuando hay molestias o dolor si el fisioterapeuta no lo ha pautado previamente.

Autoestiramiento de musculatura epicondílea o extensora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

Autoestiramiento de musculatura epitroclear o flexora de la muñeca. Estiramiento mantenido durante al menos 20 segundos sintiendo tensión pero nunca dolor y sin hacer rebotes.

Tratamiento

Hemos tomado previamente todas las medidas descritas y además estamos haciendo un tratamiento preventivo, pero aún así comenzamos a sufrir los síntomas descritos en el artículo anterior. Es el momento de consultar con un fisioterapeuta para que haga una exploración, una valoración, planifique un tratamiento y lo ponga en marcha. Cuidado con los llamados “pseduoprofesionales”, y recuerda que el fisioterapeuta es un profesional sanitario y como tal está legalmente capacitado para tratar estas dolencias.

El tratamiento se planificará en función de la fase en la que se encuentre la lesión. Si sólo se trata de una fase temprana que cursa con sobrecarga muscular y ligeras molestias, unas sesiones de masaje, estiramientos y termoterapia serían suficientes.

En el caso de una fase más aguda el tratamiento será más especializado: dirigido a aliviar el dolor y reducir la inflamación (en este caso se puede consultar con el médico para apoyar el tratamiento con antiinflamatorios). El fisioterapeuta utilizará diversas técnicas manuales, así como electroterapia, e irá adaptando el tratamiento en función de la evolución del paciente.

Actualmente está muy de moda utilizar técnicas de vendaje neuromuscular o kinesiotaping, que son esas tiras adhesivas de diversos colores que llevan muchos deportistas famosos y que, aunque muy eficaces en estos casos según la fase evolutiva de la sesión, no se colocan como un esparadrapo normal y corriente, ya que no son simplemente unas tiras que se ponen sobre la piel. La compleja técnica de trabajo basada en estos vendajes tiene su origen en Japón, y es necesario conocer cómo funciona y cómo debe colocarse.

Que nosotros mismos coloquemos tal cual una tira no sirve absolutamente para nada, e incluso podríamos llegar a agravar la lesión. Será el fisioterapeuta el que colocará el vendaje en función su conocimiento sobre la lesión y sobre la técnica.

Existe una fase crónica que se alcanza si el diagnóstico es muy tardío o el tratamiento inadecuado: epicondilosis. Este tipo de lesión es una evolución de la fase aguda que cursa con trastornos degenerativos del tendón y que presenta una problemática mayor. Además del trabajo de fisioterapia será necesario consultar con un traumatólogo para que valorar el alcance de la patología.

Ya sabemos qué es una epicondilitis y cómo actuar tanto para prevenirlo como para tratarlo en el caso de que se presente. Ahora sólo es necesario concienciarse de que un simple problema puede convertirse en una lesión que no nos permita disfrutar de nuestro deporte, ni desarrollar correctamente la funcionalidad del brazo en nuestra vida diaria.

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ESGUINCE DE TOBILLO (II) – TRATAMIENTOS

Se aplicará en el momento con independencia de la gravedad del mismo. Se trata de las primeras medidas a adoptar tras el mecanismo de lesión. Debemos inmediatamente retirarnos de la competición o entrenamiento y comenzaremos con la aplicación de la técnica CRICER durante al menos 30 minutos.
CRI: crioterapia (hielo)
C: compresión
E: elevación
R: reposo

Después de este tratamiento de urgencia tendremos que diagnosticar el grado del esguince y realizar un tratamiento adecuado a cada caso. La fisioterapia es el gran aliado de este tipo de lesiones, pues además de favorecer una correcta evolución de la lesión, trata la misma desde todos los aspectos para la vuelta a la actividad.

TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO I

– Frio durante 15 minutos 2 veces al día
– Técnica de CYRIAX (masaje transverso profundo)
– Ultrasonido
– Tens
– Reeducación propioceptiva
– Reeducacion del gesto deportivo.

TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO II

– Frio durante 15 minutos 3 veces al día
– Descarga muscular del miembro afectado.
– Drenaje linfático manual para luchar contra el edema
– Técnica de CYRIAX
– Ultrasonido
– Iontoforosis
– Reeducación propioceptiva
– Ejercicios de fortalecimiento de los peroneos
– Ejercicios de marcha en terreno llano
– Ejercicios de precompetición y entrenamiento normal

TRATAMIENTO Fisioterápico DEL ESGUINCE GRADO III

Existen 2 opciones: Botín de yeso o férula de 5 a 6 semanas y Reparación quirúrgica de la lesión. Posterior tratamiento rehabilitador, similar al esguince Grado II.

FASE DE VUELTA AL ENTRENAMIENTO

Para volver a practicar deportes, generalmente se recomienda que la inflamación o el dolor no existan o sean mínimos y que puedan realizarse saltos hacia delante o hacia los lados sobre el tobillo lesionado sin sentir dolor ni inestabilidad. En los esguinces más graves es adecuado proteger el tobillo con una tobillera o una ortesis para disminuir las opciones de nuevos episodios de esguince hasta que los ejercicios propioceptivos y la recuperación esté más avanzada.

Una secuencia factible tras un esguince de tobillo podría ser:

– Calentamiento
– Carrera sobre terreno regular e irregular
– Saltos sobre ambos pies
– Saltos sobre 1 pie
– Cambios de dirección
– Aceleraciones y cambios de ritmo

PREVENCIÓN DEL ESGUINCE

Es vital para evitar una lesión de este tipo llevar a cabo las siguientes acciones, también en el caso de un esguince previo, donde evitaremos las posteriores recidivas.

– Trabajo de potenciación de peroneos
– Estiramientos del tendón de Aquiles
– Calzado apropiado
– Plantillas correctoras de anomalias del pie
– Calentamiento adecuado
– Vendaje funcional

COMPLICACIONES DEL ESGUINCE DE TOBILLO

La mayoria de ellas son debidas a un incorrecto diagnóstico inicial y/o incorrecto tratamiento. Podemos encontrar patologías como: Inestabilidad crónica ,“tobillo debil”, esguinces recidivantes, dolor persistente y continuo, linfedema residual perimaleolar, síndrome del seno del tarso…

Recordad siempre que tras la lesión y el diagnóstico correcto, es un Diplomado Universitario en Fisioterapia quien debe realizar el tratamiento rehabilitador, aplicando todas las técnicas necesarias manuales e instrumentales, así como guiará al deportista para retomar su actividad deportiva de un modo adecuado.

Isabel García García
Fisioterapeuta.
Nº Colegiado: 4.618

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Rotura del Tendón de Aquiles.

La rotura del tendón de Aquiles se puede prevenir, el principal desencadenante de una rotura del tendón de Aquiles son los procesos de desgaste dentro del tendón así como una condición física deficiente.
Es importante evitar cargas rápidas, repentinas y grandes, porque a menudo conducen a la rotura. Es recomendable hacer una fase cuidadosa de calentamiento y aumentar la actividad física progresivamente.

Es muy importante realizar tratamientos de Fisoterapia para evitar los procesos de desgaste del tendón.

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Hombro de Tenista

En la mayoría de los casos esta lesión va a producir dolor, originado sobre todo con el movimiento brusco y fuerte por encima de la cabeza, sobre todo en el saque y en el “smash”. En la mayoría de los casos se debe a lesiones intraarticulares del hombro.

Conforme se van cumpliendo años puede ocasionarse el dolor por roce o pinzamiento del tendón del supraespinoso con el acromion.

El cuadro también puede presentarse por la sensación de tener el brazo muerto, dormido o con menos movilidad después de un entrenamiento o un partido. En la mayoría de los casos esto esta producido por un desequilibrio entre la elasticidad de la cápsula posterior y anterior del hombro debido al exceso de rotación externa que se produce sobretodo en el saque.

En raras ocasiones se puede producir una luxación.

El tratamiento de Fsioterapia esta indicado en esta lesión, pudiendo mejorar considerablemente los sintomas y recuperando definitivamente la lesión.

En Fisiosalud+ disponemos de los mejores fisioterapeutas deportivos, consultanos.